Deportes

Dakar: una experiencia que excede el ámbito deportivo

Luego de la largada simbólica y el enlace, empieza hoy la competencia. Las motos salieron primero, seguirán los autos y por último los camiones. Las características de una carrera única.

Arranca la aventura. Otra vez 15 días en el medio de la nada. Lejos del mundo. ¿O dentro del mundo? Quizás en esa pregunta radica una de las atracciones más misteriosas que posee el Dakar, una experiencia única, distinta, fantástica, misteriosa, inigualable. Son dos semanas en las que las vivencias superan el ámbito deportivo. Por supuesto, cada participante tiene un objetivo claro. Los más poderosos, los que representan empresas de manera oficial, buscan resultados significativos. Pero la mayoría comprende un espíritu amateur, que sólo tiene como objetivo cumplir con el extenso recorrido. Los casi 10.000 kilómetros son el gran desafío.

Batir las contrariedades para llegar al punto de largada: Buenos Aires. Por eso en La Rural, previo a la partida rumbo al Obelisco, muchos pilotos se agachaban y besaban el asfalto de la avenida Sarmiento, casi como un ruego en el que se anhela volver al mismo sitio a bordo del respectivo vehículo.

En el medio, claro, todas las experiencias que sólo el Dakar puede originar. Durante el extenuante recorrido habrá infinidades de inconvenientes. De eso se trata esta competencia, de afrontar problemas de manera continua. Y en las resoluciones y en los medios disponibles para solucionarlos se basa el éxito en la carrera.

Son dos semanas en las que cada participante, cada integrante de la organización, cada representante de los medios de prensa, en definitiva todos los que componen la caravana del Dakar, se alejan de la civilización para adentrarse exclusivamente en una experiencia de vida única.

No es una exageración. Para los pilotos porque aceleran sobre terrenos hostiles, en la salina de Santiago del Estero; en el voraz desierto de Atacama, en Chile; en el paso, de ida y de vuelta, por la cordillera de los Andes. Pero cada uno que vive en los campamentos, que apenas descansa cuatro o cinco horas diarias sobre una bolsa de dormir bajo el frágil refugio de una carpa, soportando la amplitud térmica del desierto y con los inconvenientes de la labor de cada profesional, despierta un clima distinto, que une con los lazos de la solidaridad, de la cooperación, de la disponibilidad permanente.

No sólo los pilotos enfrentan inconvenientes. Y ahí se centra el espíritu del acontecimiento. En el camino, cuando un competidor se detiene para auxiliar a otro. En el campamento, para compartir lo poco que se traslada en las mochilas y en los bolsos.

El aura de misterio también ejerce un magnetismo único. No conocer los caminos y la apertura de posibilidades, infinitas, ante cada paso, a veces por opción y otras por camino obligado tras sufrir inconvenientes, multiplica las historias épicas de la historia del Dakar. Y ante el público en general, también origina una sensación particular: ubica a los protagonistas en una posición inigualable. Ellos protagonizan una aventura que para el común de la gente no es posible. Pocos se animarían a subirse a una moto, por ejemplo, y someterse al duro desafío.

Arena, campamento, vértigo. Parece inverosímil, pero hay otro gran choque que se produce para quienes participan íntegramente del Dakar: el regreso a la gran ciudad. Tras dos semanas "en el medio de la nada", como se dice habitualmente en los bivouacs (campamentos), el regreso también despierta un cambio importante. Lo que para muchos de los integrantes de la carrera es habitual, regresar al hábitat citadino merece un período de adaptación. Porque no sólo hubo un cambio de paisaje, sino también de experiencias insoslayables, humanas, que exceden lo deportivo.

La aventura ya está en movimiento. El Dakar 2011 se puso en marcha y hoy la caravana acelera rumbo a Córdoba. Allí comenzarán a ordenarse los participantes según el clasificador oficial, lo que marcan los registros. Para muchos, apenas un detalle. Una experiencia de vida que comienza a tomar forma "lejos del mundo", para los ojos externos, pero dentro de las vivencias más intensas para quienes lo protagonizan.

Los pilotos tienen dos comidas elaboradas al día: el desayuno y la cena. La mayoría lleva durante el recorrido bebidas con alto contenido de sales minerales, bananas (incorporan rápidamente potasio), barras de cereal y galletas con glucosa.
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25 de septiembre de 2017 | 13:34
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