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Oberto, el primero de la Generación dorada

Fabián García director de la revista Básquet Plus le dedica en su blog una nota muy particular a Fabricio Oberto, jugador argentino que ayer anunció su retiró del deporte por una arritmia cardíaca que ponía en riesgo su salud.

El año fue 1993. Fue el año en el que todo el país empezó a hablar de él. De un cordobés de Las Varillas flaquito, muy alto, que tenía algo especial. Era Fabricio Oberto y llegaba a la Liga Nacional muy verde, valga la redundancia. 

Tardó muy poco en desplegar su enorme talento (en base a trabajo) y rápidamente fue convocado a la selección mayor, al menos como camiseta celeste, por Guillermo Vecchio, para que viajara con el equipo que jugó el Mundial de Canadá en 1994, previo paso por los Juegos de la Buena Voluntad de San Petersburgo.

En 1995 ya integró el plantel en los Panamericanos de 1995, donde fue parte del campeón, en Mar del Plata. La primera vez que se ganaba ese título en la historia. Y de ahí en más no paró.

Siempre recuerdo, cada vez que hablo de Fabricio, y no me cansaré de repetirlo, su enorme humildad. El año 1998 fue, quizá, el de su gran despegue. Pocos meses antes del Mundial de Grecia, cuando la revista Básquet Plus estaba por salir, decidimos hacer un número 0 para la preventa comercial y le pedí a Fabricio hacer una producción fotográfica para ese ejemplar (que jamás vería la calle, obvio), aprovechando su presencia en Buenos Aires con Atenas.

Fabri no sólo aceptó, sino que nos acompañó hasta el lavadero donde descansaba el juego de camisetas de Atenas, cerca del Hotel La Perla, para recuperar una camiseta suya para poder hacer las fotos. Se la pasó toda la tarde con nosotros, pese a que esa noche jugaba.

Después vino lo que todos sabemos: enorme Mundial en Grecia (quinteto ideal), pase millonario al Olympiacos y una historia deportiva plena de éxitos y, sobre todo, de gestos de buena gente, aún en sus errores.

A mi modo de ver, Oberto fue el gran inspirador de la Generación de Oro. Porque fue el primero en surgir al ruedo internacional con desequilibrio, por edad, y porque lo hizo en un puesto en el que, desde Finito Gehrmann, Argentina no había podido encontrar una figura de fuste.

De Fabricio se podrían destacar tantas cosas que resultaría casi monotemático. No habrá nadie en ningún sitio que tenga algo malo para decir de él. Sus compañeros lo adoraron en cada equipo por el que pasó porque, ante todo, Fabri siempre tuvo consciencia de que el trabajo en grupo era el único posible para llegar a un objetivo. Se lo reconocieron todos, incluso los que alguna vez peleaban de alguna manera los minutos con él, como Luifa Scola, quizá su admirador más increíble.

Con 3 Juegos Olímpicos y 4 Mundiales encima, más títulos en casi todos los lugares donde jugó (¡qué bueno que se haya dado el gusto de ganar un título NBA, su gran sueño!), Fabri hoy tomó la decisión de dejar el básquetbol luego de otro episodio cardíaco preocupante.

No tengo ninguna duda, aunque no lo haya hablado con él, que la imagen de su gran amigo Gabriel Riofrío le debió aparecer en la cabeza mil veces en estas horas. Riofrío, que se murió en una cancha de básquet por desoír también un problema del corazón, fue uno de sus compañeros del alma, y Oberto nunca dejó de recordarlo con camisetas alegóricas en cada triunfo, en cada éxito.

Oberto, de todos modos, más allá de las medallas y copas, se va con el mejor premio que se puede guardar cualquier deportista o persona: el reconocimiento absolutamente unánime de su generosidad, de su valor humano y de su solidaridad a lo largo de 17 años de profesional. Una pérdida enorme pero que, de algún modo, nos genera alegría. Supo parar a tiempo.

Por Fabián García / fabiangarcia@basquetplus.com
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