Mendoza y los caudillos según Sarmiento

"Mendoza es una herencia, veremos quién se posesiona de ella": con este párrafo inquietante Sarmiento finaliza la biografía de Aldao, uno de los personajes más polémicos de Mendoza. También tendrá ásperas palabras para Rosas y Facundo Quiroga en sus más célebres textos.

“El libro del loco Sarmiento es de lo mejor que se ha escrito contra mí: así es como se ataca, señor; así es como se ataca: ya verá usted como nadie me defiende tan bien, señor”, dijo Rosas al leer el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento, ensayo que comienza a aparecer en el año 1845 en el diario El progreso de Chile.

Carlos Fuentes aseveró en una reciente entrevista, al responder sobre la literatura argentina: “Ustedes tienen el Facundo… y a Borges”.

Y Borges lo admiraba: "El destino fue misericordioso con el riojano; le dio una muerte inolvidable y dispuso que la contara Sarmiento", sentenció el autor de El aleph. Su viuda, María Kodama, nos dijo en alguna entrevista que Borges “siempre decía que había sido un error tomar como libro de cabecera el Martín Fierro, porque para él era la base de cosas que no eran positivas para la gente, como por ejemplo los consejos del Viejo Vizcacha. En cambio él pensaba que si hubiéramos tomado como libro de cabecera la obra de Sarmiento, hubiera sido otro nuestro destino",

Y es que para Sarmiento, el de la llamada “generación de los proscriptos”, la escritura tenía una decisiva función civilizadora, “que en su caso tuvo las características de una imperiosa necesidad proyectada en piezas autobiográficas, folletos, folletines, narraciones, libros, anticipos de novelas, biografías, ensayos, cartas y ejercicios periodísticos”, destaca la investigadora mendocina Clara Jalif de Bertranou.

Argentina tuvo en él gran polemista que creía en la eficacia de la palabra escrita como praxis social. Dentro de este marco se ubica la significación concedida al periodismo para la formación de los ciudadanos, tarea que desarrolló durante su primer exilio en Chile, entre 1841 y 1845, de la publicación de Facundo. Civilización y barbarie.

“A juicio de Borges, Sarmiento pertenecía a una categoría de escritores cuyos textos no merecían ser analizados por su lógica. `La virtud de la literatura de Sarmiento –expresaba en 1943 al prologar Recuerdos de provincia- queda demostrada por su eficacia´”, cita la historiadora Beatriz Bragoni.

“Lenguaje y política van de la mano. (…) Sarmiento cree que para materializar las promesas modernas es preciso emprender una aventura colectiva: de allí que el lenguaje, el idioma –no lo gramática- debe ser ensayado, como la política, en `ejercicios populares´. A su juicio, `la soberanía del pueblo´ tiene todo su valor y su predominio en el idioma. (…) Sarmiento entiende la literatura como hija de la experiencia y de la historia”, subraya la investigadora.

Ejemplo perfecto del intelectual de la época, de su obra literaria y periodística destacamos tres que nos parecen fundamentales porque en ellas se verifican estas concepciones sarmientinas acerca de la literatura, la historia y la política.

El general Fray Félix Aldao. Gobernador de Mendoza (1845)

El general Fray Félix Aldao es el inicio de una serie de obras que tienen dos rasgos característicos: la forma biográfica y la oposición civilización-barbarie que encontrará en el Facundo su más alta expresión.

Sarmiento –quien estuvo a punto de ser ejecutado por las tropas federales de Aldao en la batalla del Pilar en 1829, en la que murió Laprida– traza aquí un retrato memorable de la vida del cura y caudillo mendocino, oficial de San Martín, desaforado protagonista de la lucha por la Independencia y de las sangrientas guerras civiles que le siguieron.

Considerado un apóstata por abrazar la carrera de las armas, siendo fraile, Aldao fue condenado socialmente e impedido de legitimar su matrimonio; este hecho, en opinión de Sarmiento, explicaría la extrema saña de sus crímenes y los desórdenes de su vida, vida en la que se mezclan episodios de gloria y abnegación, de ignominia, de coraje y de locura.

“En medio de tantas cualidades malas, este hombre tenía algunas virtudes recomendables. Ha tenido amigos que lo han estimado entrañablemente, y cuyo afecto ha sobrevivido a la distancia y a la muerte, y es imposible que inspirase afecciones tan durables y desinteresadas un hombre que no poseyese algunas buenas prendas que disminuyesen el horror de las malas. Sabía hacerse amar de sus soldados, de los que hay muchos que le han acompañado durantes muchos años. Solía distribuir granos en gran cantidad entre los pobres del sur de Mendoza, y muchos infelices le deben su subsistencia. Cuando sabía que se acercaban familias chilenas, de las que frecuentemente emigran para Mendoza, las mandaba encontrar con víveres, y proveía a su subsistencia y establecimiento por algún tiempo. Últimamente, personas que lo han tratado de cerca, aseguran que tenía un amor entrañable a sus hijos, y que sus caricias le daban momentos de abandono y de placer indecibles. El apellido Aldao queda en su progenie reconocida de tres mujeres, algunos otros bastardos suyos, y los hijos legítimos de D. José, su hermano. Un fin trágico cupo a todos los Aldao, ¡el mejor ha sido el de D. Félix! Todo Mendoza acompañó su cadáver a la iglesia, en cuyo interior ha sido enterrado. Por la tarde se dice que la Alameda estaba llena de concurrentes de ambos sexos. Desde que estuvo Pacheco, este paseo manchado con la sangre de las víctimas degolladas en él, había sido poco frecuentado.

“La única mejora que Mendoza ha recibido durante este gobierno, ha sido poblar su frontera del sur con inmigrados de Chile, que se han reunido en villorrios y alquerías a la sombra del fuerte San Carlos, que habitaba Aldao, que siempre mostró mucho interés por el acrecentamiento de aquellas poblaciones.

“Ahora Mendoza es una herencia, veremos quién se posesiona de ella”,
con este párrafo inquietante Sarmiento finaliza la biografía de uno de los personajes más polémicos de Mendoza.

Facundo o Civilización y barbarie (1945)

"¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tu posees el secreto: ¡revélanoslo!”, exclama Sarmiento al comienzo de Facundo.

Escrito en Chile, este ensayo es una apasionada denuncia contra la dictadura de Rosas, su gran enemigo, a través de la biografía de Juan Facundo Quiroga y de las diferencias entre los federales y unitarios. Criticado a lo largo de toda su vida tanto por el estilo fragmentario y por momentos errático, como por el contenido político, Sarmiento no evitó los combates y el libro se convirtió no solo una de las obras literarias fundamentales de nuestra literatura, sino que influyó en toda la hispanoamericana.

Sarmiento describe en el Facundo la vida social y política del país desde una perspectiva sociológica e histórica, pues explica nuestras contradicciones desde el conflicto entre la "civilización" y la "barbarie", simbolizadas en los medios urbano y rural, respectivamente.

En el Facundo se articula todo el programa de Sarmiento: sus ideas literarias, su propaganda política, sus planes de educador, su concepto histórico. El mismo Sarniento dijo al respecto que este libro era un “ensayo y revelación para mí mismo de mis ideas".

"Para Sarmiento, barbarie no es tan sólo ignorancia de lo que el civilizado sabe, es también sabiduría de lo que el civilizado ignora. (...) No hay tan sólo repulsa en la actitud de Sarmiento ante la barbarie, no es tan sólo para injuriar al enemigo muerto, sino precisamente para entenderlo", argumenta el historiador Tulio Halperín Donghi.

Recuerdos de provincia (1850)

Recuerdos de provincia se publicó sin que se modificaran las circunstancias políticas del Sarmiento desterrado frente al gobierno de Rosas. Por el contrario, se agravaron y hubo una intensa presión diplomática para obtener su silenciamiento.

Esta autobiografía tuvo y sigue teniendo diversas interpretaciones, pero todas coinciden en destacar la finalidad política de obra, desde Ricardo Rojas a Beatriz Sarlo.

Rojas escribe: "Si leemos Recuerdos de provincia, teniendo en cuenta las circunstancias históricas y las intenciones políticas con que su autor las escribió, tal libro requiere una nueva valoración. No es obra de mera recreación estética; es un ariete más del arsenal polémico”; en tanto que Sarlo afirma que este libro fue el que ayudó a Sarmiento a lanzar su campaña política.

Recuerdos de provincia traspuso el ámbito individual y se internó en la historia del suelo natal, que es apenas una porción, de una realidad mayor; pero, en ese territorio, en los hombres evocados, tenían vigencia los ideales con que las comunidades fundadoras habían abrazado la Revolución de Mayo de 1810.

Mientras recorre en el libro la historia de su familia, y con ella, la de San Juan y de las grandes figuras de la historia argentina, también analiza la situación política, social y económica del país, bajo el gobierno de Rosas.

En Recuerdos de provincia, dice Borges, “Sarmiento contaba treinta y nueve años a la sazón. Historiaba su vida, historiaba las vidas de los hombres que habían gravitado en su destino y en el de su país, historiaba sucesos casi inmediatos, de repercusión dolorosa. La forma de los hechos contemporáneos suele ser indistinta; es menester que pase mucho tiempo antes que percibamos su configuración general, su básica y secreta unidad. Sarmiento ejecuta la proeza de ver históricamente su actualidad, de simplificar e intuir el presente como si ya fuera el pasado. (…) Nadie puede leer este libro sin profesar por el valeroso hombre muerto que lo escribió, un sentimiento que rebasa la veneración y la admiración: la plena e indulgente amistad”.

Fuentes: Sarmiento o la imperiosa necesidad de la escritura, de Clara Jalif de Bertranou; Sarmiento versus Borges, de Rosalía Centeno de Hoyos; Polémicas literarias de Domingo F. Sarmiento, compiladas por Beatriz Bragoni; La estrategia ejemplar de Recuerdos de provincia, de Beatriz Sarlo.

Patricia Rodón

Opiniones (2)
7 de Diciembre de 2016|16:54
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7 de Diciembre de 2016|16:54
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  1. Muy buena la nota, me he sentido ilustrado por ella, felicitaciones
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  2. MUY BUENA NOTA...
    Aún cuando me plantea algunas dudas con respecto al cura Camilo Aldao. En el año 1967 se realizó en La Rioja, el 1º y único congreso Varelista, por Felipe Varela, el único de los caudillos no reivindicados de la Argentina y entre los varios documentos citados y publicados -tuve el honor de que Fermín Chávez me regalará un ejemplar- Varela cita a Camilo Aldao -que además escribiera su proclama de 1867- como cordobes, es más en Córdoba hay un pueblo que lleva su nombre. En el libro se cita también, el miedo que le tenía Sarmiento al Chacho Peñaloza, ya que teniendo presa a su mujer, que barría las calles de San Juan con su pierna atada a una bola de hierro, los sanjuaninos de divertían haciendo correr el rumor de que el Chacho venía a liberarla, con lo cual lograban que Sarmiento partiera raudo a Buenos Aires. También cuenta Camilo Aldao el armisticio y traición contra el Chacho Peñaloza, cuando en la ciudad de Caucete se reúnen con el general Paunero. El Chacho le dice a Paunero: "Acá están los 700 prisioneros que he tomado, quiero que les pregunte si les falta aunque sea un botón de sus chaquetas? Y los 700 prisioneros gritan a coro: "Viva el general Peñaloza" ¿Dónde están los 2000 prisioneros que ud. tomó? Y Paunero calla, porque había a pasado a deguello a todos los prisioneros. Sería importante, habiendo tantos buenos historiadores, que hicieran pública la verdadera historia de Felipe Varela y como fue Mendoza la primera provincia montonera, cuando se unen a Varela los 300 lanceros de Guanacache al mando de Severo Chumbita; su intervención también para que el ejército de Urquiza no participara en la guerra contra el Paraguay y sobre todo su visión de la unión latinoamericana proclamada por San Martín y Bolivar.
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