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Maradona y su pueblo, un matrimonio indestructible

Diego Armando Maradona es un personaje difícil de definir, creador de un amor incondicional con su gente que ni siquiera su peor enemigo (él mismo) pudo destruir. Intentemos meternos en el misterio de una idolatría que alcanza niveles cercanos a la locura.


A los argentinos la épica nos puede y si de futboleros hablamos esa condición se eleva a la décima potencia. La historia de este personaje está colmada de hechos difíciles de creer y de finales imposibles de adivinar. Irremediablemente cuando se habla de Diego y se buscan explicaciones llegamos a un argentinismo clásico: "y….es el Diego". Respuesta que suele aparecer en otras situaciones como “¿Qué querés? Esto es Argentina” o “ganó a lo Boca”. Maradona se define por si mismo, porque no hay una manera precisa de definirlo.

Maradona es el que arrodillaba ingleses con su talento o el que sentado, desfigurado, en el living de Susana reconocía que perdía el partido contra la droga; es el encantador padre que le admite por Telefé a sus hijas que se encierra a llorar pensando en ellas o es el enloquecido que le gritaba “la tenés adentro” en el Centenario de Montevideo a cualquiera que tuviera un micrófono encima; es el personaje sumamente obeso y con el pelo teñido que viajo a rehabilitarse a Cuba o el hombre delgado, renovado y alineado que condujo “La noche del 10”. La respuesta es que Maradona es todos, se transforma, muta, se modifica, se contradice, tropieza dos mil veces con la misma piedra, pero es Maradona.

Ahora bien, si es todos ellos, porqué la multitud que lo idolatra jamás le dio la espalda y de hecho lo recibió como un héroe después de haber caído en Sudáfrica víctima de sus propios errores, para este humilde servidor las respuestas son varias pero tratemos de desentrañarlas.

Nunca nadie le dio más alegría al pueblo que Maradona, para comprobar esto hay que preguntarse cuantas veces en la historia argentina tantos compatriotas fueron tan felices al mismo tiempo como con sus conquistas del 86. Desgraciadamente la hazaña del 78`queda opacada por la terrible situación que vivían miles de argentinos en los centros clandestinos de detención y desaparición de personas. Entonces Maradona, en un país donde los que les traen alegrías a los pobres no abundan fue ungido monarca, rey y hasta Dios; un dios pagano, con defectos, pecador, en definitiva un dios humano. Después de eso jamás le dio le espalda a esos que había hecho felices y que lo habían entronado. Nunca los desilusionó, porque sus actos muchas veces erráticos tenían siempre un solo perjudicado, una y otra vez, él mismo.

Por eso el cumpleaños número 50 de Diego Armando Maradona es para una gran multitud de personas motivo de festejo. En mi caso de agradecimiento, por hacer del deporte que me apasiona un arte, por sorprenderme en cada video, con cada movimiento que siempre parece tener algo nuevo, aunque lo haya visto mil veces, por enseñarnos a soñar que se puede, porque viniendo del barro nunca se arrodilló en el mármol del poder pero sobre todo por amar a la camiseta argentina y a lo que representa como ninguno y haberla llevado a los más alto.

 

 
 
 
 

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