Cartas al Rey de la Cabina

Luis María Pescetti expresa con hondo lirismo el sentir de una joven ante su primer desengaño amoroso. Su vida, llena de expectativas, de pronto se ve desbordada por la falta de reciprocidad. Un libro para jóvenes y adolescentes, jóvenes y adultos capaces de sentir una historia que invita a pensar el amor.

A lo largo de veintidós cartas en prosa poética Cartas al rey de la Cabina expresa  el sentir de Paloma ante su primer amor. Sus expectativas de pronto se ven desbordadas cuando Antonio, a quien tanto amó, se refugia en la parte más lejana del mundo según él: la cabina de una grúa.

¿A qué obedece esta falta de reciprocidad? Paloma necesita comprender qué ocurrió, qué alejó al ahora Rey de la Cabina de su lado, y entonces, convencida de que Antonio huye por temor al compromiso, lo interpela a través de sus cartas.

La joven Paloma siente que el modo de distanciarse del mundo, en lo alto de una cabina de una grúa, se parece bastante a su desapego amoroso. Sin embargo el de su amado no es un temor cómodo, sino que se debe a un exceso de responsabilidad: al Rey de la Cabina le pesa la diferencia de edad entre ellos.

"Baja de tu grúa a estirar los brazos.
Ven a ver cómo falla, también, la primavera.
Esta tarde han fracasado los árboles, los choferes, el alumbrado público,
los amantes, los jardines, el cemento, la lluvia, las monedas sucias, los locutores de televisión, el azul. Todos vaciaron su propia derrota y
¿sabes qué?
no pasó nada
nada
nada
nada".

En este bellísimo libro-objeto para atesorar -editado por el Fondo de Cultura Económica-, cuyos textos y evocativas imágenes recuerdan a los diarios íntimos y a los cuadernos de notas, los lectores encontrarán un Luis María Pescetti desconocido para gran parte del público, en una cuerda muy sensible, emotiva, profunda y serena.

"Querido Rey de la Cabina:
¿por qué llamamos amor al amor?
con lo que cuesta, con lo que duele,
con lo que tarda, con lo que arde,
con lo que falta, con lo que quema,
con lo que ausencia, con lo que tiene,
con lo que viene, con lo que ahueca,
con lo que silencia, con lo canta,
con lo que arrulla, con lo que leche,
con lo que vibra, con lo que abraza,
con lo que olvida, con lo que vida,
con lo que pajarito, pajarito,
caracolito tan poco mío y de nadie.
Yo, que nunca te tendré.
Y aunque no te lleguen mis correos
te escribo,
y aunque no sepa si los lees,
te escribo.
Te escribía".

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