Deportes

Transmiten la pasión del tablón

Festejaron con la gente el pasaje a los cuartos y un éxito que extiende la paternidad sobre los brasileños.

Una costumbre de la selección es "pagarles el pasaje" a los hinchas con una actuación memorable, para contar, de esas que sirven para decir "¿te acordás el día que nos cruzamos con Brasil en los octavos de final del Mundial de Turquía? Bueno, ese día, justo ese día, yo estuve ahí". Otra tradición de la Generación Dorada es festejar como si fuesen más fanáticos que los que gritan y agitar banderas en la tribuna. Abrazados, saltando, al ritmo de su himno desde hace años: "¡Se mueve para acá, se mueve para allá, ésta es la banda más loca que hay!".

Despliegan toda su alegría cara a cara con la gente. Ya ocurrió una vez, en Puerto Rico, cuando lograron la clasificación para los Juegos de Atenas 2004, que se subieron todos a la tribuna y fueron un grupo de hinchas más. Aquí todavía no llegaron a eso, pero? 

Ayer el plantel nacional llegó al estadio conmoviendo los cimientos con ese estribillo que es cábala y tradición y se fueron coreándolo otra vez, pero ahora junto a los fanáticos que terminaron dejando su estela celeste y blanca por las calles de la noche de Estambul. 

Tres horas y media antes de que comenzara el clásico sudamericano ya se fueron juntando y se encargaron de marcar presencia, especialmente, cuando algún brasileño osaba expresar algún sentimiento nacionalista. Se erizó la piel cuando apelaron a ese nuevo rito de entonar el himno nacional acompañado con un característico oh, oh, oh, oh, oh . 

Banderas, gorros, caras pintadas, camisetas de la selección de básquetbol o de fútbol, todo era celeste y blanco desde mucho antes de las 21 aquí, las 15 en nuestro país. En ese fondo, con los colores patrios, paradójicamente se dibujó la silueta de Rubén Magnano. Cuando desde el banco argentino miraban a la hinchada, apareció siempre la figura de Magnano gesticulando, gritando, quejándose. Y por suerte jamás hubo un atisbo de falta de respecto para con el cordobés, ahora coach de Brasil. No merecía menos después de lo que consiguió para el país. 

Cuando concluyó el partido, todos los jugadores se amontonaron en el centro de la cancha y festejaron un triunfo histórico, logrado con un temple increíble, pero cuando quisieron empezar a saltar vinieron los brasileños a saludar y se interrumpió apenas un instante la fiesta. 

Es que había que celebrar porque también la paternidad que el equipo argentino ha desarrollado sobre Brasil es contundente. No se trata sólo del juego de anoche: el dominio empezó con dos triunfos para obtener el título en el Premundial de 2001. Luego lo venció en los cuartos de final del Mundial de Indianápolis 2002, en el Preolímpico de 2003 y en el Preolímpico de Las Vegas 2007. En grandes torneos, Brasil sólo pudo vencer cuando la Argentina presentó equipos de segundo orden, en los Premundiales de 2005 (nuestra selección ya estaba clasificada) y 2009 (se llevó un equipo alternativo). ¿Se entiende el valor de lo que se estaba festejando? 

Pero no pasó ni un minuto que todos los jugadores se fueron a gritar frente a los hinchas.

Pareció que no tenían ganas de ir al vestuario. "Lo de la gente es increíble. Nos vienen siguiendo desde Kayseri. Les agradecemos el aguante", dijo Leo Gutiérrez. "Sensacional el tablón", apuntó Pablo Prigioni, que dos o tres veces les hizo el gestito con la mano, como pidiendo aliento. Como si "la N° 6" argentina también jugara contra Brasil. 

Ayer los felices hinchas argentinos, incluidos los desperdigados por el resto del estadio, superaron el medio millar, pero dicen que se esperan más para el choque de mañana con los lituanos, que también cuentan con una buena banda de fans. Un buen contrapunto para otro juego decisivo. 

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9 de Diciembre de 2016|19:59
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