Deportes

El día en que el fútbol se olvidó las banderas

Cada vez son más las prohibiciones que los organismos de seguridad imprimen en los espectáculos deportivos. Esta vez, un hecho insólito marcará un hito, el clásico entre Huracán y San Lorenzo no tendrá banderas en las tribunas. ¿Adiós a una porción del sentimiento?

"Banderas en tu corazón. 
Yo quiero verlas 
Ondeando luzca el sol o no. 
Banderas rojas, banderas negras, 
De lienzo blanco en tu corazón"
  Patricio Rey.

Durante la semana en Parque Patricios pintan los trapos, los cosen y doblan en oportuno descanso. Luego serán agitados, tironeados, transpirados y volverán a doblarse hasta que la pasión los requiera de nuevo. Como instrumento, como expresión perdurable del amor en el fútbol.

El escenario es el mismo en Boedo, esperando el clásico de barrio más grande del mundo y soñando con ese recibimiento magnifico que se tiene preparado. Porque para quien es hincha el partido empieza en las tribunas y continúa en el campo.

El trapo es el arte del tablón, se imagina, se diagrama, se crea, se construye, se sueña, se pinta, se cuelga, se cuida, se defiende… pero el domingo estará ausente, y con él, una parte importante del sentimiento.

El partido que protagonizarán Huracán y San Lorenzo el próximo domingo marcará un nuevo hecho negativo para quienes consideran que no hay deporte que trascienda con tanto fervor el umbral del amor y la pasión como lo hace el fútbol, con la prohibición por parte del Subsef (Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos) del ingreso de banderas de todo tipo al estadio del Globo.

La política argentina siempre tomó caminos recurrentes, y sin detenerse en implicancias positivas o negativas que una decisión puede generar, es mejor prohibir y censurar que tomar decisiones con altura, estudiadas y en busca de soluciones.

Serán 1.100 los policías designados para un partido considerado de alto riesgo, por los antecedentes violentos, de amenazas, robos e incluso asesinatos que anteceden a la edición número 160 del clásico entre Quemeros y Cuervos. Sin embargo, y en contrapartida del imaginario popular, esta cantidad de uniformados no bastan para controlar a los hinchas, cuyo número violento es significativamente inferior a lo que se cree, sabiendo que los grupos más radicales son siempre pequeños en relación a la enorme mayoría que simplemente va a ver a su equipo.

Pero las cabezas no actúan y parece que será así durante mucho tiempo, conduciendo nuestro fútbol a un mundo de prohibiciones, con una B Nacional sin público visitante, con nuestra Liga Mendocina que no permite hinchas del rival de turno de Huracán Las Heras y algunos clásicos, ahora un partido sin banderas y parece que la lista será cada vez más larga.

Durante la semana aparecieron pintadas en el Tomás Ducó.

El “no” prima por sobre el “sí”, no se buscan soluciones sino la salida rápida que otorga la censura, se quitan condimentos al deporte rey que obtuvo fama mundial en nuestro país, justamente por la diferencia de su vivir.

No hay que dudar del riesgo que un partido de las características del domingo siempre genera, pero es degradante como política deportiva y de seguridad, que la medida sea la prohibición de las banderas cuando el fondo de la cuestión está muchos metros más allá. En la “vista gorda” de los dirigentes, en las concesiones que se les otorga a los grupos violentos… en definitiva, en el nulo respeto que se tiene por quien verdaderamente va a romperse la garganta gritando por su equipo, en un partido de fútbol.

Hoy la negativa apuntó hacia el trapo, sin reparo y sin dudarlo. Así es Argentina, la mugre, siempre bajo la alfombra.

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10 de Diciembre de 2016|17:51
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