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La lluvia que ya suspendió tres finales seguidas en el US Open

Como en 2008 y 2009, también impidió ayer que se jugara el match decisivo. Ya lo sufrieron Federer y Murray en 2008, Del Potro y Federer, 2009, hasta hoy cuando jueguen Nadal y Djokovic.

Estaban todos. Robert Redford, Robert De Niro, Charlize Theron, la realeza española. El mantel vestía la mesa; las sillas, de salón. Era de gala el asunto: una final histórica entre Rafael Nadal y Novak Djokovic, un ganador nuevo en la gran cita del cemento. Una posibilidad evidente de tocar el mismo cielo: el Gran Rafa, si alza el trofeo, entra en el círculo de los ganadores de los cuatro grandes. Sólo había que descorchar el champagne. Sin embargo, el festín debió suspenderse para hoy. El clima, benévolo durante todo el torneo -ni aquellos días de calor extremo ni aquellos días del amenazante huracán Earl-, se jugó una broma pesada el día más esperado. Llueve, llueve, no deja de llover: la pista del Arthur Ashe vacía de tenis, repleta de ansiedad. La gente va y viene, observa el cielo y se resigna. De paso, consume, como si fuese su especialidad: arropada de paraguas y camperas livianas, se lleva de todo. Remeras, camperas, toallas, bebidas, comidas. La noche reemplaza al día y la lluvia, esa intrusa fastidiosa en el juego de las raquetas, se impone otra vez. Es la gran campeona de hoy. Cuando son las 18 y monedas, después de varios amagos, la organización lanza el desafío: a la misma hora, un día después. Que es lo mismo que decir hoy, a las 17 de nuestro país, un español y un serbio por la gloria. Si el clima lo permite, claro. 

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