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Lágrimas de nostalgia en tiempos de básquet y Ramadán

Cuando restan cuatro días para el cierre del Mundial, se termina mañana en Turquía el mes de ayuno que establece el calendario musulmán, un período que se vive de una manera muy especial entre los locales.

Caminar por el Gran Bazar puede ser toda una odisea. Pasillos grandes, medianos y pequeños repletos de negocios. ¿Qué venden? De todo: desde remeras a 9 dólares hasta joyas de cuatro mil dólares. La mayoría de los comerciantes manejan entre tres y cuatro idiomas, y hacen del regateo un arte para vender. Sin embargo, para Hamza, un joven de 25 años, poder vender una o dos carteras más en su pequeño local no es importante en estos días. De religión islámica, como el 99 por ciento de la población en Turquía, habla con admiración de una sola cosa: el Ramadán. 

El Ramadán se celebra el noveno mes del calendario musulmán. Durante 30 días los musulmanes no pueden comer, beber, tener relaciones sexuales, enojarse, entre otros impedimentos, desde que sale hasta que se pone el sol. Una suerte de abstinencia. "Good time", dice Hamza, con su limitado inglés, para referirse al mes más importante para él y su religión. 

Además, durante estos días, los musulmanes agregan una oración diaria y suman un total de cinco rezos al día. Luego de que se esconde el sol, las familias acostumbran a juntarse en las casa y celebran con un abundante banquete. 

Esta práctica la realizan las personas adultas. Tanto hombres como mujeres (salvo las que estén en período de menstruación o de puerperio). Por su parte, los deportistas pueden no hacerlo. Todos aquellos musulmanes que no puedan cumplir el ayuno por diferentes motivos, pueden compensar los días antes del próximo Ramadán. 

Cuando uno se imagina estar durante treinta días, en los que la temperatura oscila los 30 grados, sin poder tomar ni una gota de agua cree que es imposible. "No es difícil. Uno lo hace por Alá y eso le da felicidad", asegura Hamza. Sin embargo, para Oytun Ozer, el guía que tiene asignado el seleccionado nacional, esta práctica es muy complicada de hacer durante el verano y en tiempos de intensidad laboral, como lo es ahora, con el Mundial de Básquetbol en casa. "Hace 10 años, coincidía con el invierno y era más fácil porque no hacía calor y los días eran más cortos, pero ahora se dificulta mucho", sostiene. 

Esta práctica también influye en la vida diaria de los turistas. Muchos bares y restaurantes abren sus puertas en los horarios normales, pero no venden comida ni bebida. Otros, no tan conservadores, limitan la venta de bebidas alcohólicas. "Eso se hace porque si uno ve a alguien comiendo es muy factible que se tiente. De esta manera, es más fácil", explica Hamza. 

Este año, el Ramazan, como se dice en turco, comenzó el nueve de agosto y finalizará mañana. Durante los próximos tres días se celebrará un carnaval para festejar dicho acontecimiento. Los museos, los bazares y gran cantidad de restaurante cierran sus puertas. Todos los musulmanes estarán contentos de haber podido cumplir un Ramadán más. Sin embargo, las palabras finales de Hamza, casi entre lágrimas, describen el sentimiento de muchos: "No me gusta que termine". 

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7 de Diciembre de 2016|15:34
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