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MDZ en la ruta: el Dakar pasó por Río Pinto luego de un espectacular rescate

Nuevamente la lluvia marcó el paso de los pilotos en la segunda etapa del rally más espectacular del mundo. Antes del paso de Sainz, un helicóptero debió aterrizar para rescatar a un policía herido por su propia arma. Miller volcó y perdió parte de su unidad. Terranova arrancó la ovación del público.

El humilde y despoblado pueblo de Río Pinto, donde viven sólo unas 150 almas, en Córdoba, fue el escenario del especial de la segunda etapa del rally más importante del mundo sólo para vehículos y durante el primer lunes de 2011.

Las motos, cerca de las cinco de la mañana, partieron desde el vivac –en el Predio Ferial en la Ciudad de Córdoba- para tomar una ruta distinta a la de los autos que estuvo liderada por el ibérico Carlos Saiz, quien raudo atravesó Río Pinto a las 10:40.

La novedad, además del tramo de competencia donde Mark Miller sufrió un vuelco que le hizo perder el parabrisas y rompió la puerta del navegante, fue un inesperado rescate de un efectivo policial que debió ser sacado de la orilla del camino por un helicóptero del Dakar.

Según trascendió, al policía se le disparó el arma reglamentaria y recibió el disparo en una de sus piernas por lo que debió ser atendido por los paramédicos presentes hasta que fue rescatado por la aeronave bajo la atenta mirada de las casi 400 personas que se arrimaron para ver la carrera.

A esa hora, a las 9:45 –momento en que se completó la extracción- el sol picaba bastante sobre la humanidad de los espectadores mientras hacia el Oeste se formaba la segunda tormenta de agua y viento del Dakar 2011.

Cinco minutos más tarde, el automóvil de la organización, asomaba por el camino de tierra para asombro de los fanáticos, munidos de largavistas, sombrillas, heladeras con hielo y el infaltable Fernet con Coca.

Unos 20 minutos tardó el piloto madrileño en cubrir la distancia entre la largada –en la intersección de la Ruta 17 y la Ruta 38- y la Cañada de Río Pinto. Saiz arrancó a las 10:12 y detrás de él, Stephane Peterhansel, más conocido en Europa como “el señor Dakar”, hizo lo suyo dos minutos más tarde.

Por Cadena 3, sobre la lomada donde se dispuso el sector para el público, se escuchó a esa misma hora que los cuatriciclos seguía teniendo como tercero al mendocino Sebastián Halpern, quien en la clasificación general terminó en tercer puesto. Primero corría Josef Machacek, seguido por Alejandro Patronelli.

Entonces marcó su paso Alattiyah en cuarto lugar y detrás de él corrió Hollowczyc. Pero la emoción se encendió cuando se asomó un conocido: Orly Terranova, quien en la primera curva frente al público levantó una densa polvareda que fue aplaudida.

Después vino Spinelli y Miller, con su unidad aterida y seguida atentamente por un helicóptero y entonces la lluvia precipitó en Río Pinto y nuevamente el Dakar tomó color por la segunda inclemencia del tiempo durante la travesía de carácter internacional.

Y además del suceso deportivo y del espectacular rescate del policía el público fue la buena noticia: a diferencia de lo que ocurrió en Mendoza, signada por los conocidos actos de imprudencia del año pasado, acató en todo momento las indicaciones de los dispositivos de seguridad y no se movió de las áreas dispuestas y no volteó ningún alambrado para acercarse a las unidades de carrera.

Un pueblo antiguo y desolado

La segunda etapa del Dakar 2011 en Córdoba inició en la localidad de Cañada de Río Pinto, a pocos kilómetros de Sarmiento, con una concurrencia mucho menor a la observada en Santa Rosa de Calamuchita, a las 10:40.



Esta vez el escenario, mucho más agreste que el de la primera etapa de la competencia, desde temprano se vistió con la luminosidad plena de un cielo abierto para los candentes rayos del sol de enero que calentaron la jornada hasta que la aparición de los primeros pilotos hizo olvidar el estado del tiempo.

Sólo unos pocos árboles sirvieron para que el público se protegiera del abrasador calor mediterráneo de la mañana que buscó posiciones de privilegio entre alambres de púa, espinas y en medio de corrales que fueron despejados de animales para la ocasión.

El campo verde, húmedo y plagado de insectos, de esa manera, recibió a una concurrencia poco común en estas latitudes –pocos la visitan- provista de escasos servicios del nuevo siglo: sin señal de telefonía móvil, el pueblito está matizado de animales de corral, casonas antiguas y un boliche en una esquina principal de Río Pinto, donde los muchachos del lugar pasan largas horas a la espera de un nuevo rostro.

Mate, vacas que correteadas por la Gendarmería Nacional Argentina, lejos del camino natural de la carrera. Fuego para el asado del mediodía y los infaltables niños jugando con ramas, piedras o algún juego de mesa traído desde la civilización, fueron la nueva estampa de un terreno tapizado de bosta de vaca que poco conocía del tránsito del hombre.


Sin embargo el Dakar llegó a Córdoba y fue una fiesta entre la naturaleza vulnerada por el rugido de motores poderosos y la necesidad de los visitantes de pintar el paisaje con kilos de basura, de la no degradable.

La misma que por un largo tiempo refrescará la memoria de los paisanos con imágenes vividas por la competencia de aventura más importante del mundo que hasta los entretuvo con un repetido volar rasante de helicópteros “dakarianos”.

Cerca del mediodía, luego de la insistente lluvia que refrescó el paisaje y que precedió al calor producido por el fuerte sol de la mañana, finalizó la precipitación por la que ninguno de los presentes abandonó sus puestos entre la naturaleza. Al contrario, la gente se animó como el domingo con el agua caída del cielo y se contagió el espíritu de aventura que caracterizó al Dakar 2011 con su paso por Córdoba.

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13 de diciembre de 2017 | 12:49
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