Bésame mucho

Los besos son el ansia inconfesable de comerse y beberse una y otra vez. Son brindis, comuniones, son el pedernal del sexo. ¿Por qué nos besamos? ¿Cuál es su valor simbólico? ¿Qué produce su efecto embriagador? ¿Cuántos tipos hay? ¿Cuáles son los más famosos? Te lo contamos en esta nota.

“¡Vivamos y amémonos, Lesbia mía, e impórtennos un comino las murmuraciones todas de los viejos demasiado severos! (…) Dame mil besos, luego cien, después otros mil, luego cien más, luego otros mil, después cien; por fin, cuando hayamos sumado muchos miles, embrollaremos la cuenta para no saberla y para que ningún envidioso nos pueda echar mal de ojo cuando sepa que nos hemos dado tantos besos”, escribía el poeta Catulo a su amada en el siglo I a.C.

Los besos son el hambre insatisfecha, la sed eterna de otra boca, el ansia inconfesable de comerse y beberse al otro una y otra vez. Los besos son pequeños pactos hechos de leves suspiros, de roncas respiraciones, de ruidos de ojos y lenguas que viajan sin destino hacia el grito. Los besos nacen en la curva de los labios, buscan la saliva, se montan en los dientes, tapizan el paladar y navegan hasta la sombra de la garganta en procura del aliento del amado.

Los besos son una avaricia, una colección de temblores, el ojal de las trampas, el pedernal del sexo. Los besos se cargan como los dados y las armas. Los besos son los muelles donde nacen las tormentas del amor. Los besos son brindis, comuniones, citas con aquello del otro que no se puede tocar. Los besos son el afán imposible. Los besos se van de boca.

Todo se ha dicho sobre los besos, miles de poemas los celebran y los cantan. No hay escritor, pintor o músico que no haya intentado acercarse al beso, al acto de besar y desbesar, que no haya intentado describir la suma de sensaciones y emociones que suscita el dulce columpio de los besos dados, recibidos o robados.

Los besos son nuestra historia; vienen con nosotros como la sangre o las uñas; son más que un comportamiento social o una conducta ya que a través de ellos podemos manifestar un enorme abanico de sentimientos que difícilmente podríamos verbalizar. Los besos llegan adonde no llegan las palabras.

"El beso", de Francesco Hayez (1859).

La ciencia de besar

Por ello, los besos hasta tienen una ciencia: la filematología. Ésta estudia los orígenes del beso, los cambios de significado a lo largo del tiempo, clasifica los tipos de besos, los elementos que intervienen y las reacciones físicas y mentales que provoca en besados y besadores.

Al parecer, de acuerdo a estudios antropológicos, el beso como necesidad biológica primero y manifestación cultural después, habría surgido como resultado de la costumbre de las mujeres de la prehistoria quienes, premasticaban los alimentos antes de dárselos, en la boca, a sus hijos pequeños.

Este tocar a otro con los labios habría aparecido como forma instintiva de demostrar afecto y se verifica por primera vez de la madre hacia su hijo. También se habla del inconsciente impulso de succión del bebé y de la costumbre primitiva de olfatearse.

A ello, se sumaría el hecho de que la necesaria proximidad entre las personas que exige el beso permite oler la piel e incluso probar la saliva del otro obteniendo información clave acerca de la compatibilidad biológica y la salud del compañero sexual.

Estos significados básicos se habrían ampliado para demostrar agrado en las comunidades primitivas, para establecer jerarquías, para demostrar obediencia y respeto o para bendecir al otro. Hoy, el beso es el saludo habitual entre familiares y amigos para demostrar afecto y la expresión natural de amor hacia la persona amada.

El beso es un poderoso mecanismo de adaptación presente en más del 90% de las comunidades humanas y tiene centenares de significados de acuerdo a la zona del cuerpo que se bese (la boca, la mejilla, la frente, las manos, los pies, etcétera) y a la cultura en que se produzca.

Sirva como dato, que la Biblia es el primer libro que describe perfectamente el beso, con cuarenta alusiones sólo en el Antiguo Testamento.

"El beso", de Gustav Klimt (1907).
Química y física del beso

La filematología también estudia los sentidos que intervienen en el momento del beso, en el que destacan el gusto, el tacto y el olfato. Cada uno de ellos produce fuertes reacciones emocionales a través de la química pues, al besar, nuestro organismo genera ciertas hormonas que nos producen un cierto estado mental.

Se ha observado, por ejemplo, que la saliva contiene sustancias químicas que detectan si la persona besada sería una pareja sexual idónea; cuando se besa a otro se estimula una parte del cerebro que libera oxitocina en el torrente sanguíneo lo que produce una sensación de placer.

La oxitocina, llamada la “molécula del amor” o “la molécula afrodisíaca”, es una hormona relacionada con los patrones sexuales que actúa como neurotransmisor en el cerebro y que interviene en algunas funciones básicas tales como el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el amamantamiento; de igual manera, está relacionada con la afectividad, ternura y el acto de tocar.

Por su parte, los besos apasionados provocan la liberación de adrenalina en la sangre, obteniendo un aumento en el ritmo cardíaco, la tensión arterial y el nivel de glucosa en la sangre.

La saliva de un hombre contiene testosterona y cuando besa dosis de esta hormona pasan a la de su pareja, excitándola. Y si esos besos son húmedos, mucho mejor, porque “inconscientemente intentan transferir esta sustancia para provocar el apetito sexual en las mujeres. Además, la humedad de los besos podría ayudarles a medir los niveles de estrógenos femeninos de su pareja y así saber su grado de fertilidad", explica la antropóloga Helen Fischer.

“En cuanto a ellas, el beso les sirve para detectar el estado del sistema inmune de su posible pareja y saber cuánto se cuida, pues recordemos que el sabor y el olor de la saliva nos dice mucho sobre la higiene y salud de la persona”, señala la experta.

Mientras más excitantes y apasionados sean los besos, más adrenalina es liberada en la sangre y mayores son los beneficios para la salud, a pesar de que la boca está llena de bacterias, y que al besarse, las personas involucradas intercambian entre diez millones y un billón de bacterias, dependiendo de la duración del contacto.

Además, durante un beso se ponen en acción más de treinta músculos faciales. En el beso erótico intervienen cinco de los doce nervios craneales que afectan a las funciones cerebrales. Los expertos afirman que besarse no sólo ayuda a estar sano, sino también a bajar de peso, pues por cada beso que demos quemamos hasta 26 calorías, se fortalece nuestro sistema inmune, hace que el pulso se acelere y se prolonga la vida de los besadores.

"El beso", de Edvard Munch (1897).

Besos para todas las bocas

Hay besos para todos los gustos: cazadores, succionadores, de tomar todo, piquitos y chupones. Intensidad, profundidad, duración y superficie de contacto son parámetros analizables aún en este contacto íntimo y los expertos han estudiado, descrito y clasificado los besos en los siguientes tipos:

Beso seco: es el beso simple, cuando se apoyan los labios de uno contra los del otro.

Beso hollywoodense: al momento de besarse, uno inclina al otro hacia atrás, como invitándolo a estar más cómodo y preparándolo para lo que le espera. Este estilo se impuso en las películas de los años '50 y se convirtió en una clásico, aunque no es muy frecuente entre las parejas sigue siendo muy romántico.

Beso succionador: para practicarlo, la mujer tiene que tomar entre sus labios el labio inferior de su pareja para introducirlo en su boca, mientras que él ejerce una movimiento de succión.

Beso francés o de lengua: consiste en que la mujer toque con su lengua los labios del hombre para luego introducirla en la boca de su pareja y viceversa.

Beso de lado: se realiza cuando cada uno de los miembros de la pareja gira su cabeza en sentidos opuestos para besarse.

Beso de apretón: se refiere cuando una persona aprieta fuertemente sus labios contra el labio inferior de su pareja.

Beso de tú uno y yo el otro: se trata de que el hombre bese el labio superior de la mujer mientras que ella besa el labio inferior de él.

Beso toma todo: un miembro de la pareja toma entre sus labios los labios del otro.

Beso de lengua apasionado: la pareja introduce sus respectivas lenguas en la boca del contrario tocando los dientes y el paladar.

Beso de yo te sigo: en este caso se espera a que uno de los dos inicie la acción de besar y el otro le siga alcanzando un ritmo frenético.

Beso cazador: este se da cuando la pareja juega a que cada uno trata de atrapar con sus labios el labio inferior del otro.

Beso "pico" o "piquito": es un beso dado en los labios, pero con apenas contacto; es muy usual en la pareja y en ciertas familias es una muestra de afecto entre padres e hijos y entre hermanos, principalmente cuando los hijos son niños.

Beso de baldosa: ocurre cuando la pareja se da un beso intenso y de extensa duración mientras los pies de ambos se encuentran en una superficie no superior a una baldosa (generalmente de 30 x 30 centímetros), lo que hace que durante el beso mantengan sus cuerpos muy juntos. Es un tipo de beso muy bonito y apreciado por la agradable sensación de acercamiento entre ambos y generalmente suele dar paso al beso XT.

Beso espacio-tiempo: es un beso intenso, apasionado y de una duración indeterminada; generalmente es un beso que ha estado guardado durante un tiempo antes de materializarse por lo que adquiere gran intensidad en el momento de su entrega, pudiendo provocar la sensación de viajar y alterando la percepción del tiempo; su efecto puede ser imprevisible.

Beso XT: consiste en un beso apasionado con ritmo frenético, con mucho deseo y ansias de sentirse; se intercambian lenguas, mordiscos y lametones de manera profunda.

"El beso de Judas", del Giotto (ca. 1304).
Labio contra labio

Como en toda historia, en la de los besos hay anécdotas y situaciones curiosas. Entre ellas, destacan los besos por codicia en la Biblia cuando Jacob besa a Isaac, su padre, y le hace creer que es Esaú, el primogénito, con la artera intención de obtener la bendición de su padre y quedarse la jefatura de la familia.

Otro beso bíblico, el más famoso de los besos literarios, es el de la traición de Judas, que besa a Jesús en la mejilla para señalarlo ante los romanos; con éste lo entrega al poder político. Este “beso de Judas” aparece en el Evangelio según San Mateo.

También destacan las curiosidades de los besos  que se han prodigado en la pantalla grande. Por ejemplo, John Barrymore dio 191 besos en la película Don Juan (1927) y cuenta hasta hoy con el récord.

El beso más largo del cine duró 3 minutos y 5 segundos y se lo dieron Jane Wyman y Regis Toomey en Ahora estás en el Ejército (1941); y Dror Orpaz y Carmit Tzubara protagonizaron en 1999, en Tel Aviv, el beso más largo registrado aguantaron 30 horas y 45 minutos con las bocas pegadas antes de ser trasladados al hospital con fuertes dolores en la cara.

En la costumbre escocesa del beso entre padre e hija, el padre besaba los labios de la novia al final de la ceremonia como señal de bendición y deseo sincero de la felicidad conyugal. Posteriormente durante la fiesta, la novia besaba a todos los hombres en la boca a cambio de algo de dinero.

La gente solía besar la mano de aquella persona con un nivel social más alto o de mayor jerarquía en la familia como los padres, abuelos o bisabuelos o bien quien tuviera un cargo importante en determinado ámbito como el padre de la iglesia, los cardenales, los obispos, el Papa, etcétera; ese beso era muestra de respeto más que de afecto; en cambio se besaban en la mejilla dos personas de iguales condiciones como muestra cercanía.

A las damas por su parte y para no faltarles al respeto también se les besaba en la mano, en vez de la mejilla, y en la Edad Media, el caballero que besaba a una dama en la boca estaba obligado a casarse con ella.

El Kamasutra describe tres clases de besos: el nominal, en el que los labios apenas se tocan; el palpitante en el que se mueve el labio inferior, pero no el superior; y el beso de tocamiento, en el que participan labios y lengua.

Por su alto contenido simbólico hasta los cuentos infantiles tienen al beso como elemento mágico. De La bella durmiente (cuento de hadas nacido de la tradición popular y puesto por escrito por Charles Perrault y luego por los hermanos Grimm) que se queda dormida por el pinchazo de una aguja hasta que el beso de un príncipe azul la despierta; pasando por Blancanieves (cuento cuya versión más conocida es también la de los hermanos Grimm) que es envenenada con una manzana por la malvada reina y “muere” pero es el beso de un príncipe quien la revive y todas las princesas que deben besar a un sapo para deshacer oscuros maleficios, hasta la moderna historia animada de Shrek y Fiona que deben besarse para romper otro sucio hechizo, el beso es casi sinónimo de magia, magia amorosa, claro.

"Un beso ganó", de Jean Honoré Fragonard (1806).

La magia de los besos hechos palabra

Juan Everaert publicó hacia mediados del siglo XV un pequeño pero intenso librito llamado Besos, en el que declaraba. “Cien veces cien besos, mil veces cien besos, mil besos mil besos y mil veces tantos miles de besos como gotas contiene el mar de Sicilia, como estrellas del cielo, pondría sin tregua sobre tus mejillas purpúreas, tus carnosos labios, tus ojos parleros, ¡oh, hermosa Neera!”.

Es Julio Cortázar, quien en el "Capítulo 7" de Rayuela, emociona por la precisión de sus palabras al escribir:

“Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

”Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.

Para el final y porque el vértigo de los besos se impone en esta nota, compartamos el delicioso "Poema 12" de Espantapájaros, del enorme Oliverio Girondo:

"Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan".

"El beso", de Theodoro Gericault (1822).

Patricia Rodón

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Opiniones (3)
3 de Diciembre de 2016|08:49
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3 de Diciembre de 2016|08:49
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  1. El beso jamás mejor narrado Boca que arrastra mi boca: boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos fúlgidos aletazos. El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio. Beso que rueda en la sombra: beso que viene rodando desde el primer cementerio hasta los últimos astros. Astro que tiene tu boca enmudecido y cerrado hasta que un roce celeste hace que vibren sus párpados. Beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos, que no dejarán desiertos ni las calles ni los campos. ¡Cuánta boca enterrada, sin boca, desenterramos! Beso en tu boca por ellos, brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos, recuerdos, besos distantes y amargos. Hundo en tu boca mi vida, oigo rumores de espacios, y el infinito parece que sobre mí se ha volcado. He de volverte a besar, he de volver, hundo, caigo, mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos como una febril nevada de besos y enamorados. Boca que desenterraste el amanecer más claro con tu lengua. Tres palabras, tres fuegos has heredado: vida, muerte, amor. Ahí quedan escritos sobre tus labios.
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  2. "Dame tu lluvia de besos, deja tu olor en mi almohada, inúndame de caricias y ahoguémonos en mi cama." De "Inúndame" (Pelo Merelo)
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  3. Buenísimo Patricia, me gustan los artículos de opinión con bibliografía, y los ejemplos de Capítulo 7 y Oliverio son los mejores, y las imágenes!!!, hace falta un libro con todos tus artículos!!!
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