Financista del avión de los Juliá, en la mira judicial

El avión está detenido en Barcelona, tres de sus ocupantes siguen presos y la droga fue incautada. Hasta ahí, las certezas del caso del jet privado matrícula N600YA que fue interceptado el 2 de este mes en España con un cargamento de 940 kilos de cocaína, que había salido de Ezeiza tripulado por tres argentinos.Carlos Sergi, un poderoso empresario rosarino, habría aportado los 500.000 dólares que demandó el alquiler del avión que terminó detenido en España, generando un escándalo que crece. 

El avión está detenido en Barcelona, tres de sus ocupantes siguen presos y la droga fue incautada. Hasta ahí, las certezas del caso del jet privado matrícula N600YA que fue interceptado el 2 de este mes en España con un cargamento de 940 kilos de cocaína, que había salido de Ezeiza tripulado por tres argentinos.

Mucho más allá de esas certezas, aquí se ha desatado una verdadera pesquisa para tratar de develar el enigma que más preocupa a la Justicia: la conexión local. Y allí, seguramente, habrá sorpresas.

Dos fuentes vinculadas con la investigación dijeron a La Nacion que Carlos Sergi, un poderoso empresario rosarino, habría aportado los 500.000 dólares que demandó el alquiler del avión que terminó detenido en España. Sergi, que fue director de Siemens, está siendo investigado en la causa que sigue la justicia federal por el escandaloso contrato del Estado nacional con esa multinacional alemana para la confección de los DNI durante la presidencia de Carlos Menem.

Ayer, por orden del juez en lo penal económico Alejandro Catania, la Gendarmería Nacional allanó los domicilios de los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá y de Matías Miret -todos ocupantes del avión- y las oficinas de Medical Jet. En los procedimientos, los detectives secuestraron documentación que permitiría individualizar a la conexión local de los sospechosos.

Todo apunta a establecer cómo fue que el avión llegó a la Argentina, quién puso el dinero para la operación y cómo es que semejante aeronave estuvo parada 25 días en la base aérea de Morón y nadie sospechó.

"Es como plantar un Rolls-Royce en la villa 31 y que nadie sospeche nada", graficaba ayer por la tarde un conocedor de las pistas argentinas.

Desde ayer, el nombre de Sergi, un poderoso empresario rosarino, apareció en la investigación. Para traer el avión fue necesario poner en efectivo alrededor de 500.000 dólares y el aportante de esa cifra desvela a los investigadores.

Fuentes vinculadas con Miret sostienen que a éste se la habría informado que Sergi iba a hacer el vuelo a España, desde donde volvería en el avión junto con su familia

El empresario, cultor del perfil bajo, siempre mostró interés en la concesiones para la radarización del país.

Dos fuentes consultadas ayer, una de ella ligada a la investigación y la otra a los vericuetos del sector aeronáutico, confirmaron el nombre, aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta. "Cuando el avión estaba en Morón, muchos de los que pasan habitualmente por el aeropuerto se preguntaban qué hacía semejante aparato en una terminal que tiene muy poco movimiento, muy lejos de San Fernando o de lo que fue Don Torcuato. Antes de saber que el avión terminaría detenido por un viaje lleno de cocaína, se decía que era de Sergi", dijo una fuente aeronáutica.

En la base aérea de Morón, el lujoso jet estuvo alojado en los hangares que pertenecieron a la empresa Cata, una aerolínea de cabotaje que quebró hace varios años. Lo que sucedió allí adentro es otro de los secretos que desvelan a los investigadores. Uno de ellos, al ser consultado por La Nacion sobre el nombre del empresario que estaría vinculado a la operación, fue tajante. "Estamos en busca de los papeles que prueben su vinculación", confió.

La incógnita de la carga
Otro de los interrogantes es dónde se cargó la droga. No son pocos, especialmente quienes conocen técnicamente este tipo de aviones (un Challenger 604), los que sostienen que es imposible que la carga se haya producido en la escala que la aeronave hizo en Cabo Verde, único punto que habría tocado hasta llegar a Barcelona.

"Estuvo 50 minutos desde que tocó tierra hasta que despegó. En ese tiempo es muy complicado que se pueda subir esa cantidad de cargamento de droga a un avión", dijo un piloto que conoce ese aeropuerto y los trámites que son necesarios cuando se posan las ruedas de un avión en un tercer país.

Justamente esta sospecha es la que ha desatado una suerte de juego de " gran bonete " entre varias reparticiones estatales que, de una manera u otra, intervienen en una operación de este tipo. La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), la Aduana y la Dirección Nacional de Migraciones explican una y otra vez sus funciones para aclarar que ninguna de ellas es la culpable de un descuido de 944,5 kg de cocaína por un valor de 50 millones de dólares. Todos saben a ciencia cierta que en caso de que efectivamente se pruebe que la droga se cargó en el país, la cadena de responsabilidades podría hacer tambalear a varios.

La operación del alquiler del avión matrícula N600AM, además de la entrega de 500.000 dólares, incluyó la cesión de otra aeronave que hasta entonces volaba Medical Jet, la empresa de los hermanos Juliá.

Otro de los aviones que tuvo la empresa fue un Lear Jet 35 que, en 2007, fue vendido al empresario kirchnerista Lázaro Báez. Según explicaban ayer cerca del santacruceño, entonces ese jet era el único con matrícula argentina (LV) que estaba en venta en el país. Báez buscaba un avión y no tenía intenciones de montar una operación en el exterior para comprar una aeronave con matrícula extranjera. Entonces fue que se decidió por esta aeronave, cuyo precio se pactó en 1,3 millones de dólares.

Luego, la firma empezó a volar con otro avión con el que habrían viajado varias veces a Europa y que fue entregado para traer el moderno Challenger 604. Llegó al país el 6 de noviembre y aterrizó en El Palomar, por las refacciones de Aeroparque. A principio de diciembre hizo un vuelo a Mar del Plata y aterrizó en Morón. Lo que siguió en los próximos 25 días es la clave que explica el resonante caso de narcotráfico. Y es lo que la Justicia trata de establecer ahora.
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19 de agosto de 2017 | 03:00
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