Hitler, los mitines de cerveza, su fallido golpe de Estado y la idea de suicidarse

Hoy se cumplen 87 años del 'Putsch de Munich', aquel levantamiento dirigido por el 'Führer' contra el régimen alemán formado tras la Gran Guerra. Reuniones de abundante cerveza, intento de golpe de Estado y la idea de suicidio de Hitler. Recuerdos de una etapa poco conocida del nazismo, previo a la incursión al frente de Alemania.

El fin de la Gran Guerra -conocida a posteriori como Primera Guerra Mundial- marcó profundamente a toda una generación de jóvenes alemanes que veían en el Tratado de Versalles una barrera para la prosperidad de su nación. Básicamente, mediante la firma del acta, el Estado germánico asumió su culpabilidad en la contienda y debió afrontar fuertes costos económicos y geográficos.

Dentro de este panorama, a comienzos de la década del '20, comenzó a gestarse el Partido Nazi, influenciado por otros movimientos nacionalistas que daban sus primeros pasos en Europa, como el dirigido por Benito Mussolini en Italia. Adolf  Hitler, Hermann Göring, Alfred Rosenberg y Rudolf Hess fueron algunos de sus referentes.

Hitler fue el impulsor del levantamiento.

Por aquellos días, las reuniones políticas en Alemania se desarrollaban en grandes cervecerías. Respetuosos de la tradición, los jóvenes nacionalsocialistas realizaron sus primeros encuentros en la Bürgerbräukeller, el establecimiento más importante de Munich durante la primera mitad del siglo XX. Y como no podía ser de otra forma, éste será el escenario en el que Hitler irrumpirá en la vida político-militar de su país.

El  8 de noviembre de 1923, el 'Putsch de Munich' daba sus primeros pasos. A mediatarde, unos 600 hombres afines al nazismo ingresaron en un mitín que presidía el gobernador de Baviera ante 3000 personas. Hitler y sus seguidores bloquearon los ingresos y declararon el comienzo de una nueva etapa: "¡La revolución nacional ha estallado!", exclamó el 'Führer' luego de disparar al techo de la cervecería.

Sin embargo, y a pesar de mantener la situación bajo control por algunas horas, el levantamiento fue reprimido al día siguiente, el 9 de noviembre. La ingenua liberación de los hombres del Gobierno retenidos en la Bürgerbräukeller (Erich Ludendorff dejó que se fueran bajo el "compromiso con la revolución") posibilitó que se dieran órdenes a la Policía de acabar con las manifestaciones que quebrantaron el orden.

Ante lo acontecido, Hitler huyó y se refugió en la vivienda de un amigo, donde pasó dos largas noches escondido. Según trascendió posteriormente, allí habló de su idea de suicidarse, ante un inminente fusilamiento, medida que se aplicó a 14 jóvenes nazis. Sin embargo, el caudillo alemán obvió esta opción y -tras ser arrestado- fue juzgado por alta traición.

Hitler llegó al poder en 1933 por el voto popular.

Lejos de recibir una fuerte condena, el 'Führer' fue sancionado con cinco años de prisión, de los cuales sólo cumplió nueve meses. Incluso, durante ese período se permitió el ingreso diario de visitantes.

Lejos de considerarlo un fracaso, Hitler tomó esta experiencia como una enseñanza: la imposibilidad de conquistar el poder a través de la insurrección. A partir de esos días de noviembre de 1923, centró sus energías en la consolidación de un partido de masas que, finalmente, lo depositó en el poder de acuerdo a la Constitución.

Fuente Wikipedia.

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