"Los chicos de ahora no leen"

Novena entrega a cargo de "ELVIEJODELITERATURA". Una serie elevada e imperdible sobre la educación en Mendoza en el siglo XXI, una historieta con aire sainetero sobre ciertos episodios antojadizos de nuestra cotidianeidad escolar. Lo advertimos: leerla acarrea lucidez y luego es difícil lidiar con ella.

ELVIEJODELITERATURA

(Historieta con aire sainetero sobre ciertos episodios antojadizos de nuestra cotidianeidad escolar)



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Escenografía: reunión de profesores. Caras de fastidio, malhumor. Se miran los relojes. Todos, incluso el director y la psicopedagoga hemos sido impuntuales. (Yo veinte minutos. Otros, treinta. Otros sólo llegaron a la hora de firmar la asistencia).  Ambiente tenso. Comentarios quejosos. Docentes hipocondríacos hasta el hartazgo. Yo tenía una pila así para corregir; yo tenía que salir al centro con mi cuñada; yo tenía turno en el dentista; yo tenía la nena con fiebre; ¿se dieron cuenta? Esto es trabajo a contra turno que no es pagado. Y así hasta que (¡por fin!) comienza la reunión.

El director (señor Nadal, es contador pero se hace llamar “doctor”, 63 años, tomó recientemente la dirección para jubilarse con un sueldo un poco más alto), abre su capetita y dice, como sabrán la psicopedagoga y yo los hemos convocado para que charlemos y lleguemos a una decisión consensuada con respecto al 3º 2º, que, como todos ustedes saben, ha bajado sensiblemente sus calificaciones en el segundo trimestre y además más de la mitad del curso está amonestado. Los padres de los buenos, o sea… quiero decir… los que aprueban,  se quejan por los malos, es decir los que no aprueban, y los padres de los malos se quejan de ustedes.

- ¿Qué padres? ¡Por favor! ¡Exijo saber qué padres! Porque acá pasa que se dice “los padres” esto, “los padres aquello”  y capaz que se trata de  uno o dos, y generalmente vienen a quejarse por sus propias falencias. –afirmó Santana, laviejadebiología, 50 años, 25 frente al curso, ante la aprobación general. Los padres de acá, los padres de allá. ¡Me tienen los ovarios llenos con los padres!

Efectivamente, hacía unos días había tenido una feroz discusión con el padre de Ayelen, una piba del último año. Resulta que la piba venía de aplazo en aplazo, no estudiaba ni por asomo. Para que no resultara aplazada también en el 2º trimestre, la profe le concedió (a Ayelen y a quienes estaban en esa situación) un examen recuperatorio. En el momento en el que iba a tomar el examen, entra al curso la preceptora diciendo que venían a buscar a Ayelen García porque tenía turno en el médico. Obviamente la profe la aplazó y el padre vino furioso a quejarse. Cuando la profe le dijo: “mucho gusto señor García… lástima que no vino cuando Ayelen aplazó el primer trimestre… así hubiéramos podido evitar este nuevo aplazo”, el hombre perdió el control y entre insultos amenazó con la directora, la supervisora, con abogados, etcétera.
 
- En mis tiempos –ahora habla Pereyra, eldequìmica, ingeniero, camisa a cuadros, cierta actitud petulante, desde su reciente divorcio se broncea y su cabello brilla de gel; tiene unos 34 años y sin embargo, habla “de sus tiempos” como si fuese un Neandertal- de los 35 pibes que hoy están en ese grupo, a 1º hubieran ingresado menos de 30, a 2º  unos 22-23, a 3º no hubieran llegado ni siquiera 20 y hubieran egresado de la escuela  unos 15-18 y así y todo… a nuestro viejos no se les hubiera ocurrido ni por asomo venir a la escuela a quejarse por algo – nuevamente gran aprobación general.

Hice una cuenta rápida y llegué a la conclusión que Pereyra nació hacia 1976…

- Es que antes, era otra cosa, era otra educación –habla nuevamente, Santana- nos exigían, nos hacían estudiar muchísimo, y ¡guay! de que le vayamos a contestar algo a un profesor. Tenés razón en lo que decís –le dice a Pereyra a pesar de que el “antes” de Pereyra y el “antes” de Santana, están muchísimo más distanciados entre sí que el “antes” de Pereyra con el “hoy” de sus alumnos. 
- Y siempre estaba la colimba para reparar lo que se le había escapado al sistema educativo – terció Romeo Michelini, el de educación física.

Y así continuó la reunión durante unos 30 minutos más (la fiebre, el dentista, la cuñada, el gimnasio) sin resolverse específicamente nada. Salvo, que se iba a convocar a una reunión de padres para informarles de la situación y que se notificarían por escrito para que, no vengan en diciembre, cuando los chicos ya hayan repetido de año, y decir que no sabían nada, que cómo no les informaron y etcétera, etcétera.

¿Es usted (señora señor) que lee esta nota de aquellos que, como Santana y como Pereyra, recuerdan su propio pasado como algo cualitativamente mejor al presente? ¿Es de los que transitan por la vida con la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser? ¿Le sucede, como me sucedió en esa reunión, que se encuentra rodeada/o de personas que ante la más mínima oportunidad presionan el botón “REW”? 

Efectivamente (no sólo en lo que a la educación se refiere) socialmente está instalada una especie de “narrativa nostálgica”, una mitología tanguera de aferrarse a un pasado idealizado hacia el cual pareciera que intentamos huir de un presente horroroso. O, por ejemplo se instala la idea de que la vuelta al pasado es la única solución a la crisis.

(Mucho se ha dicho –y poco se ha debatido- durante estos días sobre el proyecto de “Servicio Cívico Voluntario” o, para decirlo con más precisión: encuartelamiento educativo (para pobres, claro). Resulta conmovedora la inocencia de una sociedad que sostiene como verdad revelada, la superstición de que la militarización de sus jóvenes (los pobres, claro) funcionará como contención social. Como si se tratara de un rebaño a quien hay que contener excluyéndolos dentro de un corral.

El pensamiento mágico tiene muchas aristas… esta es sólo una de ellas. Vale destacar aquí que incluso los propios militares (en un decoroso gesto de “desobediencia debida”) no consintieron tamaña degradación y objetaron el proyecto. Es posible creer que este tipo de patéticos e hipócritas delirios políticos surgen a partir de la ceguera demagógica de quien no tiene la menor idea de cómo resolver lo que dicen saber cómo resolver. Sin embargo, lo que resultaría muy interesante es que los que tenemos alguna responsabilidad en el sistema educativo, percibamos este tipo de proyectos sencillamente como un fracaso de nuestra tarea: no sólo por los pibes (los pobres, claro) excluidos del sistema y a los que se pretende re-excluir en un cuartel, sino también hemos fracasado en la falta de idoneidad técnica y por sobre todas las cosas, moral de quienes impulsan este tipo de proyectos)

Santana y Pereyra rinden culto al pasado. Un culto obsceno de anticuario fetichista. Rinden homenaje a vaya a saber qué héroes, sin pensar, ni por asomo, que si hoy estamos tan mal (como ellos dicen), esta situación la construyeron aquellos que surgieron precisamente de ese pasado idealizado.

Los ejemplos son abundantes, pero el de la lectura-escritura, me parece por lo generalizado y extendido, bastante elocuente. En el imaginario social está tatuada una creencia trágica, melodramática sobre el presente, que toma forma en frases como “ahora los chicos no leen, están todo el día tiqui tiqui con los jueguitos, que el Chat, que los mensajitos, que el FACE, que el MP3, que….”.

Terminé mi secundario en la década del ’70, con lo cual digo, antes que nada, que mi pasado es, si no inmenso, con toda seguridad: “extenso”. Lo suficientemente extenso como para no haber olvidado que en mi curso éramos no más de dos o tres quienes leíamos algo y muy de vez en cuando (por suerte aún no existía la palabra “nerd”) y que la profe de literatura se quejaba permanentemente de que no nos interesaban las lecturas del Manual de Literatura Hispanoamericana de Loprete y que la ortografía y que la redacción, y que…

“Los chicos de ahora no leen”… ¿y los chicos de antes? ¡Vamos! No jodamos, Santana, Pereyra… ¿Qué recuerdan ustedes haber leído en su secundario? Además de “Mi Planta de Naranja Lima” y de “Los Árboles mueren de pie”… ¿cuántas obras más recuerdan?

Leíamos revistas… Dartagnan, El Tony, Intervalo. Me encantaban pero, no demandemos a los chicos que hagan lo que nosotros no hicimos. (¿Quién se atrevería a afirmar que leer esas revistas constituye, desde el punto de vista cognoscitivo, como acto de lectura, algo cualitativamente superior al acto de chatear?) ¿O es que, acaso, la docencia nos va convirtiendo en una especie de renegados sociales?

“Recuerde el alma dormida/avive el seso y despierte contemplando/cómo se pasa la vida/cómo se viene la muerte/tan callando/cómo a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor (…)”, escribió Manrique porque era de los que creían que con la muerte de su papá moría también un tiempo maravilloso que jamás se recuperaría. Vale aclarar que estamos hablando de unos versos escritos hace más de 530 años. 

Sin duda que la celebración acrítica sobre la autoridad moral de nuestros antepasados constituye un requisito básico para que las cosas no cambien. Por ahí se me da por pensar que no es que “los chicos de ahora vienen cada vez peor”, sino que, los que cada día empeoramos somos nosotros mismos, sus mayores, sus docentes. Como Dorian Gray vemos sólo la degradación ajena. Muchas veces no alcanzamos a ver que estamos inmersos en un sistema que nos va degradando, en nuestro caso a un mojigato rol policíaco de control de un orden social, sobre el que ni siquiera nos han consultado si nos gusta o no, o si estamos preparados para hacerlo y que, muy rara vez, se nos da por cuestionar.

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Opiniones (1)
4 de Diciembre de 2016|09:41
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4 de Diciembre de 2016|09:41
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  1. Los adultos de ahora no leee. Los docentes de ahora no leen. Ni los diarios. Ni revistas ,menos aún literatura. Despierten del mito, los adultos no leen. Ven Tinelli, se entretienen con Fort y sus desvaríos, consumen noticieros sesgados, pero NO LEEN. Mi pasado es más largo, creo, que el del autor y si leía. Pero porque no había nada más qué hacer. Y en mi casa compraban muchos libros. Pero era la Traga del curso y mis compañeros no leían, Algunos muy pococ. Si, recuerdo, que mi abuela, se sentaba a la siesta y leía el diario de punta a punta. ¿En cuántas casas hoy se compra el diario? ¿En cuántas se compran libros? Ayer estuve en una escuela y en la hora de elctura de primer grado y tenían muchos libritos de cuentos, no los clásico, y los chicos estaban encantados y si les preguntabas, te contaban qué habían leido. No era una escuela top, era una escuela común. LO QUE SUCEDE ES QUE EN LAS ESCUELAS HAY POCOS LIBROS. En las casas posiblemente menos que pocos. Y esa nostalgia por el autoritarismo no es más que reflejo del fracaso para establecer otro vínculo, el fracaso de no poder generar en el aula otro tipo de relación, de respeto mutuo y de interacción y crecimiento. El Servicio cívico, sin comentarios, ya fracasó acá, no se por qué insisten en la Nación. Muy buena la nota, como siempre.
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