Deportes

Dura batalla política por el paso del Dakar 2011

En el norte del país los salteños pelean con los tucumanos por haber tenido menor peso en el paso de la competencia. Los jujeños se jactan de haber sido el corazón del rally.

El salteñismo se ha trabado en una fiera y desigual batalla con ocasionales detractores de la imagen turística de aquella provinca a raíz del paso -o no paso- del rally Dakar por territorio salteño.

Sabido es que las vecinas ciudades de San Miguel de Tucumán y San Salvador de Jujuy se ofrecieron al Dakar como puntos culminantes de etapa y que Salta fue, en cambio, escenario de tránsito.

Tras el paso de la competencia por estas tres provincias, el balance deportivo ha dejado paso a una absurda polémica por la cantidad de centímetros en los diarios (segundos en las televisiones y píxeles en las web) que los nombres de Jujuy, Tucumán y Salta han ocupado a propósito del Dakar.

Dicen los tucumanos que "nadie se enteró de que el Dakar pasó por Salta". Algo parecido sostienen sus colegas jujeños.

Pero cuando la competencia se disputaba en Europa y en África, a los medios de comunicación de cualquier parte del mundo -especialmente a los argentinos- les daba francamente igual si las motos circulaban por el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas, el Antiatlas, o si lo hacían desde Larache hasta Agadir, en Tánger o en Tetuán, o por Fez, Uxda o Marrakech.

Ninguno de estos nombres han quedado grabados a fuego en la memoria colectiva de los aficionados al Dakar de todo el mundo, como seguramente no quedarán para la historia mediática los de Jujuy, Tucumán o Salta.

Pelearse por esto es tan absurdo como pretender que los periodistas deportivos que cubren el Dakar se conviertan, de golpe, en exploradores de la National Geographic, o en presentadores del canal Travel; es decir, que en vez de relatar cómo el coche de Carlos Sáinz ("¡Trata de arrancarlo Carlos!") se ha dejado el radiador en un churqui, se dediquen a describir la belleza del paisaje, o su origen geológico, exaltando al mismo tiempo la "marca Salta".

Bastantes dificultades han tenido los periodistas extranjeros -incluso los hispanohablantes- para pronunciar la palabra Jujuy, como para pensar que esta Provincia ha roto registros de marketing indirecto con el paso del Dakar y resultado especialmente beneficiada.

Antes que pensar que Jujuy se ha proyectado al mundo civilizado como una potencia paisajística en desmedro de Salta, habría que pensar en el flaco favor que a su imagen internacional ha reportado el que su nombre haya sido pronunciado, una y otra vez, como juí-juí, yuyui o jajai.

La situación no es diferente en el caso de Tucumán, pues si algo ha quedado grabado en la retina de los espectadores, es que en la vecina Provincia, en enero, las temperaturas -especialmente las nocturnas- no difieren mucho de las diurnas de Mauritania, en pleno mes julio.

Resulta muy difícil negar a estas alturas que Salta ha brillado en el Dakar, así como que el Dakar ha brillado en Salta. Que este brillo se traduzca en turismo contante y sonante está por verse, pero que Salta ha proyectado al mundo una imagen impecable, está fuera de cualquier duda.


Dakarofobia ambientalista
Otro punto culminante del paso del Dakar por el norte argentino ha venido de la mano de cierta dakarofobia de matriz ecologista que demandaba un "estudio serio" de impacto ambiental.

Por alguna razón, en la Argentina los estudios (ambientales, bioquímicos, etc.) nunca son lo suficientemente serios a juicio de alguien, pero en materia ambiental, especialmente, la demanda de análisis de impacto se ha convertido en un lugar común tan trillado como el de "lesa humanidad".

No se ha sabido -felizmente- que el Dakar haya dejado el tendal de pajaritos como en Arkansas, ni que nuestros ríos y montañas hayan sufrido más de la cuenta por culpa del rally o por los orines de los automovilistas. A pesar de ello, los ambientalistas han presentado al Dakar como el quinto jinete del Apocalipsis.

El problema de esta hipersensibilidad es que cuando nuestra sociedad se enfrente de verdad a un desafío mediomabiental serio, ya los ciudadanos no sabremos si se trata de algo importante o de algo trivial.

Si todos los días se nos plantean estudios de "impacto ambiental" hasta para medir la incidencia de las flatulencias humanas despúes de una maratón de guaschalocro, el resultado no es otro que la parálisis social (o la intestinal, en este caso).
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