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Silva y Spataro, dos "héroes" en el desierto

El "Pato" Silva se enfrentó al desierto chileno donde tuvo que pasar la noche, hasta que logró llegar al campamento para volver a salir. Spataro, fue uno de los que lo ayudo a seguir.

El sábado al mediodía el clima en el vivac de Arica, donde el Dakar recaló para su ansiado día de descanso, transcurre con tranquilidad y distensión, siempre dentro de los márgenes en que esta competencia se mueve.

La gran mayoría de los pilotos se toman más tiempo del habitual para cenar y para dormir hoy. Al entrar la tarde caminan las grandes distancias de esta ciudad nómade con parsimonia y buen humor y con poco que hacer por el momento.

Pero ése justamente no es el caso de Juan Manuel Pato Silva, que a esa hora recién llegaba al vivac tras completar la sexta etapa entre Iquique y Arica.

Enfundado en el antiflama, cubierto de polvo, visiblemente más delgado y con la nariz, frente y labio lastimados, producto de un golpe que sufrió en su odisea por las dunas, el chaqueño se quiebra y comienza a llorar cuando recuerda la angustia que vivió en la noche "más oscura" de su vida.

El Pato se perdió con su buggie del equipo ProDakar en la primera etapa en la que el rally se adentró en el desierto chileno, pasó la noche allí y recién bajó la escalofriante pendiente de la duna de Iquique a las 9.30, cuando el campamento estaba vacío porque todos ya estaban camino a la siguiente etapa. Asustado, con frío y vencido por el esfuerzo, volvió a subirse al auto y largó.



Cuando te agarra la noche en las dunas te viene la desesperación. De pronto cae el sol y no ves nada, sentís que no salís de ahí, revivió, con angustia Silva, ante los periodistas.

Producto de esa desesperación fue que en uno de los empantanamientos que atraparon al buggie, el piloto no se ató a tiempo los cinturones y un salto por las dunas empujó su cara contra el volante. El resultado, cortes en todo el rostro.

Se venía la noche y me vino la desesperación por salir, por no quedarme ahí y me olvidé de atarme los cinturones. Esa es la verdad, podría poner otra excusa pero fue eso lo que pasó. Por eso hay que tener calma, admitió el `Pato`.

Silva no fue el único piloto al que la noche sorprendió en el desierto camino a Iquique, ya que eran al menos 60 los vehículos que no habían llegado al vivac en la madrugada, donde prácticamente terminaba la especial de esa etapa, aunque la cantidad parezca insignificante en el desierto de Atacama, donde todo es inmensidad y soledad.

No había ni luna, no veía nada de nada, ni mi propio auto veía cuando me bajaba, por eso me daba miedo separarme del buggie, explicó Silva con la angustia a flor de piel, casi como si estuviera reviviendo esas horas a través de una máquina del tiempo.

Empantanado en la arena pasó por allí su compañero de equipo, Emiliano Spataro, y se quedó a ayudarlo: Fue un mal gesto mío, no debí pedirle a Emiliano que se quedara a ayudarme a sacar el auto porque lo demoré mucho y lo perjudiqué, reconoció Silva.

Eso que hice le podría haber costado la carrera a él. Tuvo un gesto enorme, agregó el chaqueño.

El `Pato` Silva graficó la experiencia vivida y contó que lo que más miedo le dio fue "no tener abrigo, ni agua para pasar la noche en el desierto. En una hora la temperatura baja muchísimo.

Seguía viendo autos a mi alrededor pero no me quería mover. Tenía miedo de perderme en esas condiciones, apuntó.

Ya a la 1.00, en lo alto de una duna, logró divisar un camión y después escuchó una canción que le pareció de Julio Iglesias.

"Sospeché que se podía tratar de nuestro camión porque siempre Pascal (conductor del vehículo), pone música por los autoparlantes.

Entonces llamé al equipo para ver si era el nuestro y me confirmaron que sí.

Horas después, logró encontrase con el camión ("las distancias parecen cortas pero después te das cuentas que estás lejísimos", acotó) y pasó la noche tirado al lado del vehículo, pero ya a salvo y acompañado.

Silva reveló que pensó muchas cosas en esas horas de soledad, pero había una que tuvo presente siempre: sus hijos. Rememoró ese momento, cuando el piloto se quedó sin voz y comenzó a llorar.

Los autos de carrera son una pasión para mí, dijo con la voz entrecortada, y reflexionó: Era más fácil no llegar porque de esa manera me iba a mi casa pero seguí y acá estoy.

La pasión de Silva debe ser mucha porque acababa de llegar de otra dura noche en el desierto, en la que también estuvo solo y en la que una vez más vivió una cadena de infortunios, que incluyó quedarse sin batería cuando estaba a punto de volver con dos camiones, pero esta vez algo más preparado.

Me quedé tirado pero me lo tomé con más calma. Esta vez tenía bolsa de dormir y agua. Vi que había luna y dejé el buggie y fui a buscar unos autos que estaban más lejos de lo que parecía.

Finalmente, ya con los primeros rayos del día, Silva se encontró con José Luis Di Palma y un piloto colombiana y el trío comenzó su camino hacia el vivac de Arica, donde al menos los aguardaba unas horas de sueño.

Después de todas las adversidades, Silva y Spataro ya recorrieron 4.568 kilómetros del Dakar 2011, en un buggie que apenas llega a los 120 km/h y que no tiene navegante.

El chaqueño está penúltimo, en la 72da. posición y el bonaerense en la 39na. pero ellos más que nadie pueden dar cuenta en estas horas de lo que significa el verdadero "espíritu Dakar" del que tanto se habla.

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21 de agosto de 2017 | 10:15
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