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Con 7 días de diferencia Pelé cumple 70 años y Maradona 50

El periodista Ezequiel Fernández Moores, se dedica en su columna de Canchallena.com a contarnos la historia del astro brasileño y de algunos de sus cruces con el argentino más famoso del mundo. Imperdible.

Pelé 70, Maradona 50 (Ezequiel Fernández Moores para La Nación)

Dico, como lo llamaba la familia, se hizo lustrabotas a los siete años. Era hijo mayor y había que ayudar a la familia. Pero en 1947, en los alrededores de la calle Rubens Arruda, en el pueblo paulista de Bauru, casi todos iban descalzos, igual que él. Tuvo apenas un cliente. A veces, la única comida que Dona Celeste, la madre, podía poner sobre la mesa era pan y un trozo de banana. Papá Dondinho, un nieto de esclavos con ancestros en Angola o Nigeria, sufría problemas crónicos en una rodilla. Sin jugar, no recibía paga del Club Atlético Bauru. Nueve al estilo Palermo, Dondinho jugó también en el Vasco Sao Lorenzo. Allí tenía como compañero al arquero Bilé. José Lino, tal su nombre, no hablaba pese a que ya tenía dos años. Preocupada, mamá María Rosalina citó a las "bendezeiras". "¡Bili-bilu-teteia!", repitieron durante semanas las mujeres su ritual de brujería. Hasta que el niño, por fin, dijo "bilé". Le quedó de apodo. Dico, un hincha de Corinthians que admiraba al arquero Bilé, comenzó diciéndole "Pilé". La "i" sonaba casi como una "e". A Dico, entonces, pasaron a llamarlo Pelé. 

Al primer amigo que le dijo Pelé lo corrió para pegarle una trompada. Prefería que lo llamaran Edson, como lo bautizó papá Dondinho. El certificado de nacimiento, en realidad, dice Edison, con "i". Un homenaje a Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla eléctrica. Tres Coracoes, el pueblo de Minas Gerais en el que Pelé nació el 23 de octubre de 1940, había recibido feliz el arribo de la electricidad pocos años antes. Pelé, en tal caso, sonaba más agradable que "Gasolina", el apodo de connotaciones racistas que le impusieron sus compañeros mayores cuando se incorporó al Santos con apenas 15 años de edad. Unas décadas antes, los primeros negros del fútbol brasileño blanqueaban su piel con arroz. En los orígenes, evitaban chocar con el jugador blanco. Un cruce a destiempo autorizaba al jugador blanco a pegarle una patada a su rival negro. A Pelé nunca le gustó el apodo de "Gasolina". Lo confesó mucho después, porque cuando fue jugador jamás se le escucharon quejas o reivindicaciones de raza, según cuenta Angelica Basthi en el último libro sobre Pelé (Pelé, estrella negra en campos verdes). Pelé conoció el mar al llegar a Santos. Dos años después, se subió por primera vez a un avión. Viajó a Suecia. A jugar en 1958 su primera Copa Mundial. La primera de las tres que ganó. Tenía apenas 17 años. France-Football lo bautizó como "O Rei".  

Ya campeón mundial, Pelé, sin embargo, debía mejorar su magro salario en Santos sirviéndole café, cigarrillos y bebidas a sus compañeros mayores que jugaban a las cartas en la concentración. En 1959, Santos lo hizo jugar 103 partidos. Se suman los que también jugó para el equipo del Ejército, en el servicio militar. La final del Campeonato Militar Sudamericano fue contra Argentina. Brasil ganó 2-1. Pelé, harto de recibir patadas, reaccionó mal y sufrió su primera expulsión en una cancha. Cuando en 1968, ya definitivamente famoso, el árbitro colombiano Guillermo "Chato" Velázquez osó expulsarlo en un amistoso en Bogotá, la gente reaccionó furiosa. Pelé volvió a la cancha y el Chato a los vestuarios. La otra gran anécdota de cuando el Santos de Pelé viajaba por el mundo fue al año siguiente. Nigeria y Biafra pararon una guerra para verlo jugar, aunque Pelé, en su libro autobiográfico ("Pelé", 2007), duda si fue cierto. Seguía en Santos porque en 1966 Pepe Gordo, su primer representante, lo dejó en la ruina y el club lo salvó de la bancarrota. Volvió a la selección para coronarse en México 70.  

"Pra frente Brasil", se aprovechó la dictadura del general Garrastazu Medici. Tricampeón mundial, Pelé retomó los estudios, completó el secundario y se recibió de preparador físico. Pero volvió a quebrar en 1974. Esta vez lo salvó Joao Havelange, a quien él había ayudado para ser presidente de la FIFA. Tuvo que volver a las canchas. Lo hizo en el Cosmos de Nueva York, de la mano de Henry Kissinger, Pepsi, Warner y MasterCard. Se retiró el 1 de agosto de 1977. Hizo goles para todos los gustos. Su libro cuenta 1.283 en 1.367 partidos. Ganó 53 títulos.  

En 1995 se convirtió en el primer ministro negro de Brasil. El presidente Fernando Henrique Cardoso solía llevarlo a lugares hostiles. Pelé iniciaba con anécdotas y le aflojaba a la gente. La Ley Pelé, que buscó liberar a los jugadores y poner fin a los balances secretos de los clubes, sirvió también a su empresa. Pelé, Sports & Marketing (PS&M), fue acusada de intermediar en el millonario y polémico contrato de Flamengo con ISL. Pelé ya había vuelto a abrazarse con Ricardo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF). Un año antes lo había acusado de pedirle una coima de un millón de dólares. "Traidor", le dijo Sócrates. Hasta Tostao, su compañero de México 70, le dijo que era "una gran decepción". Peor fue cuando el diario Folha lo acusó en 2003 de haber cobrado una primera cuota de 700.000 dólares por la organización de un partido que debía jugarse en Argentina a beneficio de UNICEF. La culpa, se defendió Pelé, fue de Helio Viana, un nuevo socio que, según dijo, volvía a engañarlo. "Fuera de las canchas -escribió Eduardo Galeano sobre Pelé- nunca regaló un minuto de su tiempo y jamás una moneda se le cayó del bolsillo".  

Pelé cuenta que pasó los peores días de su vida cuando Edinho, su hijo que fue arquero en Santos, cayó preso en 2005 acusado de tráfico de drogas. No fue el único proceso en su contra. Su padre lo visitó una vez en el año año y medio que pasó en prisión. "Solamente de grande percibí que mi padre nunca fue mío", dijo Edinho meses atrás a la revista Istoe. Trabaja en la comisión técnica del Santos y su último y décimotercer tatuaje dice: "Lucharé hasta el fin". Rose, su madre, primera esposa de Pelé, pidió el divorcio en 1978. Había nacido la tercera hija y Pelé seguía afuera de Brasil, trabajando. En 1996, después de presentar trece apelaciones en cinco años de batalla judicial, Pelé debió aceptar el resultado del examen de ADN que estableció que él era el padre de Sandra Regina. La mujer murió una década después, a los 42 años, de cáncer de mama. Su familia devolvió una corona de flores que Pelé envió al entierro. Pelé sí reconoció sin trabas a Flavia Kurtz, una hija de una relación extramatrimonial que tuvo con una periodista de Río Grande do Sul. Su relación más polémica, sin embargo, fue Xuxa. El tenía 41 años cuando se conocieron. Ella 16. Como crítico, Pelé fue siempre excesivamente duro con la selección de su país. Se cruzó con Ronaldo. Romario le respondió una vez con una frase que muchos repitieron: "Pelé, callado, es un poeta".  

Pelé, recibido por reyes, papas y estadistas y que eligió festejar en privado su cumpleaños número 70, el sábado, tuvo también fuertes cruces con Diego Maradona, que una semana más tarde celebrará sus 50. En su libro, Pelé describe sus virtudes de crack y establece que "no hay comparación posible" con Maradona. "A los genios no los comparo, los disfruto", me dice alguien que conoce a ambos y que cada tanto mira sus videos. Pelé insistió hace una semana ante la TV de su país diciendo que Diego, además, "no es un buen ejemplo para los jóvenes". Maradona, que lo tuvo de invitado en su programa de TV, siempre le respondió sin sutilezas en la guerra de egos. Su estilo confrontativo y sus vicios más públicos fueron duramente retratados en un artículo reciente. "Símbolo del problema argentino", "metáfora de la patología crónica de un país" y Dios intocable que contribuye "al fracaso reiterativo y doloroso que arrastra a millones de argentinos al sufrimiento". Tan excesivo que podría haber sido escrito por Maradona. Lo escribió un periodista renombrado (John Carlin) junto con un sicoanalista (Carlos Pierini). Pelé parece haber trazado una convivencia más armónica con la fama. "Pero para mis adentros -confiesa- siento que debo darle más espacio a Edson para reducir el que ocupa Pelé". Su tarjeta de MasterCard, cuenta en su libro, lleva de un lado la firma de Edson Arantes do Nascimento. Del otro, aparece él mismo haciendo una chilena con la firma de Pelé.  

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5 de Diciembre de 2016|09:30
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