Deportes

Los "petrodólares" cada vez más futboleros

El dinero árabe que proviene del "oro negro" está cada vez más interesado en absorber el mundo de los deportes occidentales y, por supuesto, al más convocante: el fútbol. Desde el Mundial de Clubes hasta el acuerdo firmado por la camiseta del Barcelona -impoluta durante 111 años- pasando por el estadio del Arsenal hasta llegar al Mundial 2022.

El interés del mundo árabe, o del poder económico árabe, sobre el deporte occidental no es reciente. Desde hace muchos años existieron jeques que ofrecían cifras siderales de dinero para ver un set entre Vilas y Borg o para que Pelé jugara un partido con sus amigos.

Pero en los últimos años el embate del poder de los “petrodólares” del Medio Oriente por adquirir porciones claves de las pasiones de multitudes ha sido feroz. Se le comenzó a dar importancia a los torneos de tenis en Dubai, con excéntricas presentaciones como un partido en un helipuerto en la cima de un hotel entre Federer y Nadal. Se construyó el magnífico circuito de Bahrein para la Fórmula Uno y se convirtió en una fecha infaltable del calendario de la máxima categoría del automovilismo mundial. Así se puede enumerar otros ejemplos pero vamos a intentar centrarnos en el fútbol.

El interés de los jeques por el futbol existe desde hace tiempo, pero no fue hasta principios de este milenio que empezaron a interceder seriamente en el mundo de la redonda. Antes acostumbraban a ofrecer sumas enormes a las grandes figuras por una cena, un partido exhibición o la simple asistencia a un cumpleaños, pero a comienzos de la primer década de este siglo pasaron a la acción directa. Al mejor estilo del  Cosmos estadounidense, la Liga Qatarí (el Emirato más interesado en el fútbol desde que organizó el Mundial juvenil 1995 que ganó Argentina) contrató a las figuras de los 90 en Europa, entre ellos a Gabriel Batistuta, Romario, Claudio Caniggia, Okocha, los hermanos De Boer y el alemán Stefan Effenberg.

No habiendo resultado de la mejor manera el intento de sumar a grandes talentos en la declinación de sus carreras pese a que la liga local creció, los qataríes fueron por más. Desde 2007 consiguieron hacer desaparecer a la vieja “Copa Intercontinental” que se jugaba en Japón para organizar en Abu Dhabi el “Mundial de Clubes”, el torneo de los campeones de cada continente.

Como apéndice de esto podemos nombrar al jeque que adquirió el Manchester City y cada año invierte cifras astronómicas en contrataciones, o al Arsenal cuya camiseta y estadio llevan el nombre de una aerolínea de bandera de uno de los Emiratos petroleros.

Pero nuevamente no se detuvieron ahí. En los últimos quince días dieron dos golpes fundamentales sobre dos símbolos del deporte rey. Con una candidatura impulsada por el dinero, los estadios increíbles y las propuestas casi cinematográficas, el pequeño Emirato consiguió superar a Estados Unidos y a Japón entre otros y conseguir organizar la Copa del Mundo 2022.

El último y más reciente logro es que después de 111 años de historia, la camiseta del Barcelona que jamás lució una publicidad, llevará a cambio de 165 millones de euros el nombre de la “Qatar Fundation” que es propiedad del Estado qatarí.

El avance es innegable y a pasos agigantados, con un poder económico inconmensurable y una FIFA que cuando de dinero se habla se muestra más que permeable, habrá que ver cual es el próximo logro de los hombres de los pozos de petróleo del desierto y de los autos caros sobre la pasión de multitudes.
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10 de Diciembre de 2016|13:31
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