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Borghi: “Nos hacen un gol y por ahí me río”

El entrenador de Boca cuenta por qué cree que tiene pegada la etiqueta de “bicho raro del fútbol”, y su estilo desdramatizador de la competencia. Leé un mano a mano imperdible.

El técnico de Boca habló con diario Perfil y arrojó esta jugosa entrevista.

En el país de las etiquetas, Claudio Borghi dice que tiene pegada la de “bicho raro”. No sabe por qué, pero entiende el juego. Cuenta que quizá para el ambiente del fútbol sea alguien especial y detalla: “Soy un técnico que no hago gestos para las cámaras de televisión, no cambio si gano o pierdo y me río cuando me pongo nervioso”.

—¿Te reís en situaciones límite?
—Yo tengo risas nerviosas. Me pongo nervioso y me cago de risa. Mi señora se sorprende. Hay un problema grave y me río. Nos hacen un gol y por ahí me río. Y alguien que me ve puede pensar: “Mirá este boludo, le hacen un gol y se está riendo”. Hay que tener cuidado.

—¿Desde que estás en Boca te reís más o menos?
—Mi única gran condición en la vida es que siempre soy igual. Yo tengo el famoso mameluco, que cuando llego a mi casa lo cuelgo. Y mi hijo no sufre que gane o pierda un partido. Prefiero reírme, siempre. Aparte, reírte ayuda. Lo que perdés en Boca es calidad de vida. Donde vas, tenés que hablar de Boca; no hay otro tema. Yo tengo un grupo de amigos con el que tengo un pacto: yo voy pero no hablamos de fútbol. Porque hay uno que es dentista y no le pregunto cuántas muelas sacó; y hay otro que es abogado y no le pregunto a cuánta gente cagó.

—¿Con tu familia no hablás de fútbol?
—Mi hijo, que es el que podría preguntarme cosas más íntimas de fútbol, no lo hace. Filippo no me dice: “Che, ¿cómo estuvo hoy Palermo o Riquelme?”. Tampoco se lo voy a decir.
La que se anima a opinar es mi mujer, pero desde su propia ignorancia. Mi hijo, a pesar de sus 14 años, tiene mucha ubicación cuando opina. Sabe que las críticas no me gustan; puede decir “qué gol se comió tal”, pero hasta ahí llega.

Su mundo. Opina, escucha, dice. Lo frena. Borghi bien pudo haberse ido de Boca después de la derrota ante All Boys. El antecedente lo marca cuando dirigió a Independiente. En el club de Avellaneda estuvo apenas cinco meses. Se apuró, reconoce. Por entonces su esposa, Mariana, no estaba a su lado; desde Chile, no lo pudo frenar. “Cuando dirigía a Independiente, estaba solo. Y ella me dijo: ‘Te fuiste muy rápido. Tendrías que haberte quedado más tiempo’. Quizá si hubiese estado conmigo, yo no habría renunciado”, rememora.

—¿Con tu familia en Argentina te sentís mejor?
—Hay más contención. Yo siempre digo que los técnicos somos las personas más ingratas del mundo. Cuando perdemos, somos los primeros en ir a casa; y cuando salimos campeones, lo último que hacemos es ir a casa. Tengo la suerte de estar con la misma mujer desde hace 25 años, entonces conoce mis buenos y mis malos momentos. Estoy más contenido porque sabe cuándo preguntarme y cuándo no. Tiene una gran ventaja: es la mujer de toda mi vida.

Borghi nombra una vez más a quien, según él, conoce todos sus secretos. Su alusión a su mujer es permanente, aun cuando la charla discurre por temas vinculados al fútbol.

“Acá en Argentina hay un machismo increíble. Lo que yo he logrado, poco o mucho, lo he logrado con mi mujer. Así que cómo no voy a hablar con ella, si es la que me aguanta todos los días, cuando gano o pierdo, cuando estoy con laburo o sin laburo. Con la persona que más hablo en la Tierra es con mi mujer. Aparte, las mujeres tienen un sentido más. Y mi mujer debe tener como ocho”, la sublima.

—¿Después de perder contra All Boys apelaste a su consejo?
—Sí. Y ella me dijo algo clave: “Al traerte a Boca, mucha gente confió en vos”. Yo no puedo defraudar a los que confiaron en mí. Quizás un día llegue al límite que diga “no puedo más” y me vaya. Pero es verdad, uno no puede aflojar tan rápido ante los problemas.

—¿Ella fue la que te apuntaló para que siguieras?
—Sí, principalmente ella. Pero mucha otra gente también. Yo soy el jefe técnico, aunque hay otras personas que trabajan conmigo. Ellos me dicen: “Mirá, el que te bancás las cosas sos vos”. El profe no va por la calle y le dicen cosas si ganamos o perdemos. Yo me tengo que bancar a la prensa, a la gente, pero igual escucho a mis compañeros a ver qué me dicen.

Mundo Boca. Su equipo sigue pensado alrededor de Riquelme. Pero el diez regresaría recién en la undécima fecha del Apertura. Borghi concede: “La idea es que el que entre por él sea parecido. Y que los de los costados le pasen siempre. La otra es que los dos delanteros tengan juego aéreo, y eso está saliendo bien.

—Pero querés pausa, y eso les falta.

—Pochi (Chávez) no es de dar pausa. Cañete sí, pero es chico, hay que protegerlo. Si lo ponés tres partidos seguidos en la Bombonera y las cosas le salen mal, lo van a empezar a putear. Hay que llevarlo despacio.

—¿Por qué creés que hay jugadores a los que les cuesta jugar en Boca?
—Lleva un tiempo. En Argentinos tuvimos diez cámaras de televisión recién el último día, cuando estábamos por salir campeones. Acá cambia todo: hay más de cien socios por entrenamiento, fuimos a Bahía Blanca y la gente nos esperaba en el lobby del hotel… A eso no te adaptás enseguida.

—¿Vos ya te acostumbraste?
—Sí, pero es muy desgastante. Y más como soy yo, que quiero estar en todo. No es fácil, pero es mi trabajo. Que quede claro, prefiero laburar acá y no en una mina.

Fuente: Diario Perfil

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3 de Diciembre de 2016|15:02
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