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Boca: ¿quiénes son los culpables de la crisis?

La bandera contra el plantel dejó en claro que mañana habrá un clima caliente contra Arsenal. La interna en el vestuario explotó en el plano dirigencial. Ameal se jugará su última ficha con Falcioni, quien asumiría en enero próximo.

“Ni una gota de sangre. Boca: ganar o morir”, esa frase en la bandera que colgaron un grupo de hinchas, por unos minutos en La Bombonera, dejó en claro el malestar de los “xeneizes” con su equipo. La derrota en el Superclásico fue el golpe al mentón que hizo tambalear la estructura azul y oro y que ya le sacó a una de sus patas: el entrenador. Como si eso fuera poco, ahora la mira está en los jugadores y los dirigentes, que se pelean entre ellos para definir el entrenador. ¿Quién tiene la culpa de este mal momento?

Es repartida, porque la libertad con la que se manejan los jugadores tiene que ver con lo dirigencial, un plano que no para de cometer errores. La crisis no se arregla con traer jugadores o cambios de entrenadores cada seis meses (con suerte), sino con proyectos donde Boca sea más importante que los propios futbolistas y directivos.

El vestuario dividido, entre los que siguen a Martín Palermo y Juan Román Riquelme, es una muestra clara del momento que atraviesa el club. No sólo hay internas entre los jugadores, sino también entre los dirigentes. La constante lucha de poderes deforma todo tipo de gestión.

Ahora los jugadores declaran que son los culpables del mal momento. Así lo manifestó Riquelme en la reunión de referentes con Jorge Amor Ameal, un presidente en un estado de confusión permanente, que se jugará su última ficha con Julio César Falcioni, que con seguridad asumirá en enero, salvo una catástrofe.

El propio presidente disparó que contra River el equipo “no tuvo actitud”, a la vez que el tesorero Daniel Angelici, el mismo que no quería renovar el contrato de Riquelme, agregó: “No es un problema de técnico, sino de plantel”.

Boca es un ambiente caldeado, donde las paredes transpiran las palabras que se dicen puertas abiertas, donde Viatri acusa de “buchones” y Cellay de “falta de intimidad”. Donde los dirigentes ya se cansaron de los jugadores y los hinchas de ambos. Ayer hasta Palermo se llevó un reto del grupo que colgó la bandera de la bronca. Le preguntaron si estaba cansado. A Cellay le recordaron que no estaba en Estudiantes y les preguntaron al resto si estaban “cómodos”. Mañana los hinchas serán el termómetro en el partido ante Arsenal. La temperatura podría ser al rojo vivo.

Boca arde. En el todos contra todos, las patas de la mesa se aflojan con facilidad. El problema no es si se salen, sino que que nadie quiere ponerlas en su lugar.
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