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Barcelona y Real Madrid, o el choque de estilos

El Barça y el Merengue llegan al clásico goleando. Se disputan el primer puesto de la liga y el cartel de mejor equipo de la actualidad. Barcelona, desde Rijkaard, califica entre los mejores de la historia.

La llegada de Mourinho y los refuerzos que balancearon el plantel mejoraron a Real. El equipo récord de Pellegrini, aún cerca de Barcelona en las estadísticas, estaba lejos en el juego. Bastaron tres o cuatro jugadas de los de Guardiola en el Bernabéu para exponer que ese Madrid estaba al límite de sus posibilidades (o acaso por encima).

Mourinho ostenta un gran mérito: armó un equipo desafiante, sólido y agresivo. Y lo consiguió muy rápidamente. Los refuerzos juegan con asombrosa naturalidad. Y este Madrid no se parece nada al Inter 2009/10. Es notable la capacidad del entrenador portugués para producir equipos que la idiosincrasia de cada país (y de cada club), reclama. Ni España ni la Casa Blanca hubieran tolerado semejanzas con Inter. "Muy bien -se habrá dicho Mourinho-, jugaré como ustedes quieran."

Barcelona es la excelencia. Jugar tan bien, y durante tanto tiempo, sólo les está reservado a los cuadros de época; y Barcelona lo es. Sin ser un equipo apresurado, el Madrid prefiere llegar rápido al final. Para Barcelona, el final es importante, claro, pero antes prefiere hacer una buena descripción. Entiende que por más apasionante final que tenga, todo libro necesita un buen nudo: la posesión, la prolija elaboración de la jugada son pasos imprescindibles para un buen cierre.

El Madrid es calculador, capaz de adecuarse a los ánimos del partido. Interpreta cada momento del juego de acuerdo con lo que necesita y en función de lo que posee. Barcelona desprecia ese análisis. No resigna protagonizar el trámite bajo ninguna circunstancia. Aun derrotado, no se recuerdan partidos en los que globalmente haya sido dominado. Si por alguna razón Guardiola tuviera que desprenderse alguna vez de sus ideas, seguro dejaría el dominio y los extremos para el final.

Hay mucho más que un duelo entre Messi y Cristiano. Ese enfrentamiento es para los carteles. En cada zona del campo se cruzarán Dani Álves y Ronaldo, Xavi y Xabi Alonso, Iniesta y Khedira, Busquéts y Özil, Higuaín y Piqué o Puyol, Messi y Carvalho o Pepe, Villa y Sergio Ramos, Di María y Abidal. El Madrid tiene un impacto demoledor, y no tiene piedad cuando un rival se equivoca. Si su juego tuviera música, sonaría como la mejor banda de heavy metal. Barcelona, en cambio, suena como una sinfónica. Real Madrid es el mercado, el equipo mundializado y global. Barcelona, regional y de su cantera.

El lunes chocarán dos estilos, dos maneras distintas de sentirse grandes. Barcelona-Real Madrid excede a España. Es más un derby mundial que de su propia liga. Un torneo que ambos protagonizan excluyendo al resto, o en todo caso sometiéndolos a sus mandatos, no puede presentarse como la coyuntura del clásico. Sin equivalencias en el reparto, la calidad de la competencia va camino a desmejorar. Y ésa no es una tendencia que vaya a favorecer a las dos grandes potencias. La liga española es un duopolio, y entre ellos juegan su propio campeonato.
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7 de Diciembre de 2016|13:44
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