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El desafío argentino en la Copa América

La necesidad de recuperar la senda del triunfo y un estilo de juego se enmarcan en la gran apuesta organizativa para la versión 2011 del torneo. El camino se inició ayer, en La Plata.

Esta vez, la polémica no pasó por la temperatura de las bolillas sino por una información que circuló en la víspera del sorteo de la Copa América 2011: una página de internet publicó los (supuestos) rivales de la selección argentina con anticipación, particularidad que despertó alguna expectativa extra a lo que en sí mismo era un trámite burocrático. Entonces, Paraguay, Venezuela y Ecuador surgían en el horizonte del equipo de Sergio Batista.

Nada más alejado de la realidad, confirmada apenas horas después, cuando salió el primer papelito y el secretario general de la Conmebol, Eduardo Deluca, cantó Colombia. Al final, el Grupo A se completó con Japón, verdugo en el amistoso del 8 de octubre pasado, y Bolivia, el rival del debut (el 1 de julio en La Plata y no el 3 como se anunciaba en la previa) y acaso el más débil del torneo.

¿Qué dejó la imponente ceremonia realizada en el Teatro Argentino de La Plata? En lo futbolístico, la buena sensación de integrar un grupo "accesible", con el agregado de la oxigenación que supone el comienzo de una nueva era (y sin la necesidad de incurrir en un recambio generacional traumático), esta vez a cargo de Batista, quien no dudó a la hora de marcar el objetivo: ganar la Copa.

Desde lo organizativo, la gratitud de convertir al torneo continental más antiguo del mundo en una verdadera fiesta federal, con ocho sedes, contra las tres que se utilizaron en 1987 (última edición en suelo argentino). Capital Federal, Córdoba, La Plata, Jujuy, Mendoza, Salta, San Juan y Santa Fe serán las ciudades que albergarán la competición, que se extenderá desde el 1 al 24 de julio de 2011 y tendrá como principal sponsor al Banco Santander.

La Plata será la gran atracción del campeonato. Allí se jugarán 6 partidos, incluido el inaugural. El Estadio Único está en vías de una novedosa remodelación: un techado que costará alrededor de 60 millones de pesos. Argentina podría utilizarlo dos veces, entre la presentación (el partido número 700 en la historia del torneo) y una hipotética semifinal en caso de clasificarse primera en el Grupo. Si así lo hiciera y Brasil terminara en la misma posición de la zona B, los dos gigantes del continente sólo se cruzarían en la final.

Pero antes el equipo nacional deberá recorrer un largo trayecto, porque de la ciudad de las diagonales se mudará a Santa Fe para jugar cinco días después ante Colombia. Finalmente, cerrará la primera fase frente a Japón, en Córdoba, el 11 de julio. Para entonces habrá recorrido 858 kilómetros, una distancia a mitad de camino entre los escasos 158km que viajarán Chile y Perú y los 2.624 que hará Bolivia al cabo de los primeros diez días de competencia.

Argentina buscará en este torneo no sólo olvidar el mal trago de Sudáfrica sino reencontrarse con su mística copera, aquella que dejó olvidada en las lejanas jornadas de 1991 y 1993, que representan al día de hoy los últimos títulos de la albiceleste mayor. También tiene una inmejorable oportunidad para despegarse de Uruguay, con la que comparte el primer lugar en la tabla histórica de la Copa América a costa de 14 conquistas cada una. Y, por qué no, servirá para deshacerse de esa imagen de la mencionada edición de 1987, cuando decepcionó en casa de la mano de un equipo que venía de consagrarse campeón del mundo con el mejor Maradona.

El desafío, en fin, será el de recuperar un estilo que eche un poco de luz en el camino rumbo a Brasil 2014. Están la materia prima y las buenas intenciones. De no subestimar a los rivales también puede depender el éxito. Bolivia nos dejó recuerdos nada gratos (6-1 en La Paz) y ahora busca su reconstrucción, de la mano de "un cambio en la estima y la mentalidad de los jugadores", tal como sugirió su entrenador, Gustavo Quinteros, a Infobae.com.

Colombia es otra incógnita con deseos de volver a ser, nuevamente con Hernán Darío Gómez como capitán del barco, mientras que Japón ya demostró que dejó de ser un equipo en vías de desarrollo para convertirse en una verdadera amenaza. Tanto, que el representante nipón lanzó el desafío en la ceremonia de ayer: "No sé cómo nos irá en el fútbol, pero somos los campeones mundiales del tango". Lindo desafío, pues, para ser el anfitrión, y ofrecer "felices horas al compás del corazón". Como dice la canción
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10 de Diciembre de 2016|23:20
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