"Vengo a consolidar el modelo de Lula", dijo Dilma

En su discurso de asunción como la primera mujer mandataria de Brasil, la economista de 63 años afirmó que su meta será erradicar la pobreza extrema, brindar seguridad y mucha educación; Lula deja el poder con popularidad récord y 30 millones menos de pobres. La economista Dilma Rousseff, de 63 años, se convirtió en la primera mujer presidente de Brasil, cuyo mandato finalizará el 31 de diciembre de 2014. Las mujeres serán presencia fuerte en su gabinete

La economista Dilma Rousseff, de 63 años, se convirtió en la primera mujer presidente de Brasil, tras prestar juramento en el Congreso para desempeñar el cargo hasta el 31 de diciembre de 2014; mientras que el mandatario Luiz Inacio Lula da Silva dejó el poder luego de ocho años de gestión con una popularidad sin precedentes.

"Vengo a consolidar el modelo de gobierno de Lula, un presidente que cambió la forma de pensar y gobernar Brasil. Mi trabajo será la continuidad de su legado, basándome en el pilar para ejercer la presidencia que él ha tenido: la fuerza de los pobres para levantar el país", afirmó Dilma en sus primeras palabras ante el Congreso.

"Una nación ganadora, que logre el éxito que siempre ha buscado y un gobierno con certezas, que logre conquistas, será nuestra meta", agregó la flamante mandataria.

Rousseff recalcó que su prioridad será erradicar la pobreza extrema en Brasil, un flagelo que afecta a 20 millones de personas en el país de más de 190 millones de habitantes. Recordó que una importante movilidad social ocurrió en los años de gobierno de Lula, donde casi 30 millones de personas salieron de la pobreza extrema."Aún existe una pobreza que avergüenza a nuestro país. No voy a descansar mientras haya en Brasil brasileños sin alimentos en su mesa y niños pobres abandonados a su propia suerte", prometió durante su primer discurso tras asumir el cargo ante el Congreso.

Respecto a la economía del gigante sudamericano, Dilma afirmó que evitará el ingreso de capitales especulativos al país. Llamó a una reforma del código tributario y señaló que eso será una prioridad en su gobierno para asegurar la estabilidad de precios. La inflación en Brasil ha aumentado en los últimos meses, en la medida en que crece la economía.

Luiz Inacio Lula da Silva entregó a su heredera política, la banda presidencial verde y amarilla, en el punto culminante de la ceremonia de traspaso de mando a las puertas del palacio de Planalto, ante miles de brasileños y autoridades invitadas.

Varios miles de personas, conglomerados en la Plaza de los Tres Poderes frente al Palacio, asistieron con vítores y ovaciones a la escena de despedida del más popular mandatario de Brasil y la ascensión al poder de la primera presidenta mujer de la nación suramericana. Tras jurar el cargo en el Congreso y en una tregua de la lluvia, Dilma Rousseff llegó al Palacio presidencial en el Rolls Royce abierto acompañada de su hija.

Más temprano, y bajo una intensa lluvia y en medio de un imponenete desfile, Rousseff había llegado al Congreso, donde realizó su primer discurso como jefa del Estado del país vecino. Ex integrante de la resistencia armada a la dictadura militar, por lo que pagó con torturas y tres años de cárcel, y pieza fundamental durante el gobierno de Lula en dos ministerios, Rousseff asumió el mando de la octava economía del mundo con la tarea de mantenerla en la ruta de crecimiento.

Una docena de líderes latinoamericanos y mandatarios extranjeros confirmaron su presencia en las ceremonias de poco más de cuatro horas, que incluye el juramento sobre la Constitución en el Congreso y el traspaso de la banda presidencial en el Palacio de Planalto. La presidenta Cristina Fernández, fue una de las ausencias más notorias de la asunción.


Paso a paso. En Brasilia, donde la Fuerza Aérea bloqueó el espacio aéreo, Rousseff participará de una misa solemne en la Catedral y luego iniciará un desfile hasta el Congreso, en un lujoso Rolls-Royce convertible. Después de asumir el compromiso de defender la Constitución, Rousseff continuará su desfile hasta el Palacio de Planalto.

En todo ese trayecto, en una señal del nuevo tiempo que se abre para Brasil, el automóvil de Rousseff fue protegido por agentes femeninas de la Policía Federal, un homenaje que esa institución decidió rendir a la nueva mandataria.

Desafíos. Rousseff pasa a ocupar el despacho principal del Palacio do Planalto en un momento de expansión sostenida de la economía, con una previsión de crecimiento de 7,6% del Producto Interno Bruto en 2011 y una tasa de desempleo de 5,7% en noviembre, un mínimo histórico.

No obstante, la supervalorización de la moneda local, que permitió la acumulación de un nivel récord de reservas internacionales, ya afectó seriamente la balanza comercial y el desempeño del segmento industrial orientado a la exportación. Al mismo tiempo, la inflación cierra el año por encima de la meta oficial de 4,5% al año e inicia 2011 con tendencia al alza, haciendo encenderse algunas señales de alerta.

Bajo el gobierno de Lula 29 millones de personas salieron de la miseria, según cifras oficiales, pero casi la mitad de la población sigue sin tener saneamiento y la tasa de analfabetismo roza el 10%.

Para intentar cumplir su promesa de eliminar la miseria de Brasil, Rousseff contará con parte del equipo de gobierno de Lula, de forma de continuar impulsando los planes sociales, y los programas de modernización de infraestructura que demandan los sectores productivos. Ocho ministros de 25 del actual equipo de gobierno fueron reconfirmados en sus cargos y otros tres se mantendrán en el gabinete pero ocupando una función diferente.

En el plano externo, Rousseff asume el poder en medio a una incipiente crisis diplomática con Italia, ante la decisión adoptada por Lula en su último día de gobierno, de no extraditar al ex militante radical italiano Cesare Battisti, condenado por cuatro asesinatos en su país.

A San Pablo. Lula, quien deja el poder con una popularidad récord de 87% después de ocho años de gobierno, abandonará Brasilia después de la asunción y partirá rumbo a su residencia en Sao Bernardo do Campo, un suburbio obrero industrial, próximo de Sao Paulo, en donde gestó su liderazgo sindical en los años 70. Allí, junto a su esposa, visitará al saliente vicepresidente, José Alencar, quien está internado en medio de una lucha incesante contra un cáncer que padece desde hace varios años.
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