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El fin de una buena costumbre con un duro golpe

Por primera vez en 12 años, la selección de básquetbol no estará en las semifinales de una gran cita; la última vez que había caído en cuartos de final fue en el Mundial 1998 (terminó 8ª); una caída que no empaña una década brillante, que este equipo sueña prolongar en Londres 2012.

Una costumbre se terminó con un duro golpe. La selección argentina de básquetbol, a partir de una brillante generación de jugadores, se habituó a estar entre los mejores equipos del mundo. Era sorpresivo quizá para un deporte sin demasiado apoyo. Sin embargo, con el correr de los años los Ginóbili, Nocioni, Scola, Oberto, Delfino situaron a este seleccionado en la elite y en las principales posiciones de los torneos más importantes. 

Esos gestos de resignación de Scola, el rostro de Delfino, casi con lágrimas, por la decepción son el reflejo de esta despedida de la selección de básquetbol, que, por primera vez en 12 años, no juega las semifinales en una gran cita. Fue en 1998, en el Mundial de Grecia, cuando el conjunto nacional terminó en el octavo puesto, luego de perder en cuartos de final ante Yugoslavia por 81-78, el último antecedente en el que la Argentina finalizó por debajo de los cuatro primeros. 

Luego, tras no conseguir la clasificación a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, la Generación Dorada dio sus mejores frutos con el subcampeonato en el Mundial de Indianápolis 2002, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el cuarto puesto en la Copa del Mundo de Japón 2006 y el bronce en los Juegos de Pekín 2008. 

No es el cierre de una etapa, si no quizá sólo la conclusión de una costumbre con ribetes históricos. La idea de este grupo es poder dar una vuelta de página en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde sueña con despedirse Manu Ginóbili. Aunque primero se deberá conseguir la clasificación en el Preolímpico de Mar del Plata del año próximo. 

Algo cambió, en 2002, cuando la selección superó los cuartos de final en Indianápolis, tras vencer nada menos que a los Estados Unidos, fue la primera derrota de un Dream Team. Desde entonces, empezó el sueño de ser protagonista en las grandes citas, con triunfos históricos como ante Grecia en los cuartos de final de los Juegos de Atenas o el lujo de ganar el bronce en Pekín con una gran actuación ante Lituania, el rival de hoy. 

Nadie se olvida de esa derrota agónica ante Yugoslavia en la final de 2002, ni el triunfo dorado ante Italia, de 2004, o de ese triple que no fue de Nocioni en las semifinales del Mundial 2006 ante España. 

La Argentina dejó atrás una buena costumbre, pero nada empaña el brillo de la última década, ni la posibilidad de disfrutas un tiempo más de este equipo que ya está en la historia, una generación que será muy difícil que se repita. 

(*) Información provista por www.Canchallena.com

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2 de Diciembre de 2016|17:06
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