Noche de conexión entre el hombre, la cocina y el vino

Un nuevo encuentro de los hombres gourmet tuvo lugar en la bodega Terrazas de los Andes. Envueltos en una deliciosa y coloquial cena, los asistentes vivieron una noche de distendidas charlas y aprendieron nuevos secretos gastronómicos. En la nota, todas las fotos y los detalles.

Como todos los meses, el Club Gourmet Mendoza se reunió en un nuevo espacio para celebrar la amistad y el buen comer.

La cita esta vez fue en la casona turística de la bodega Terrazas de los Andes. El lugar es fruto de la restauración de una antigua bodega de estilo español fundada en 1898 por Sotero Arizu, uno de los precursores de la industria del vino en Argentina.

Ubicada en el corazón de Perdriel, la casa vitivinícola se encuentra frente al imponente Cordón del Plata, donde se concentra el cultivo de las mejores uvas tintas de la provincia de Mendoza.

La cena. Como bienvenida, los comensales degustaron langostinos crocantes acompañados de mousse de palta. Un delicioso Reserva Torrontés 2009 fue el vino que saludó la llegada de los integrantes del reconocido club.

Ya sentados a la mesa, un Reserva Chardonnay 2009 fue el encargado de escoltar al plato de entrada: sopa fresca de pepino y manzana verde, spicy sashimi y brotes verdes.

El trabajo previo para armar el plato principal fue notable y muy elogiado. "El sabrosísimo resultado valió la pena el esfuerzo", dijo el chef. 

El plato principal (lomo de cordero servido con degustación de papines y reducción de cabernet) tuvo la particularidad de ser presentado junto a dos vinos diferentes: el Afincado Cabernet Sauvignon cosechas 2002 y 2007.

“Decidimos servir dos copas de vino para dar una amplitud en el maridaje. Nos interesa que cada invitado pruebe ambos vinos y, a partir de ello, determine cuál prefiere su paladar", explicó Pablo Serrano -uno de los enólogos-. ¿El resultado? La mayoría coincidió en que, mientras que el cosecha 2002 tiene mucha más madera y estructura, el 2007 es más rasposo y joven. Pero a la hora de beber, todos acabaron con sus dos copas. "No es cuestión de desperdiciar", bromeó uno de los miembros del club.

Para cerrar la velada, el Afincado Petit Manseng 2006 fue el elixir dulce elegido para acompañar los dos platos restantes: un pre-postre (granita de maracuyá y espuma de queso azul) y un postre que cerró la cena con aplausos: frutas frescas con semiffredo de coco y almendras tostadas.

Pablo Serrano, Adrián Meyer, el chef José Cacciavillani y Diego Ribbert. Tres enólogos y un gourmet, los anfitriones de la noche.

Un apasionado. Además del delicioso menú, quien realmente se llevó el protagonismo del encuentro fue su creador, el chef José Cacciavillani. Con gran profesionalismo pero también con una desbordante pasión el divertido cocinero visitó a los comensales tras cada paso gastronómico y explicó secretos de cada plato, mixturados con deliciosas historias sobre su procedencia y características particulares.

“Hemos quedado encantados. El menú fue maravilloso y los vinos que lo acompañaron produjeron un maridaje excepcional. Pero quiero destacar al chef: José transformó esta cena en una experiencia rica en todo sentido: en historias, en recetas, en un viaje por el mágico mundo de la mezcla de sabores y olores que es la cocina”, expresó Fabián Calle. “¿Qué opino de los vinos? Me quedo con el Torrontés. ¡Me pareció sublime! Nosotros calificamos del uno al diez, pero le voy a poner un once”, comentó con gracia. 

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