Deportes

El toro por las astas

Diego se peleó y se abuenó con todos. Socialmente controvertido y contradictorio, el D10S del fútbol se atrevió a opinar de todo y de todos a lo largo de su medio siglo de vida. A algunos, sólo nos importa lo que hizo como futbolista.

Debe de ser difícil estar y vivir en la piel de Diego Armando Maradona. Como un “niño más”, él que luego se convertiría en el ídolo deportivo más importante del planeta, se crió casi sin nada material y sólo con el afecto de su madre y su papá. Para muchos, esto sería todo.

Diego no llegó a completar estudios y la marginación social lo tocó de cerca, pero él, como miles de chicos más, sólo pensó en jugar a la pelota, en llevar a cabo su anhelo, en cumplir un sueño.

Siendo casi un chico, Argentinos Juniors le dio la posibilidad de debutar en primera y esa chance no la desaprovechó. Creció como jugador y tocó el cielo con las manos. Fue, y tal vez sea hoy por hoy, el hombre más convocante del planeta, ni más ni menos. Así de simple fue la vida de un personaje que, lejos de las grandes escuelas y educaciones pagas, se fortaleció con la calle y el potrero.

La popularidad, como a casi todos los que logran traspasar la línea del anonimato, le dio privilegios para poder opinar y transmitir al mundo sus impresiones de un universo muy particular. Muchas veces con contradicciones y lejos del sentido común, Diego se atrevió a disparar para todos lados y esto, en diferentes oportunidades, le costó demasiado caro.

Estuvo junto a su familia con el Papa y más tarde despotricó contra la iglesia católica;  dijo estar ciegamente con Carlos Bilardo y también lo trató de “traidor”; estuvo peleado a muerte con Julio Grondona y se abuenó tiempo después; trató a Oscar Ruggeri de “buchón” y para Sudáfrica 2010 el Cabezón era casi como su hermano. Ejemplos como estos sobran y de esa manera el más extraordinario deportista de todos los tiempos alimentó su fama.

Políticamente atrevido como pocos, controvertido y muy lejos de parecerse al Diego jugador, hoy más que nunca el pueblo argentino, que más de una vez lloró, rió, se emocionó e ilusionó con él, celebra su cumpleaños número 50. En tiempos dirigencialmente complicados y en un país tan castigado, él, como todo humano, se equivocó, pero también supo robarle una sonrisa y una lágrima de fantasía a un pueblo que extraña ver a más líderes con los colores celeste y blanco bien aferrados al corazón. 

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|04:58
2
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9 de Diciembre de 2016|04:58
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  1. ... que el cronista se parece a Nadal...
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