Perlitas de un maratonista amateur

El columnista invitado es un abogado mendocino de 35 años y con una ya importante trayectoria en el arduo deporte de las carreras. Recientemente participó de la Maratón Buenos Aires 2010 y en esta nota, nos acerca sentimientos, inquietudes y fotos de la experiencia.

¿Existe una explicación racional para salir a correr 42 kilómetros? ¿Es normal someterse a duros entrenamientos durante los dos o tres meses previos a una carrera? Almorzar y cenar fideos con aceite de oliva los días anteriores, ¿cuán sabroso puede llegar a ser? Y cuando llega el ansiado día, ¿levantarse a las 4 de la mañana para comenzar los preparativos, tiene algún sentido?

Mientras escribo esto, pareciera que no....

Pero el día 10/10/10 en la Ciudad de Buenos Aires, más de 6.000 atletas que, sin dudas se formularon estos mismos interrogantes, decidieron no buscar respuestas. Seguramente porque todos entendemos que un maratón, más allá del plan de carrera, no se explica, se siente.

Los Montaña Running, en grupo hacia Buenos Aires.

Bajo un hermoso sol que nos acompañó durante todo el recorrido, la carrera sólo nos regaló sensaciones: valorar todo nuestro esfuerzo, permanecer con los compañeros de ejercicio, darle ánimo a los amigos y también a los desconocidos que corren a nuestro lado, asistir a quien sufre alguna dolencia, compartir el agua, dar consejos…

Todo para recibir, sino el único, el mejor premio. El abrazo de amigos y familiares en la meta. El recuerdo de quienes quedaron en Mendoza y, tal vez, de alguien que ya no está. La satisfacción de llegar. Sin importar el tiempo.

Creo que los maratones, más que con las piernas, se corren con el corazón. Solo así se puede explicar lo inexplicable.

Los mendocinos Pablo Forsat y Javier Scerbo pasando por uno de los puestos de hidratación.

Junto a los amigos de Montaña Running Mendoza –Martín Careddu, Pablo Forsat, Marcelo González, Luis Gervilla, Santiago Méndez, Javier Scerbo y Javier Silvestre- compartimos arduos entrenamientos bajo la atenta mirada de Ernesto Oliveras e hicimos cuantiosos sacrificios para acomodar nuestros horarios familiares y laborales para este inolvidable Maratón de Buenos Aires.

Los resultados que obtuvimos –obviamente, algunos “volaron”; otros no alcanzamos a despegar- demostraron que tanto esfuerzo valió la pena. Desde la largada, fuimos ocho corredores y fuimos un solo grupo, al mismo tiempo. Insisto, no busquen una explicación racional a todo esto.

Santiago "Bogus" Gascón, el columnista
invitado y maratonista.
La edición 2010 del reconocido Maratón de la Ciudad de Buenos Aires arrancó en Avenida Figueroa Alcorta, en las inmediaciones del estadio de River Plate para luego recorrer la distinguida Avenida Libertador hacia la zona de Retiro; de allí al tradicional Obelisco y enseguida el emocionante Cabildo en Plaza de Mayo; por Paseo Colón llegamos al estadio de Boca Juniors (donde algunos sentimos mucho frío; el mismo que sintieron otros tantos en la largada, hay que decirlo); más allá el Puente Avellaneda, Reserva Ecológica, Puerto Madero; el Planetario en el kilómetro 35 y bosques de Palermo en los últimos cinco.

En el Planetario más de un corredor le habrá preguntado a los astros "¿Qué hago acá?" Y nuevamente el corazón dando la orden de seguir.

Transmitida en vivo por un importante canal de deportes, con más de 2.000 atletas extranjeros, con casi 3.000 asistentes a lo largo de todo el recorrido, con una organización impecable, el Maratón de Buenos Aires fue sin dudas una fiesta inolvidable.

¿Y qué es lo inolvidable sino aquello que se nos graba en el corazón? No busquemos respuestas.

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