La experiencia única de cenar en las alturas

Latitud 33º organizó, para invitados especiales, una experiencia inolvidable: compartir una comida a 50 metros de altura en una plataforma suspendida de una grúa y con los mejores vinos de la bodega. Los invitados, las fotos de la travesía y los detalles del menú, en esta nota de Sociales.

Latitud 33° trajo a Buenos Aires una experiencia súper original: “Latitud 33 in the sky”, una invitación a disfrutar sus vinos, acompañados de una sugestiva comida. Lo interesante es que la reunión se desarrolló con los comensales suspendidos a 50 metros de altura.

Integrar el espíritu joven, contemporáneo e innovador de la marca es lo que llevó a la empresa a proponer una experiencia emocionante, para salir del disfrute cotidiano de sus vinos.

La primera parada, antes de alcanzar la altura definitiva, a los 20 metros.

“Latitud 33° in the Sky” se realizó para un grupo selecto de invitados. Entre ellos estuvieron: Humberto Trotonese, Florencia Torrente, el ex rugbier Nani Corletto, el mendocino Mike Amigorena y directivos de la firma. La propuesta, desarrollada en un predio de Puerto Madero especialmente acondicionado, era osada y los invitados llegaron ansiosos y curiosos por vivir la experiencia, que se realizó por primera vez en Argentina.

La mesa esperaba a los asistentes en la plataforma. Fue elevada a 50 metros de altura mediante una grúa de características especiales, para quedar suspendida por sobre los edificios de Puerto Madero. Los 22 comensales fueron bienvenidos con un cóctel y tras recibir las instrucciones de rigor, recorrieron la pasarela que los llevaría hasta la plataforma, para ya ocupar sus butacas en la mesa.

No faltaron las caras de sorpresa y las sonrisas medidas. Una vez ajustados todos los cinturones, la grúa de “Latitud in the sky” comenzó a elevar la mesa. Fue el comienzo de un viaje exclusivo a ese lugar especial y único, en el medio de la ciudad. La primera parada a los 20 metros permitió que los invitados pudieran acostumbrarse a la altura y disfrutar la vista.

Distendidos y sonrientes: Florencia Torrente, Facundo Pieres, un amigo invitado y Nani Corletto.

Algunos acompañaban la subida en silencio, otros hacían comentarios eufóricos; las sensaciones estaban a flor de piel.

Elevados a la altura esperada, los invitados admiraron la ciudad desde otra óptica. Desde allí pudieron descubrir, en el barrio más joven de Buenos Aires, un lugar especial donde el diseño e innovación de los edificios más modernos se fusionan con la serenidad contemplativa del río y la naturaleza.

Debajo de sus pies, la ciudad. A los costados, la magnitud del paisaje. En sus rostros, la brisa fresca del aire cercano a las nubes. Pasada la adrenalina del ascenso, el chef de la bodega Marcos Zabaleta les dio a todos la bienvenida a y comenzó con su ajetreada tarea de elaborar en altura un menú de tres pasos, especialmente ideado para maridar con las variedades Chardonnay, Malbec y Cabernet Sauvignon.

La grúa que levantó la plataforma a
punto de comenzar a trabajar.
La consigna para elaborar el menú fue: utilizar ingredientes que encuentran su máxima expresión en lugares únicos y especiales, tal como sucede con los vinos varietales de la marca, que encontraron su expresión característica en la latitud 33.

Cada uno de los pasos fue pensado para acompañar cada variedad, potenciar su tipicidad varietal y descubrir, como si fuera un juego, sus aromas y sabores característicos. La entrada, una selección de carpaccios de mar, micro ensaladas, frutas blancas y jarabe de Chardonnay a la vainilla resaltó las frutas frescas, algunas tropicales, presentes en el Chardonnay degustado.

Luego, un exquisito confit de chivo de Malargüe sobre mayonesa de calahorra, mix de pimientos quemados y chutney de higos al Cabernet Sauvignon combinó perfecto con el ese mismo varietal, en el que se destacaron sus típicos aromas y sabores a frutos rojos.

Con los cuerpos suspendidos y la mente volando muy por arriba de los 50 metros, el tiempo también entró en suspensión. ¿Cuánto había pasado? Imposible saberlo. Solamente la llegada de las frutillas frescas sobre húmedo de chocolate, compota de ciruelas negras sobre mascarpone y néctar de Malbec del postre indicaron que las sensaciones mágicas estaban regalando sus últimos chispazos. Un último sorbo de Latitud 33° Malbec, respirando con fuerza el viento fresco del río, que potenciaba los aromas a frutos rojos de la copa. Un último brindis en el aire y a bajar.

Según los propios protagonistas de la jornada, “Latitud 33° in the sky” fue una experiencia cosmopolita y seductora, acompañada con la elegancia que caracteriza a los vinos de Latitud 33°. Los comensales bajaron agradecidos por la memorable vivencia, que seguramente los incentivará a buscar ese lugar y momento único para disfrutar de su propia latitud.

En el hemisferio sur existe una franja de latitud muy reducida que se extiende desde el paralelo 32° al 38° donde se dan las mejores condiciones para el cultivo de la vid. La latitud 33 es una franja única y particular del mundo donde la tierra se atreve a soñar. Allí, lo impensado se hace realidad: en un desierto de aridez extrema, las condiciones son ideales para lograr la máxima expresión de aromas y sabores. Latitud 33° tiene un origen único, excepcional, mágico.

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