El viejo de literatura 8: "Un mundo mejor"

Octavo envío de una saga elevadísima y a la vez mundana sobre la educación mendocina. El escritor y docente José Niemetz nos regala una nueva visión sobre el estado de las cosas. Un texto que exhibe una lucidez despojada.

ELVIEJODELITERATURA 8

(Historieta con aire sainetero sobre ciertos episodios antojadizos de nuestra cotidianeidad escolar)


8

Un mundo mejor 

- ¡Pendejos de mierda!

No estuve rápido de reflejos. Natural en mí. Era una señora, creo, o no: estaba tan cubierta con sobretodo, gorro, bufanda, guantes que resultaba sexualmente imprecisa. Por la voz, (ronca, engripada) tampoco resultaba muy claro qué era ‘eso’ desde donde emergía una indignación sepultada bajo tantas capas de ropa.

- ¡Pendejos de mierda! ¡Vayan a quejarse a sus mamitas!

Había llovido casi toda la noche y en ese momento caía algo así como un agua nieve. “Dos grados bajo cero” –había dicho la engolada locutora de la radio aunque para mí, tras caminar tres cuadras desde donde logré estacionar el Duna, los menosdos me resultaban temperatura tropical.

Me tocaba la primer hora (7:30hs) con 2º año 1º división de Polimodal, escuela Técnico Mecánica; había  previsto revisar el tema “texto expositivo” para poder evaluar la semana que viene; mientras caminaba hacia el colegio iba preparando mi estrategia emocional para que mi narcisismo pueda soportar el bombardeo de bostezos e indiferencia generalizados propio de la primer hora y cuando ya casi estaba ingresando al edificio me despabiló ese furioso ser mitológico. Tomándome del brazo y zamarreándome gritó:

-¡Pendejos de mierda! En mi época si nos llegábamos a quejar por algo así nos metían de la oreja en el aula.

Miré sin comprender a la que supuse una madre indignada por algo.

- ¡Eh profe! ¡¡Profe!! –chiflidos, brazos que se levantaban. Aún oscuro, aún dormido, siempre miope, no estaba demasiado seguro a quién se dirigían esos gritos. Un grupo de pibes se calentaban alrededor de una fogata hecha en la acequia. La supuesta madre indignada aclaró mis dudas:

- Ah… ¡¿usted es profesor?! ¡¿Esos animales son alumnos suyos?! ¡¿Por qué no se cruza y los mete a patadas en el culo en el grado?!
- Señora… (no sé por qué la trataba como si fuese mi abuela ya que no debía ser mayor que yo) ¡Por favor! (tan profesional siempre yo) Algunas cosas han cambiado desde su época (¿por qué “ésta” no será “su” época?). Yo no puedo tocar a los chicos… no son mis hijos… con la violencia no vamos a ningún…
- ¿Ve aquél troglodita desaforado de gorro azul y rojo? ¡Ese es mi hijo! ¿no me haría el favor de reventarle el culo a patadas?

Crucé la calle. Me acerqué. Reconocí a mis pichones de 2º1º y los del otro segundo, pibes más chicos y pibes más grandes; también algunos profesores charlaban con ellos…

- ¿Qué pasó, chicos?
- ¡¿Cómo qué pasó?! ¿Usted nos pregunta? ¡Por favor profe! –saltó uno.
- El techo se cae a pedazos
- Las estufas no funcionan
- Los baños están tapados
- No hay un solo vidrio sano
- Hay ratas, cucarachas…
- No vamos a entrar mientras no se ponga la escuela en condiciones.
- ¿¿Usted sabe el frío que hace ahí adentro??

Claro que lo sabia, de hecho yo trabajo ahí; o al menos intento hacerlo. Es muy difícil hablar de “texto expositivo” a quien está sentado una hora y media con goteras en el techo y soportando temperaturas intolerables.

Permanecí un instante intentando evaluar la situación. Francamente no sabía cómo debía actuar… ¿Cuál es “mi deber” en esta situación? ¿Realmente correspondería que los instara a entrar al colegio y que, bueno, habláramos con el director, para que hablara con el supervisor, para que hablara con el Director de Infraestructura, para que hablara con el ministro…? Definitivamente no. Yo no me preparé para eso, ni mucho menos. Sin embargo, tampoco estaba tan seguro de decirles que estaba bien lo que estaban haciendo, que los padres iban a decir… que los medios iban a decir… que otros profes iban a decir… Las ideas revoloteaban en mi aterido cerebro cuando a mis espaldas escuché:

- Vamos chicos adentro, vamos….-era Paula, la preceptora.
- ¿Y profesor? ¿Por qué no los lleva para  adentro? -era la señora madre del hincha de San Lorenzo.
- Mire señora…
- Señora nada… nosotros pagamos nuestros impuestos para que esta manga de atorrantes estudie, no para que se vengan a la calle a hacerse un picnic. Y a usted le pagamos el sueldo… así que ya sabe… ¡a trabajar! En mi época tampoco había estufas y no se nos ocurría andar quejándonos si teníamos frío o no…
- Pero señora… las cosas han cambiado.
- ¡¡¡Y claro que han cambiado!!! De eso estoy hablando. ¿Vio que tengo razón? Esto es una decadencia, un libertinaje… los militares habrán sido todo lo que usted quiera pero… estas cosas no pasaban.

Listo. Suficiente conversación con la señora madre por hoy, me dije. Le di la espalda sin una sola palabra más y extendí mis manos para entibiarlas en el fuego. Los chicos entonaban adaptaciones de cancioncitas tribuneras y sentí el impulso de cantar con ellos.

La señora me había ayudado a saber de qué lado tenía que estar. Gracias a ella y gracias a su nostalgia de un pasado que ella afirma que alguna vez existió, gracias a su echar de menos a los milicos y a su alergia viseral al reclamo, gracias a su incondicional celebración de la autoridad moral de nuestros abuelos me di cuenta que esos pibes y su grito, esos pibes y su fuego iluminaban y calentaban mis ideas mucho más que la mayoría de las cosas que suceden a diario en la escuela. Que se me anticiparon: hoy la clase la dieron ellos. Me sentí orgulloso.

A veces, nosotros, adultos confortablemente sentados sobre nuestro sofá-tele que nos guiona la realidad, nos acostumbramos a criticarlos, a criminalizarlos, a creer que o están borrachos o drogados; les exigimos compromiso… es más decimos frases tales como pendejos de mierda que no se comprometen con nada. Estos pibes con sus reclamos no hacen otra cosa que comprometerse con lo más importante que están construyendo: su propio destino. 

Es cierto que antes no había estufas, es cierto que antes lo que aprendías en la escuela  te habilitaba para trabajar; es cierto que antes (cuando yo estaba en el secundario) si reclamabas por algo así o te amonestaban o desaparecías (La noche de los lápices, no es una anécdota de aquella época: es lo que vivíamos en nuestros colegios). También hay que decir que antes  nos moríamos de poliomielitis, que antes de antes, existía la esclavitud y era lógica (al menos para los amos); que antes de  antes de antes nos balanceábamos entre las ramas de los árboles. Y la pregunta es “¿y qué?”

“ANTES”, no significa nada. Le guste o no le guste a la señora madre: vivimos hoy.

Finalmente los chicos acordaron con el director (que con mucho respeto salió a dialogar con ellos) entrar a clases y creyeron su promesa de tramitar decididamente la reparación del edificio. Que le dieran 10 días para que se inicien los trabajos. Que junten firmas de los padres. Que llamarían a la prensa y que le mostraran las condiciones edilicias del colegio (bien por el dire).

La clase se inició formalmente 10 minutos antes del recreo. Obviamente no repasé “texto expositivo”, claro.

Escribí grande grande grande en el pizarrón estos versos de María Elena Walsh:

“Quien no fue mujer ni trabajador
dice que el de ayer
fue un mundo mejor
”.


Opiniones (3)
9 de Diciembre de 2016|03:08
4
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9 de Diciembre de 2016|03:08
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. no le pongo 10 para que se siga esmerando. un abrazo muy grande y no sabe cuanto y hasta donde lo comprendo. :-)
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  2. Excelente, seguro que todo tiempo pasado fue ayer, no hay parámetros de comparación, todo lo que recordamos del pasado está subjetivado. En educación, funcionaba el sistema porque era lo único que había. No había otros distractores: TV- Play - PC - internet. Lo peor que puede hacer la escuela es sentarse en ese prejuicio de que "todo tiempo pasado fue mejor". En ese añorado pasado, no llegaban a la escuela secundaria la gran mayoría de los chicos de familias pobres. Ahora si. El asunto es que sigan y terminen. Y critiquen y se expresen y pongan en tela de juicio un sistema que de ninguna manera piensa en ciudadanos libres y críticos, más bien piensa en votantes dóciles y dispuestos a consumir cualquier cosa. Reitero, porque viene al caso y nunca se denuncia lo suficiente: los inspectores de Infraesttuctura, no van a las escuelas si los directores o los maestros no los van a buscar. ¿Excusa? No tienen movilidad, no tienen viáticos y no tienen porque arriesgar sus autos particulares. Se supone que los directores y maestros si. Los artículos excelentes.
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  3. lo de antes...lo de ahora...
    Me encantó José, la verdad que esto del ayer del hoy.. los derechos adquiridos con el tiempo...con el avance DE TODO... es tan real... tantas posibilidades tenemos que ANTES no tenian.... de hecho a mis 32 no vivi noche de lapices ..ni milicos (era muy chica) pero igual agradezco que mis hijos puedan reclamar lo que yo no pude y puedan ver el mundo tan a su alcance... LO NUEVO no es malo... los tiempos de antes fueron buenos.. pero eso no descarta que el HOY de mis hijos es BUENO...bien usado... Saludos...quedo a la espera del capitulo 9.-
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