Todos en la cama: él, ella y los demás

La infidelidad viola el pacto de confianza mutua de la pareja y se basa en el ocultamiento de una relación entablaba con una tercera persona. ¿Cuáles son sus causas? ¿Cómo empiezan las sospechas? ¿Cuántos tipos hay, cuánto puede durar? ¿Quiénes son los amantes? ¿Qué tan infieles somos los argentinos?

Decimos “mi mujer”, “mi hombre”, “mi marido”, “mi novia”, “mi compañero", “mi amante”. Siempre con el pronombre destacado, subrayando justamente tanto la posesión como el pacto sellado en un registro civil, el acuerdo vital privado que una pareja hace, o la promesa expresada en una ceremonia religiosa, al vincularse afectiva y sexualmente.

Se trata de un voto de fidelidad mutua a largo plazo en el que los miembros de la pareja se comprometen a la intimidad sexual y a la confianza de que el otro no va a compartir con una tercera persona ningún aspecto de su unión que ambos juraron recíproca como única y exclusiva.

El temor más antiguo del mundo

Pero, ¿qué es la infidelidad? El diccionario la define como “falta de fe”, “deslealtad”, “ruptura de la confianza”. No es necesariamente sinónimo de adulterio, ya que este concepto tiene acepciones legales y religiosas en tanto significa “violación de la fe conyugal” y, sabemos que la infidelidad afecta a tanto a parejas casadas como a las que están de novios o conviven; es decir, afecta a personas que mantienen una relación íntima, sean heterosexuales u homosexuales.

La infidelidad se define como “la decisión que toma un miembro de una pareja de iniciar una relación con una tercera persona, manteniendo oculta esta relación, mientras que el otro miembro de la pareja sigue creyendo que el compromiso de fidelidad sigue en pie”, escribe la investigadora argentina Janick de Oliveira Cézar en un trabajo más que interesante.

La clave de la infidelidad reside entonces, en violar el pacto de confianza mutua y en elegir mantener secreta la relación entablaba con una tercera persona.

La psiquiatra María Rosa Senet define la infidelidad como “la relación de tres personas en la cual se excluye a una de las tres”. Es decir, el infiel excluye a su pareja de su intimidad, la destierra.

“La mayoría de las aventuras empieza por la falta de cariño hacia la mujer y la falta de sexo hacia el hombre”, puntualiza el psiquiatra Willard Harley. Este es un círculo vicioso que uno de los miembros de la pareja decide romper.

Durante el noviazgo, el hombre dedica tiempo y cariño a la mujer que desea conquistar y mantener interesada. Pero luego, una vez formalizada la unión, el hombre no le dedica a la mujer más de quince horas por semana. Esto, obviamente, no logrará mantenerla a su lado, ni interesada en él y en sus asuntos. Es muy probable que también deje de ser atractivo para su mujer.

La respuesta masculina es entonces buscar en otra relación el cariño, el sexo y la necesidad de ser admirado que no supo mantener vivos con su propia pareja.

Un relevamiento entre mujeres cuyos maridos viajan con frecuencia demostró que la mayoría de ellas tarda dos o tres días en volver a acostumbrarse a su presencia en la casa. Pero no se da la recíproca entre los hombres: ellos se sienten “en su casa” en cuanto regresan y no parecen necesitar ninguna atención especial de su mujer para tener ganas de hacerle el amor, cosa que las mujeres sí necesitan. El refrán popular que dice “ojos que no ven corazón que no siente” es certero: el amor se nutre de la presencia atenta del amado.

Hay infinitas maneras de engañar al otro y no siempre tienen que ver con una relación sexual, puede tratarse de una correspondencia o del chateo erótico en Internet o de una amistad amorosa, pero siempre se caracteriza por el secreto que la rodea.

Y dado que las aventuras se dan siempre con una persona cercana al círculo del infiel, sea en el trabajo o entre las amistades, el mantener en secreto de una relación clandestina requiere un gran esfuerzo.

De la sospecha a la confirmación

En el proceso de la infidelidad hay cierta cronología que es posible seguir. Si en una pareja hay desequilibro de poder, hecho que sobre todo alimentan las mujeres en tanto ceden el control (económico, sexual y de esparcimiento) al hombre; si existen secretos y mentiras que desorientan las percepciones del otro y si se instala entre ellos cierto distanciamiento emocional, la infidelidad se hará presente para desatar una crisis.

El distanciamiento emocional del infiel provocado por la necesidad de ocultar sus acciones despierta las sospechas del otro cuando la pareja se ausenta demasiado (los viajes, el exceso de trabajo, las reuniones con amigos son las excusas más frecuentes del infiel).

Otra causa del despertar de las sospechas se presenta cuando el otro está físicamente presente y mentalmente ausente; en este caso el infiel tiene una actitud muy inquieta en la casa, está demasiado tiempo frente a computadora, ya sea satisfaciendo su curiosidad erótica en páginas web o chateando con “amigas/os” disimuladas/os detrás de un nick conveniente.

El cambio brusco de ciertos patrones de vida, de costumbres, y la aparición de detalles incongruentes, de episodios o detalles reveladores, de comentarios casuales, de llamadas que se cortan abruptamente, de mensajes de texto borrados inmediatamente después de recibidos, por ejemplo, no cierran en la mente el engañado y son importantes elementos que despiertan sospechas.

Muchas personas se niegan a aceptar, a pensar en estas sospechas y rechazan incluso durante años que algo raro está pasando con su pareja. Aunque vivan angustiadas, no preguntan porque realmente no quieren saber y sólo preguntan cuando están preparadas para escuchar la respuesta.

Para hombres y mujeres, “echarse un polvo”, coger, follar, fifar, “tirarse una cana al aire” no tiene la menor connotación amorosa y suele ser asunto de una noche, o menos.

Tipos de infidelidad

“Los hombres no son infieles. Se distienden”, sentencia un proverbio francés. Mientras ellos se “tiran una cana al aire” de vez en cuando y aseguran que no engañan a sus mujeres, ellas se encuentran a charlar con ex amantes a espaldas de sus maridos y defienden que no son infieles.

La infidelidad no requiere una relación carnal, ni proviene necesariamente de la insatisfacción sexual: la mayoría asegura que tiene una mejor vida sexual con su pareja que con su amante.

Entonces, nos preguntamos otra vez ¿qué es la infidelidad? Al parecer, el ocultamiento porque en la omisión hay una mentira; chatear con un compañero o compañera de trabajo, hablar por teléfono con un amigo o amiga, o con un o una ex, conversaciones en las que suele haber un ingrediente sensual, no sería significativo si no fueran ocultadas a la actual pareja.

¿Es un simple flirteo, un amorío, un romance, un levante, una aventura seria? Esto es lo que atormenta al otro, el saber qué tipo de relación tiene su pareja con “la otra” o el “el otro”.

Se ha clasificado la infidelidad de acuerdo a una escala vinculada a la intensidad emocional que comienza con los actos más leves hasta llegar al más “grave”.

El vocabulario de hombres y mujeres cambia al nombrar la intensidad emocional de los infieles. Los hombres hablan de flirteo, polvo, encamada, calentura, donjuanismo, adicción sexual, amistad amorosa, romance, relación duradera y affair final. Las mujeres empiezan con la mirada que desnuda, flirteo, el accidente, levante, aventura, amorío, Doña Juana, adicción sexual, amistad amorosa, romance, relación duradera, affair final.

La mirada que desnuda inicia el vocabulario emocional femenino. Sólo las mujeres perciben este tipo de mirada desde que son niñas y sólo ellas lo comentan. Lamentablemente, y con mucho más frecuencia de lo que se cree, el abuso (por parte del padre, de un tío, de un abuelo o de un allegado a la familia) es lo que sigue a esta mirada. Esta mirada se pasea por el cuerpo de la mujer, lentamente, de arriba abajo, de abajo arriba; las mujeres se sienten evaluadas. Por su parte, los hombres no advierten estas miradas de las mujeres, pero sí un brillo especial en los ojos y una sonrisa sutil pero insinuante.

El flirteo es el comienzo de todo. Es el cortejo básico para cualquier relación amorosa. Las maniobras son universales y hombres y mujeres envían señales físicas, realizan gestos específicos e inconscientes que promedian al tocar al otro. Casi siempre esta iniciativa proviene de la mujer. El mensaje es claro y la recepción inmediata: si el otro vacila, la seducción terminó, pero si sonríe o retribuye con otro contacto deliberado, es el comienzo del juego.

La infidelidad accidental les sucede con frecuencia a las mujeres: una noche de alcohol, la soledad, un viaje aburrido. Estos encuentros suelen ser poco memorables. Los episodios que sí se quedan en la memoria femenina a la perfección son los levantes, cuando una mujer se viste para “matar” a un hombre, y claro, lo consigue. Ella los escucha con admiración, jamás lo critica y siempre está lista para hacer el amor. Ellos, sólo tienen ojos y cumplidos para ella.

Para hombres y mujeres, “echarse un polvo”, coger, follar, fifar, “tirarse una cana al aire” no tiene la menor connotación amorosa y suele ser asunto de una noche, o menos. Este levante ocasional es el más irrelevante de los engaños porque no tiene incidencia emocional sobre el infiel. Su descubrimiento es una gran amenaza para la pareja porque se la toma en serio.

Un hombre tendrá varias “encamadas” con una mujer a lo largo de un año o de varios años. Una mujer no usa este término, prefiere el de “aventura”, y puede prolongarse unos meses.

Un hombre no “sale” un año o más con una mujer con la cual está "caliente". El dirá que “está saliendo” sólo si, además de tener sexo, sale literalmente a la calle con esa mujer, van a restaurantes o al cine, por ejemplo. Para un hombre “salir” tiene un matiz de estabilidad extramatrimonial, cosa que no se aplica en el caso de la calentura. La mujer en cambio dice que “sale” o que está “viendo” a alguien cuando está teniendo sexo con ese alguien. No usará el término calentura para referirse a la relación extra pareja que está manteniendo desde hace dos o tres meses, dirá que tiene un amorío. En este caso, ni el hombre ni la mujer están enamorados, pero hay una cierta cuota de afecto entre ellos.

En el donjuanismo, masculino o femenino, los infieles seductores no ponen en sus múltiples relaciones extramatrimoniales ninguna intensidad emocional, no tiene el menor deseo de intimidad o de cercanía con sus amantes. Es sexo puro. El otro es un objeto funcional al deseo.

La amistad amorosa se da entre un hombre y una mujer que han compartido relaciones sexuales, las cuales un día decidieron finalizar. Quedaron amigos y mientras fueron amantes tuvieron la sensación de haberse dado lo mejor de sí mismos. Guardan un grato recuerdo de su historia en común, se comunican a menudo por teléfono o por  e-mail y se ven con frecuencia. Atesoran la complicidad, se cuentan todo acerca de su presente y de sus actuales parejas, y el flirteo no está ausente. Mantienen una “infidelidad de la cintura para arriba”, es una infidelidad afectiva.

El romance es la relación demoledora. El matrimonio, la pareja, pierde todo interés para el infiel. Y puede convertirse en una relación extra conyugal duradera. Es la más intensa relación amorosa porque ha sido mantenida durante años de manera paralela a la vida marital o de pareja. Esta relación puede mantenerse hasta la muerte del cónyuge infiel o la del amante. La tercera persona, a diferencia de las demás relaciones, está siempre presente aunque su existencia no sea reconocida. El infiel está totalmente convencidote de que siente un amor profundo y duradero hacia su amante.

El affair final es la aventura, el romance, la relación extramatrimonial, lo que sea, que uno de los cónyuges sostiene para luego divorciarse y luego casarse con su amante. En muchos casos, el infiel pide el divorcio manteniendo oculta esta relación. Este pedido cae como un rayo sobre el engañado que no sospecha nada. Y comienzan los problemas, las batallas legales y las consultas tanto a abogados como a psicólogos. Ningún infiel prevé el alcance del engaño sobre su pareja.

Hay muchas parejas que acuerdan contarse mutuamente sus aventuras, es decir, los episodios de actividad sexual con otra persona que tuvieron antes o tienen actualmente en su vida en común. Bajo esta consigna, no se puede hablar de infidelidad puesto que no hay engaño. Y no es perverso: hay gente que se lleva muy bien con la verdad.

El cambio brusco de ciertos patrones de vida, de costumbres y la aparición de detalles incongruentes, no cierran en la mente el engañado.

Costumbres argentinas

Los hombres argentinos no aceptan la palabra cornudo; la palabra les resulta tan intolerable que incluso, siendo ellos los infieles niegan que su mujer pueda ser cornuda.

Al sostener una relación extramatrimonial el argentino dice que tiene un fato, una mina, una amigota, una amigovia, una loca y sólo usa la palabra amante para la mujer con quien mantiene una relación estable.

Los hombres, en general, no sospechan de su mujer. No conciben la idea de infidelidad de su mujer; no se pueden pensar cornudos. Si su mujer recibe flores, cambia su look, luce una nueva alhaja o tiene lencería provocativa, nunca duda de la respuesta que ella le da: “Lo conseguí baratísimo” o “me lo regaló mi hermana”. Si ella está radiante, ni se le ocurre asociar el cambio con un rival.

Por otra parte, los piropos y hasta los lances hacia la mujer se consideran naturales y halagan el ego masculino al confirmar que su mujer es atractiva; de ahí, que los hombres descartan que su mujer, en privado, pueda corresponder al deseo de otro.

En una reunión son muy pocos los hombres que pueden interceptar una mirada “intensa” entre su mujer con otro hombre ni entre otras personas presentes.

En cambio, las argentinas son mucho más sutiles y captan inmediatamente ese tipo de miradas; y mucho más si el emisor o el receptor de esa mirada es su pareja. Cuando las mujeres se encuentran con una amiga y la encuentran radiante rara vez atribuyen ese esplendor al marido: tienden a creer que hay otro hombre.

El varón argentino que engaña a su mujer se considera fiel. Sólo reconoce la infidelidad cuando se involucra sentimentalmente con otra mujer. Mucho más sinceras, las mujeres argentinas se reconocen como infieles, aún con un solo levante.

“Creo en la fidelidad, pero no para mí”

“Más allá de lo psicológico y social, la fidelidad es un valor moral y filosófico. `Te doy mi palabra´, `Te prometo´, `Me comprometo´ son palabras que implican la creencia en una ética personal y universal. Mantener vivo un valor requiere de un trabajo diario”, asegura la especialista Janick de Oliveira Cézar.

De su experiencia clínica deduce que la calidad de vida de los matrimonios donde se instala o persiste la infidelidad es pésima.

Según una encuesta publicada en el diario La Nación en 2006, “el 84% de los argentinos reivindica la fidelidad como valor fundamental para el éxito de la pareja”, pero está claro que las personas dicen una cosa y hacen otra, bien en clave argentina: se promete y no se cumple. En público pregonan un valor que violan en privado y en una vuelta más de nuestra doble moral, aducen “creo en la fidelidad, pero para vos, no para mí”.

Fuentes: Infidelidad, de Janick de Oliveira Cézar; ¿Por qué cuernos me engañaste? Todo lo que hay que saber sobre la infidelidad, de Ana von Rebeur; Sexo para dummies, de Ruth Westhiemer.

Patricia Rodón

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6 de Diciembre de 2016|14:49
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  1. excelente nota
    tal cual, para ser infiel hay que haber comprometido fidelidad... en fin; lo malo es tener que construir una teoría para darse el gusto de gorrear a alguien.
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  2. AGUANTE LA POLIGAMIA
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  3. es un invento perverso judeocristiano. Hay que leer a Nietzche para quien la categoría moral en esta pelotudez -entre otras-de la infidelidad NO ES APLICABLE.
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  4. La infidelidad existe. Lástima que para disfrutar tuvimos todo un tiempo de soltería, sin compromisos. Somos inseguros luego del sí (ante la ley o no), y encima despúes criticamos nuestra juventud, y los adultos en definitiva no somos referencia de nada. Asumir un compromiso con otra persona es un acto de lealtad también hacia uno mismo. . Y si no funciona tener el coraje de decir basta.
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