Un ciclo para repensar la vigencia de Tolstoi

A un siglo de su muerte y en sintonía con otras actividades realizadas en distintas ciudades del mundo, mañana comenzará en la Biblioteca Nacional un ciclo de homenaje al autor de "Anna Karenina" y "Guerra y Paz".

La muerte sorprendió a Tolstoi el 20 de noviembre de 1910 en la pequeña estación ferroviaria de Astápovo, lejos de su hogar y su familia, que decidió abandonar diez días antes de su muerte tras dejar una nota en la que relataba que había decidido acabar su vida en soledad.

Por esos días, el escritor enfermó de una grave neumonía y encontró la muerte en la humilde casa de un guardia ferroviario.

Desde entonces se multiplicaron las hipótesis de biógrafos e historiadores que intentaron hallar las razones que lo llevaron a abandonar todo con apenas un poco de dinero en los bolsillos.

Aristócrata frívolo en su juventud, Tolstoi terminó autodefiniéndose como un "anarquista cristiano". Creía en el valor de los trabajos campesinos y artesanos, detestaba la vida disoluta y ociosa que había disfrutado en su juventud. Fue esposo y padre de 13 hijos y alguna vez escribió: "La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que sé me ha sido dado por el corazón".

Cien años después de su muerte sus aportes a la literatura parecen no haber perdido vigencia: de hecho, su nombre sigue siendo incluido en las listas de los clásicos mundiales, en varios países continúan rodando películas basadas en sus libros y hasta la revista Newsweek eligió el año pasado a "Guerra y Paz" como la mejor de todos los tiempos.

Escrita a lo largo de medio siglo, la obra de Tolstoi forma parte de la edad de oro de la novela realista, en el siglo XIX, que acató fielmente la consigna excluyente de la literatura: indagar acerca del sentido más profundo de la existencia del ser humano en toda su complejidad.

Al escritor ruso no se le escapó nada desde que decidió escribir, desde la alegría y la tragedia hasta los grandes acontecimientos históricos, pasando por distintas semblanzas del hombre del pueblo y el aristócrata, la injusticia y la hipocresía social.

"Anna Karenina", novela donde relata una febril pasión adúltera, fue considerada una ilustración de la crisis espiritual que vivió en la década de 1870. El escritor ruso Vladimir Nabokov (autor de "Lolita") no titubeó en calificarla como "la mejor novela de amor de todos los tiempos".

Su denuncia a las instituciones políticas y al servicio militar, su anarquismo pacifista, su vegetarianismo, su rechazo a la sociedad urbana y su ingenuo retorno a la naturaleza formaron parte de su personalidad y aportaron a su grandeza literaria.

Liev Nikoláievich Tolstói –tal su nombre completo- escribió "Guerra y paz" con 41 años, y terminó "Anna Karenina" ya cumplidos los 49. Luego regresó a su pueblo, a vivir junto a los campesinos que tanto amaba: allí fundó escuelas, se instaló en una casa sencilla, ejerció el oficio de zapatero y acabó su vida renegando de sus libros y hasta de su familia.

De "Guerra y paz" llegó a decir que había sido "una orgía a la que me entregué en cuerpo y alma" y que sentía "arrepentimiento y vergüenza" cuando la leía. Y hasta culpó a Beethoven, su compositor preferido, de la decadencia de la música contemporánea.

El encuentro que comenzará el martes en la Biblioteca Nacional con la participación de distintos representantes de la cultura, nacionales y extranjeros, repasará justamente su vida y su influencia en el ámbito del pensamiento, la literatura y la sociedad a lo largo del siglo XX.

El ciclo se extenderá hasta el viernes y contará con la presencia de su tataranieto Vladimir Tolstoi, además de otras visitas como la traductora catalana del escritor, Selma Ancira; Tamara Djermanovic (oriunda de Belgrado y reconocida autoridad en estudios eslavos); el brasileño Bruno Comide y el chileno Jaime Galgani, de la Universidad Católica Silva Henríquez.

Por el lado de los exponentes nacionales estarán Claudio Ingerflom (estudió en Rusia y se doctoró en Historia, por la Sorbonne) y Gustavo Perednik (graduado de las universidades de Buenos Aires y Jerusalén y completó en Nueva York sus estudios de doctorado en filosofía).

La semana dedicada al escritor está respaldada por la Biblioteca Nacional, la Universidad Nacional de San Martín a través del Centro de Estudios sobre los Mundos Eslavos y Chinos (CEMECH) y la Embajada de la Federación de Rusia en la Argentina.
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