Un sanrafaelino que vive “con” la música

Marcelo Ayub a los 33 años, cumplió uno de los sueños más grandes a los que puede aspirar un músico del género: tocar en el teatro Colón. Pero no se quedó conforme con “tocar”, además Marcelo es el subdirector y pianista del coro estable de esa casa de la música argentina. Esfuerzo, práctica y mucho estudio lo hicieron un profesional del arte que no sólo “vive de la música”, sino que convive con ella.

Es un músico sanrafaelino que tiene la humildad de las personas que pasan por la calle desapercibidas, pero que una vez que están en “su materia”, es difícil encontrar alguien que las iguale. Con 33 años Ayub es un contador que prefirió cambiar los números y los balances por las partituras y las voces del teatro Colón, cumpliendo un sueño que le costó mucho sacrificio y al que ahora le dedica tiempo completo.

¿Cuándo empieza tu gusto por la música?, ¿a partir de que edad?

El bichito picó apenas tuve uso de razón, a partir de ahí me empezó, esto viene por conexión familiar porque mi mamá y mi hermana tocaban el piano, mi hermano la guitarra, mi tía era profesora de música. Cuando tenía 5 años jugaba con el piano de mi tía cuando iba a la casa de mis abuelos. Me quedaba escuchando a mi hermana tocar el piano y fui yo quien le pedí a mi familia empezar aprender a tocar el piano a diferencia de otros casos donde es un mandato.

Empecé a estudiar piano a los 8 años, mi primera profesora fue Catalina Izaguirre, mi querida “monona” que ya no esta entre nosotros. Después estudie con ya quien es hoy mi queridísima amiga, Ynés Batura también acá en San Rafael y luego me fui a hacer la Licenciatura en Música con especialidad en Piano en la UNCuyo a Mendoza, siendo discípulo del gran maestro cubano Roberto Urbay.  

 
¿Tuviste que estudiar otra carrera universitaria?

Decir “tuve” tiene que ver con el eterno problema de vivir de la música en Argentina y sobre todo, lejos de Buenos Aires. A penas terminé la secundaria me inscribí en Ciencias Económicas que en ese momento estaba acá sólo hasta cuarto año y quinto lo cursé en Mendoza. Me recibí de contador a los 23 años y al año siguiente me pasé a la facultad de Artes y empecé la Licenciatura en Música, mientras trabajaba como contador.

Cabe aclarar que mientras estudiaba Económicas seguía conectado con la música con conciertos, presentaciones y estudiando en forma particular aunque no lo hacía en la universidad. Para los que dicen que “no se puede”, sí, se puede cuando se quiere.

Había una mezcla también de darles un gusto a mis padres, de recibirme de contador. No reniego de la ex profesión, de Ciencias Económicas ya que tengo este dicho cuando me preguntan cuál es mi profesión: “contador, pero mi vocación es la música”, porque son dos cosas distintas. Trabajé diez años como contador y luego vino este tema de irme a Buenos Aires.

¿Dónde estuvo el “clic” que te hizo dejar todo e ir a la “gran ciudad”?

Fue casi impensado y de casualidad. Yo había ido un par de veces a Buenos Aires a clases y ya en Mendoza me había recibido en la UNCuyo de Licenciado en Música. Seguí estudiando porque hacía presentaciones con un grupo que tenía llamado “Impromptus” con Ynés Batura, Adriana Romero y Fermín Pietro con quienes ya empezó un poquito el gusto por la Ópera, además de que hacíamos música de cámara. Una vez en Mendoza después de un concierto al que fue a tocar de Buenos Aires un gran pianista, Fernando Pérez que me conocía porque yo tomé clases con él de música de cámara, y me comentó que estaban buscando en el Teatro Colón un pianista para el coro estable, que requiere un pianista permanente. En un principio dije que no podía ser. Irme a Buenos Aires y dejar el trabajo por algo que no era seguro, más aún cuando me dijo que el director del coro ya había echado a cinco personas en cinco meses. Dije “no voy ni loco”. Pero a la vez me decía “y qué pasa si esto puede ser un camino para vivir de la música” que era lo que siempre había buscado. Lo pensé y recibí el consejo de amigos y familiares que me decían “andá y probá”.

Fui a la audición en el Colón, en la que estaba el director del coro, personas de la dirección artística y miembros del coro estable. Me tomaron la audición y me dijeron que me aceptaban y que me tomaban a prueba por tres meses. El director, Salvatore Caputo me dio un discurso muy largo diciéndome lo duro que iba a ser adelantándome que ante la menor falla me echaban. Y la falla no es únicamente equivocarse en una nota, aunque le molestaba muchísimo. Falla también es no cumplir con tu trabajo, faltar o llegar tarde, o no asistir a un ensayo o no estudiar. El me dijo “no me importa su vida personal, su familia ni nada. Yo quiero que usted esté acá cuando yo lo necesito”. Era una cuestión full time porque tenía que estar disponible siempre.

Me tomaron la prueba por tres meses. Eso fue en octubre del 2006 y sigo allí. Lo anecdótico es que yo empecé como pianista del coro y al año siguiente fui subdirector del coro, lo que significa que cuando el director no estaba yo asumía todo el trabajo y todos los ensayos diarios. Pasado el tiempo me di cuenta de que el director faltaba apropósito para que me fuera fogueando en ese trabajo que es muy duro porque estás enfrentado a 100 personas diariamente, y 100 cantantes lírico de trayectoria y experiencia con edades que van de los 25 años a los 70 o más. Son personas que han visto y cantado junto a Pavarotti, Plácido Domingo o Alfredo Kraus. Además es el Colón, el “templo de la Ópera” del país, lo que hace que tengas que estar a la altura de esas circunstancias.

Después Caputo renunció y se fue a Italia, y asumí como director del coro por un año. Lo positivo de esto fue que el crecimiento es grande por lo grande del desafío. En septiembre pasado llegó por primera vez al Colón un director de coro austríaco. Se trata de Peter Burian, que es quien tiene ahora la responsabilidad directa con las autoridades. Como es alguien que ha estado en distintos lados habla muchos idiomas, alemán por supuesto, perfecto fracés, perfecto inglés, algo de italiano y el que menos habla es el español (risas), pero está aprendiendo de a poco.

Yo ahora sigo con el mismo cargo que antes, como maestro preparador del coro estable, y sigo tocando el piano.

¿Y vos?, ¿qué idiomas hablas?

Italiano, inglés, y estoy estudiando francés. Estoy estudiando la fonética del alemán porque para la Ópera se necesita. El primer idioma para la Ópera es el italiano, que ese lo hablo, el inglés se usa poco, pero normalmente se usan el francés, el italiano y el alemán.

Parece que nunca terminaras de estudiar, ¿es así?

Estoy terminando una tercera carrera en Buenos Aires, me quedan dos materias. Ingresé al Instituto Superior del Teatro Colón, a estudiar Dirección Musical de Ópera, que es un poco “formalizar” lo que hago diariamente en el teatro. Lo que uno hace más que una profesión es un oficio, que se va aprendiendo ahí mismo, no se estudia “ser el pianista del coro”, no hay una carrera que diga “ensayar con un coro de Ópera”.

Esta carrera que estoy haciendo ahora tiene que ver con preparar a los cantantes a interpretar un rol de Ópera. Se estudia la interpretación, cómo abordar determinado rol desde el fraseo musical, desde las notas, desde el idioma, etc.

¿Cómo es un día en la vida de Marcelo Ayub?

A la mañana curso en el Instituto Superior del Colón, donde también doy clases de Repertorio a chicos que están estudiando para ser cantantes de Ópera, y también les doy clases a los que están ingresando a la carrera que yo estoy terminando. Eso es día por medio.

A la tarde ingreso al Teatro Colón a hacer los ensayos del coro, donde trabajamos de martes a domingo. Se trabaja de 13.30 a 16.30 y de 20 a 23 hs. Se ensaya mucho porque los cantantes tienen que actuar de memoria, nunca vas a ver una Ópera donde los cantantes estén leyendo. A parte de enseñar la música hay que repetir hasta que se memorice.

En el poco tiempo libre que me queda, tengo que estudiar. Los días que no hay ensayos, generalmente hay actuaciones en el propio teatro.

Entonces, ¿se puede vivir de la música?

Se puede, gracias a Dios se puede.

¿Cómo llevas el vivir lejos de tus seres queridos?

Es difícil pero se puede, soy muy familiero y llamo permanentemente por teléfono. En Buenos Aires no tengo ningún familiar, sólo algunos amigos así que cuando puedo me vengo, pero a veces se hace largo el trecho.

¿Qué música escuchas?

Por lo general, Ópera no (risas). A veces escucho Ópera cuando tengo que estudiar una nueva. El músico además de interpretar tiene que escuchar.

Me gusta escuchar piano sólo, me gusta el Jazz, escucho poco Rock. Me gusta la música Clásica.

¿Un pianista argentino que admires?

Martha Argerich, allá en lo alto, el primer lugar.

Y hay otros como Charly García que me parece un genio, un niño prodigio y lo admiro como músico. Mariano Mores en lo suyo. Ariel Ramírez, me gusta mucho lo que compuso y lo que hizo. En general me gustan, pero en la cima Martha Argerich.

¿El concierto más impresionante que viste?

Hay más de uno. No por ser obtuso en mis gustos, sino porque son mis gustos, voy a ver conciertos de música clásica, sinfónica. También he visto musicales, como en Brodway recientemente, “West side story”. Fue fantástico, me encantó.

En Buenos Aires en 2010 cuando vino el coro de la Scala de Milán, fue uno de los hitos de ese año en Buenos Aires.

También los espectáculos que he visto en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Eso es colosal, no solamente por el nivel artístico, sino por el despliegue.

Llegaste al Colón, ¿te quedan sueños por cumplir?

El principal ya se cumplió, llegar ahí y vivir con la música. No es sólo vivir “de” la música, lo ideal es vivir “con” la música. Muchos sueños son, además de seguir creciendo con la música, viajar y hacer conciertos en Italia, en Viena… y si llevamos música argentina mejor todavía.

¿Expectativas para el 2011?

Terminal mi carrera, Dirección Musical de Ópera, seguir creciendo y participando en el Colón. Hay un par de viajes como a Miami y San Francisco a hacer conciertos. Y sería muy grato lograr un cargo estable en el teatro Colón, estar efectivo es una meta que se podría dar en el 2011.

La perenne pasión de Ayub va con él a todo lados, la lleva en la piel, en la sangre. Es un estudioso, es un sanrafaelino, es un músico, es un profesional, es un artista argentino que decidió triunfar, y que entendió que “las oportunidades nunca se pierden, siempre las aprovecha otro”, así es que prefirió no quedarse lamentando en Mendoza el no haber ido tras su sueño.

Como lo recalca él mismo en esta entrevista “si se quiere, se puede”.

Opiniones (1)
23 de agosto de 2017 | 19:58
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23 de agosto de 2017 | 19:58
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  1. Felicitaciones a Marcelo, gran músico y mejor persona.
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