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Reaccionó: el día en que River desempolvó otro espíritu

La victoria por 1-0 sobre Boca le abre paso a la continuidad de Juan José López: un viaje sin escalas, de las dudas al desahogo.

Tanto sufrimiento no podía acumular un tropezón más. El telón de desencanto y silbidos que acompañó las últimas despedidas de River no podía repetirse. Menos en un superclásico, siempre un partido especial. Distinto. Pero el mágico mandato de los resultados cambia los sentimientos y condiciona las sensaciones. Por eso el conjunto del flamante técnico Juan José López, porque ahora sí puede asegurarse el comienzo de un nuevo ciclo, se marchó ahogado por la euforia local, en el medio de un ambiente de color y emoción, mucho menos nervioso que de costumbre. Sí, los mismos jugadores, los mismos dirigentes, que llegaron a estar agobiados, comprometidos y asfixiados después de la caída con All Boys y del posterior despido de Angel Cappa. Tal vez por eso tanta liberación en ese cabezazo de gol de Jonatan Maidana que le dio el triunfo, que le regaló felicidad? que le dio paz. Un viaje sin escalas de las dudas al éxtasis. Una metamorfosis apasionante, un carrusel emocional.

Durante unos cuantos segundos, uno de esos momentos en los que el tiempo parece transcurrir con diferente intensidad después de los partidos, se generó una energía particular en el vestuario millonario y J.J. López, un "soldado de Passarella" y un reconocido discípulo de Angel Labruna, quedó en el centro de todas las miradas. El flamante entrenador repitió la pregunta: "¿Y Daniel? ¿Y Daniel? ¿Dónde está?" Fue entonces cuando le comunicaron que el presidente de River debió dejar el Monumental cinco minutos antes del final porque internaron de urgencia a su madre. El rostro de "el Negro" mutó y se apartó de las palmadas de ocasión, esas que anuncian el punto de partida de una enorme ilusión que divisa un horizonte más allá de este superclásico.

Aunque insista en que su función en River es la de "director general de las divisiones inferiores", J.J. López sabe que con este triunfo puede seguir como técnico y que si perdía no iba a tener muchas posibilidades de continuar este sueño impensado. Todos entienden este juego y los dirigentes también asumían en la intimidad que el despido de Cappa proponía un escenario a todo o nada. Sin dudas, la derrota ante Boca obligaba a acelerar los tiempos para buscar un técnico definitivo. Había sido contundente Passarella ante los miembros de la comisión directiva el viernes pasado: "No creo que Jota Jota sea un técnico interino. Ojalá le vaya bien, aunque quiero aclarar que con esto no estoy confirmando nada. Ahora el dilema es ver cómo se va resolviendo este momento complicado, porque a veces lo que uno busca afuera por ahí lo tiene en casa".

En este superclásico, River se reinventó. Desempolvó otro espíritu, otra voracidad..., otra vitalidad. La que le imprimieron Roberto Pereyra (19 años) y Eric Lamela (18), jóvenes que pueden acceder con más frecuencia a los carteles de neón. La renovación en una formación que se catapultó desde una actitud irreverente y productiva. Respaldada por el esfuerzo irrenunciable de jugadores como Maidana, Acevedo, Almeyda y Pavone, de los más aplaudidos. Una combinación que ofreció todas las soluciones imaginables para torcer los antecedentes y teñir de rojiblanco al superclásico. Ellos asumieron naturalmente la responsabilidad y no defraudaron a nadie. Como alguna vez lo hicieron la camada de J.J. López-Passarella y Alonso, entre otros, ayer los posibles herederos aceleraron esa impresión de recambio que desde hace un tiempo se pide a gritos en Núñez.

Es verdad que el campeonato ingresó en su tramo final y los próximos 15 puntos aún pueden encerrar un sinfín de sorpresas, pero lo concreto es que la victoria sobre Boca le permitió a River picar en el trampolín de la esperanza. Aún sabiendo que se está jugando cosas importantes, como por ejemplo la lucha por la permanencia, que todavía lo encuentra en la zona de Promoción. Por eso la lucha del club de Núñez no se termina con este triunfo.

Sólo el tiempo dirá si el resultado de ayer terminará siendo un envión anímico. El día en que River refundó sus sueños y abrió una grieta en el corazón xeneize, también empezó a rodar la impredecible historia que siempre rodea a un superclásico. Un nuevo capítulo queda abierto.

Fuente: Canchallena.com

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8 de Diciembre de 2016|20:51
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