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Braian Toledo, una vida de película

Canchallena.com lanzó su primer corto-documental basado en la vida del dueño del récord mundial de menores; una increíble historia de esfuerzo y perseverencia; su humilde casa, sus duros comienzos, cómo se entrena, su amistad con Yelena Isinbayeva y, sobre todo, sus sueños.

Braian Toledo, una vida de película  

Segundo domingo de diciembre. Con la lluvia del día anterior, la temperatura en Marcos Paz es agradable. Aunque, a pesar de la hora, los rayos del sol molestan, casi lastiman. Y la humedad también hace lo suyo. Las calles de tierra muestran secuelas del aguacero del sábado. Por momentos, llovió con furia y el barro es el protagonista. Sin embargo, Braian ya está listo para salir a correr. Desde las 7 está despierto. Prefiere desayunar y prepararse con tiempo, mientras aguarda a Federico Sandoval, su amigo de la vida. Ya pasó Singapur, donde se coronó el mejor lanzador de jabalina en los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud. Esa medalla de oro que es su orgullo y el de su familia. En realidad, es el orgullo de todo Marcos Paz que lo siente como su niño pródigo. Sabe que tendrá más de una hora de trote intenso. No quiere dar ventajas. A pesar de que es una época del año en la que la mayoría de los atletas descansan tras una temporada cargada de compromisos, Braian no detiene su marcha y continúa entrenándose con la misma intensidad de siempre. No le gusta perder días. No se conforma con el enorme talento que posee. Es un hijo del sacrificio y no se permite salir de la rutina diaria. "Me gusta entrenarme", comenta a secas, y sale de la precaria casa con techo de chapas y ladrillos de barro, inmersa en el barrio Martín Fierro. 

Mientras elonga apoyándose en un frondoso pero añejo árbol, observa la casa de material que pronto habitará. "Está quedando muy bien", dice con una sonrisa que deja escapar la satisfacción por lo conseguido? hasta ahora. Sabe que le falta mucho recorrido aún. Con Osorio, su descubridor, entrenador y amigo, piensan a diario en ello. "Braian sigue siendo un diamante en bruto que todos los días quiere mejorar y aprender. No se conforma nunca y me pide siempre un poco más", analiza su instructor. "Siento que todavía no hice ni logré nada. Tengo mucho por hacer. Hay que perseguir el sueño sin que se te escape, porque si se te escapó es difícil volver a encontrarlo", apunta Braian. Claro, la ilusión permanente por destacarse, por ser el mejor en lo suyo, no lo desvela. Pero lo mantiene alerta para no desviarse. "Tengo que tener siempre los pies sobre la tierra", razona en voz alta. Y agrega: "Ser el mejor no implica creértela. A Singapur iba como favorito, pero con eso no me alcanzaba para ganar. Una vez me confié y perdí en un Nacional de cadetes en el Cenard [Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo]. Eso me sirvió mucho". 

Transcurren casi 90 minutos y Braian regresa de correr. Vuelve a saludar e ingresa en la humilde casa, que pronto será un recuerdo de lo adversa que ha sido su niñez. "No la vamos a tirar abajo. La usaremos como cuartito. Es parte de nuestra vida", cuenta Rosa Idalgo. Rosa es su mamá. Tiene 36 años, pero parece de muchos más. La tez reseca y curtida da cuenta de ello. Su vida, siempre destinada a criar a sus tres hijos. "Soy madre y padre a la vez. Pero no me quejo. Disfruto a mis hijos", resume. 

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10 de Diciembre de 2016|17:29
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