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Borrachos de terror y poder

La interna de la barra de River recrudeció por el reparto de casi un millón de pesos de ingresos por reventa de entradas y estacionamiento en los recitales y el Superclásico.

En la vereda, a metros de la parroquia Santiago Apóstol, sobre la avenida Udaondo, cuando empezaron a moverse las camionetas 4x4 y los autos tunnings estacionados sobre la calle, se oyó la frase: "Es lo de siempre, la interna, los de Hurlingham vinieron con todo, hay que mostrarles los fierros" . Menos de una semana antes del superclásico, la batalla por la propiedad del centro de la tribuna "millonaria" tuvo otro capítulo sangriento que fue presenciado por numerosos testigos. El despiadado enfrentamiento entre barrabravas de River, a tiros, anteanoche, en las cercanías del Monumental, luego de una misa en memoria del asesinado hincha Gonzalo Acro, es una clara demostración de que se terminó la tregua. Y de que la guerra entre Los Borrachos del Tablón promete seguir alentada por intereses particulares y la complicidad de distintos eslabones. 

La pelea tuvo lugar cuando en el medio de un nutrido tránsito aparecieron los barras denominados "Los Patovicas de Hurlingham" e intercambiaron una decena de disparos de armas de fuego con los que ellos identifican como los "barras oficiales", que salían de la misa que mensualmente se realiza en memoria de Acro. La historia de un nuevo enfrentamiento es consecuencia de todo un trasfondo de poder que, en la cercanía del partido con Boca y los tres recitales de esta semana (dos de Paul Mc Cartney y uno de Jonas Brothers), que dejan exorbitantes ganancias en reventa de entradas, estacionamiento, merchandising y demás, motivó a los barras a salir a escena. Se calcula que en total se recauda aproximadamente casi un millón de pesos en todo concepto, que incluiría el servicio de hacer pasar gente por una puerta "habilitada" en los espectáculos musicales. 

Ante este escenario, "Los Patovicas de Hurlingham" quisieron recuperar un espacio que perdieron desde que las altas esferas del club de Núñez instalaron el mensaje "se matan entre ustedes y después nos vienen a ver" . Como se sabe, después de la muerte de Acro, la barra de River sufrió bastantes cambios en los últimos tiempos. Especialmente después de que Adrián Rousseau decidió cambiar de estrategia, mostrarse menos y retirarse de la conducción. El mismo que aquel 11 de febrero de 2007, en los quinchos del club, había dado la orden de que la banda de Palermo y la del Oeste no podían formar más parte de Los Borrachos del Tablón. 

La segunda línea de Adrián de entonces es la que comanda la actual barra "oficial", encabezada por Héctor Guillermo "Caverna" Godoy, Alberto Martín "de Ramos" Araujo y Joe (conocido por todos como "el Gran Eduardo" y al que se lo habría visto mostrando un revólver, desafiante, en la esquina de Bavio y Agote, donde fue la emboscada de los 15 "Patovicas de Hurlingham"). Tras el cambio de autoridades, la nueva dirigencia dejó que las cosas se acomodaran solas, hasta que uno de los hombres cercanos al presidente Daniel Passarella sufrió un hecho que no terminó mal de milagro. Cobró fuerza la idea de tejer una especie de alianza para comprar buen comportamiento a cambio de permitir la organización de rifas, logística para la hinchada e incluso la venta de entradas para el interior del país. Y en este último rubro estaría aún relacionado Rousseau, con una fuerte vinculación con las filiales, un ámbito para proyectar poder con menos exposición que antes. 

"Los Patovicas de Hurlingham" es liderado por Hernán Taboada y "el Turco" Stambulli y agrupa a los "del Oeste", Floresta y Zona Norte. Son los mismos que en la primera fecha del torneo aparecieron con remeras con la leyenda "200 guerreros vuelven". Desde el lado de los "oficiales" dicen con orgullo que, como hizo Adrián en la Batalla de los Quinchos, "Los Patovicas" deben ser desterrados. 

Con respecto a lo sucedido anteayer, se comentó que hubo un herido que no fue registrado por la policía, pues de acuerdo con algunas versiones fue trasladado en un vehículo de color negro a un centro asistencial lejano al lugar de los hechos (habría recalado en Tigre). Testigos aseguran que hubo varias corridas y un desenfrenado movimiento de vehículos, y muchos de los barras se comunicaban entre sí a través de sus teléfonos celulares. La manifestación de una violencia que obliga al fútbol a seguir siendo rehén de una guerra que nadie sabe cómo terminará. 
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Opiniones (1)
4 de Diciembre de 2016|17:49
2
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4 de Diciembre de 2016|17:49
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  1. seguimos presos de esta gente bandas que comandan el futbol los recitales los estacionamientos todos con nombre y apellido pero libres y con poder
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