¿Qué pasa con los niños luego de que dejan los hornos de ladrillos?

Esta es la pregunta que se hace un miembro de la comunidad boliviana al consultarle su opinión respecto de las multas impuestas por el Gobierno de Mendoza a los dueños de los hornos en los que trabajan familias enteras.

Mediamza.com publicó una nota el día 12 de enero, en la que señalaba que “el Gobierno de Mendoza multó a empresarios que utilizaban niños para desarrollar las labores de la actividad ladrillera, multas que llegaban hasta los $5.000 por cada niño afectado al trabajo”. Al respecto una fuente pertenciente a la comunidad boliviana en San Rafael, remarcó un problema que aparece luego de que el empresario es multado: los menores de edad, en muchos casos no tienen a dónde ir y “los obligan a delinquir”, según dijo, esgrimiendo un cuestionable argumento.

Si bien nuestra fuente no justificó el trabajo infantil bajo ningún aspecto, señaló que “mal o bien, en negro o como fuera, esos niños tienen un techo y un plato de comida. Una vez que el empresario es multado por el Estado, los menores se quedan sin trabajo y no los aceptan en ninguna parte, ni siquiera la gente de su propia comunidad. Pero la labor del Gobierno termina en la multa, no hacen nada con esa gente que pierde su trabajo”, dijo nuestro interlocutor, planteando descarnadamente la complejidad de la situación.

Remarcó también que “este problema tiene más de 50 años”, y que desde la comunidad boliviana se empezaron a hacer denuncias del trabajo en negro y cuasi esclavizante ya en los años ’90, bajo la Intendencia de Vicente E. Ruso. Explicó que hace décadas empezó el problema, cuando los dueños de los hornos de ladrillos viajaban a Bolivia para traer mano de obra. Es gente que llegó a San Rafael por entonces, tuvo hijos y hoy, que la situación del país del Norte ha mejorado, ya no es tan grande la corriente inmigratoria, por lo que, al faltar mano de obra, se termina utilizando a los hijos de esos primeros bolivianos, algunos de ellos nacidos en Argentina.

“La gente cree que el problema termina cuando los niños dejaron de trabajar", pero quizás eso no sea más que el comienzo del verdadero problema, porque la problemática sigue, porque eos niños y sus familias necesitan dinero para poder vivir.

"El boliviano es un hombre trabajador que no quiere que le regalen nada, y que si delinque es porque no le queda otra opción”, remarcó esta fuente y agregó que “esto no pasa en San Rafael o en Mendoza solamente, esto es un problema que está en todo el país y en muchas actividades, no sólo en las cocinas de ladrillos”, exponiendo la faceta de raíz cultural que la situación plantea.

Debemos recordar que en Buenos Aires, por ejemplo, se descubrió mano de obra barata en talleres téxtiles donde se esclavizaba a  la gente por un salario y un plato de comida.

El Estado deberá atender esta problemática porque muchos de esos niños son argentinos, hijos de bolivianos, pero tan argentinos como los que escriben y leen esta nota, y a los que hay que asistir de una manera o de otra.

Y con urgencia, porque se trata nada menos que de los "únicos priviliegiados" y de aquellos a quienes toda nuestra sociedad les dedica sus más esmerados esfuerzos...

Al menos eso decimos...

Opiniones (1)
18 de noviembre de 2017 | 07:11
2
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18 de noviembre de 2017 | 07:11
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  1. Creo que no se abordan la cuestión de fondo. Las multas aplicadas, parecen para recaudar y no solucionan el problema, sino que agrava a los trabajadores golondrinas. En el caso de los Bolivianos, ellos tienen la cultura del trabajo y les enseñan a trabajar desde muy chiquitos en lugar de enseñar a mendigar o robar. Si quieren ayudarles, debería enfocar en la educación y esparcimiento de los chicos como complemento de la educación familiar ancestral.
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