Esoterismo y ocultismo: entre el Cielo y la Tierra

Las tradiciones de las sociedades secretas comenzaron a popularizarse en el siglo XIX y con ellas todo su cargamento de ángeles, velas, tarots, runas, astrología y numerología, actualizadas y acaparadas hoy por la "new age" y su marquetinero supermercado espiritual.

Antiguo grabado de un manual de
quiromancia.

Francmasones, órficos, pitagóricos, herméticos, gnósticos, rosacruces son algunas de las sociedades secretas que cultivaron estas corrientes esotéricas occidentales. La cábala, el sufismo, el yoga y el tantra se cuentan entre las filosofías esotéricas orientales.

Las tradiciones de estas sociedades secretas comenzaron a popularizarse en el siglo XIX y con ellas todo su cargamento de ángeles y velas, cartas y tarots, runas e inciensos, mandalas y mantrams, astrología y numerología, quiromancia y dietas vegetarianas, I Ching y Feng Shui, actualizadas y acaparadas hoy por la llamada "new age" y su marquetinero supermercado espiritual.

Pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

Lo misterioso, lo perseguido, lo insólito, lo paranormal son cualidades asociadas directamente a los términos esoterismo y ocultismo.

La expresión "exotérico" fue utilizada por Aristóteles en 348 a.C. con el sentido de un conocimiento de fácil acceso para la gente común y que se transmitía libremente. Pero más tarde, hacia el 200 de nuestra era, Clemente de Alejandría lo usó para designar un saber secreto, reservado sólo para iniciados. De ahí, que la palabra esoterismo adquiriera progresivamente el matiz de un conocimiento no accesible para el hombre común.

El origen del vocablo es la palabra griega eisotheo que significa "hago entrar", "dentro, desde dentro". Hoy, "el término alude a ciertos sistemas de creencias y a un tipo particular de explicaciones de la naturaleza y el mundo diferentes a las propuestas por las religiones establecidas y por la ciencia moderna", define la investigadora Julieta Bartoletti en su libro Grandes maestros del esoterismo, publicado por Capital Intelectual.

"Mientras las religiones proporcionan un conocimiento limitado cuyo fin práctico es lograr la salvación y el bienestar del creyente a cambio de aceptar pasivamente ciertas reglas, el esoterismo se caracterizaría por brindar a los hombres la posibilidad de que ellos mismos superen sus propias limitaciones humanas e individuales", continúa la historiadora.

Los iniciados en este tipo de conocimiento accederían a una realidad espiritual diferente, no accesible a los sentidos ni a la inteligencia. Por ello, la ciencia queda afuera ya que la razón es su principal herramienta para creer o no creer.

En cambio, las corrientes esotéricas distinguen entre una realidad visible, que sería sólo aparente, y una realidad superior, que sería la verdadera causa y explicación de todas las cosas.

"En historia de las religiones, toda manifestación de lo sagrado es importante. Todo rito, todo mito, toda creencia o figura de divina refleja la experiencia de lo sagrado, y por ello mismo implica nociones de `ser´, de `significación´ y de `verdad´, explica el célebre historiador Mircea Eliade en su Historia de las creencias y de las ideas religiosas.

El beato Raimundo Lulio, Cornelius Agrippa y Paracelso, grandes iniciados.

Esoterismo y ocultismo: teoría y práctica

Esoterismo y ocultismo tienen numerosos puntos en común, pero son diferentes. El esoterismo comprende la teoría espiritual y el saber filosófico que hace posible al ocultismo, a sus ciencias ocultas, entendidas como prácticas. Es decir, el esoterismo es teórico mientras que el ocultismo es práctico.

Eliade señala que algunas de estas prácticas y creencias esotéricas -la magia, la astrología, la necromancia, la teurgia-, fueron practicadas en la Mesopotamia y el antiguo Egipto. Pero es en el Renacimiento, entre 1450 y 1550, cuando nacen en Occidente las corrientes esotéricas que conocemos, es decir, cuando comienzan a separarse la teología, la magia y las ciencias naturales.

El beato Raimundo Lulio (Ramon Llull en catalán), Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim, Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim conocido como Paracelso y Michel de Nôtre-Dame conocido como Nostradamus fueron algunas de las grandes figuras de la época.

Nostradamus, célebre por sus profecías.

Los renacentistas volvieron a la cultura grecolatina, redescubrieron las obras clásicas y con ellas, la filología, la magia, el neoplatonismo y la cábala cristiana. Se criticaba al aristotelismo como parte del saber medieval y se buscaba en la experiencia la correspondencia precisa entre el macrocosmos (el universo) y el microcosmos (el hombre).

"Si la fuente del Renacimiento era básicamente italiana y mediterránea, la Reforma protestante encabezada por Martín Lucero y Juan Calvino fue la versión nórdica y sajona de esa crítica transfigurada en el plano místico-religioso. El triunfo del hombre interior de San Agustín en el plano religioso, la salvación por la fe antes que por las obras y la búsqueda del contacto directo con Dios fueron rasgos fundantes de esta segunda revolución cultural del siglo XVI", sintetiza la Bartoletti.

Pero en 1535 el Concilio de Trento condenó como heréticas las obras sobre artes ocultas y sus autores y lectores tuvieron que esconderse, huir o enmascarar sus textos mediante elaborados sistemas de escritura. Así, las sociedades secretas y las logias masónicas se convirtieron en los siglos XVII y XVIII en verdaderos refugios para los continuadores del esoterismo medieval y del Renacimiento.

Grabado que ilustra la iniciación al grado
18 de la masonería.

Grandes iniciados

Los rosacruces creían en una tradición secreta -suma del hermetismo, la cábala, el neoplatonismo y la gnosis-, cuya custodia estaba a cargo de la sucesión de grandes iniciados. Sostenían la idea de ser los depositarios del conocimiento absoluto, de la piedra filosofal y la fórmula de la juventud eterna.

Ellos "promovieron el esoterismo en los ambientes de la masonería de mediados del siglo XVII y principios del XVIII y utilizaron como símbolos la reconstrucción del Templo de Salomón y la Orden de los Templarios.

En estas logias van a convivir revolucionarios, ilustrados y esotéricos, entre los que destacan los Iluminati, la Masonería Egipcia y la Orden de la Estricta Observancia", señala la experta argentina.

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, los esotéricos se liberan de las persecuciones y torturas de la Inquisición; pero el iluminismo y el positivismo sustituyeron los castigos: fueron acusados de fraude y de supersticiosos, de magos –como el conde Alessandro di Cagliostro- o de aventureros -como el conde de Saint Germain-.

Pero las sociedades secretas no se perdieron. Volvieron a esconderse y a enmascararse hasta que a fines del siglo XIX Madame Blavatsky y su Sociedad Teosófica revitalizó el esoterismo con gran repercusión social y mucha publicidad. Y ya en siglo XX, René Guénon criticó fuertemente a esas corrientes, reivindicó el esoterismo y reclamó para Oriente el mérito de haber conservado las tradiciones perdidas.

A través de la "new age" el esoterismo se ha democratizado.

Esoterismo para todos

Mientras cientos de páginas en Internet ofrecen lectura de manos, regresión a vidas pasadas, trazados de cartas astrales y tiradas de cartas y tarots on line, entre otras prácticas ocultas; mientras se filman películas que descubren claves secretas del esoterismo, como El código Da Vinci o Ángeles y demonios nacidas de la mente del inefable Dan Brown o como la polisémica Matrix, en la que una persona común debe iniciarse en artes ocultas para comenzar una búsqueda espiritual que la transforme en la “elegida”; mientras se publican millones de discos y libros para iniciados que, supuestamente, deberían escuchar y leer unos pocos y se brindan centenares de conferencias que revelan a cualquiera conocimientos que por tradición y definición deberían mantenerse reservados para las minorías iniciadas, vemos que el esoterismo se ha democratizado, convirtiéndose en esoterismo de masas.

Esto sucede porque ha cambiado radicalmente la apreciación  de la tradición espiritual esotérica a partir de la aceptación del significado religioso coherente y la función cultural de un gran número de prácticas, creencias y teorías ocultistas.

Mircea Eliade sostiene que "se intenta comprender el fenónemo en varios niveles culturales, desde la dimensión folclórica –donde la magia se cruza con la brujería-, hasta las técnicas secretas y especulaciones esotéricas más elaboradas de Oriente y Occidente: yoga, tantrismo, gnosticismo, sufismo, hermetismo, sociedades secretas y logias masónicas".

"Esta apertura intelectual y cultural se confunde con la pseudo espiritualidad `new age´ que se puso de moda a fines del siglo XX. Si la globalización barrió con las fronteras culturales y derivó en la aparición de los fundamentalismos religiosos, se verificó también un movimiento inverso de sincretismo religioso y cultural. Por ejemplo, ciudadanos europeos de clase alta aburridos de cuatro siglos de racionalismo se entregan al misticismo oriental", señala Bartoletti.

Pero si como decía Chesterton, "desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada, creen en todo", creer en cualquier cosa es tan mentiroso como no creer en nada.

Para Eliade, "lo `sagrado´ es un elemento de la estructura de la conciencia. En los niveles más arcaicos de la cultura, `el vivir del ser humano´ es ya de por sí un `acto religioso´, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser -o más bien hacerse- `hombre´ significa ser `religioso´".

Entre el vale todo de la new age, el fundamentalismo religioso y el escepticismo defensivo y total, el cruce entre espiritualidad y conocimiento parece -como en la Edad Media-, estar atascado en la creencia de millones de personas en todo el mundo que están convencidas de estar del lado correcto de lo "sagrado".

Fuentes: Grandes maestros del esoterismo, de Julieta Bartoletti; Ocultismo, brujería y modas culturales, de Mircea Eliade; Historia de las creencias y de las ideas religiosas, de Mircea Eliade; Entre mentira e ironía, de Umberto Eco.

Patricia Rodón

Opiniones (6)
10 de Diciembre de 2016|17:43
7
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10 de Diciembre de 2016|17:43
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  1. Miles de afirmaciones, ninguna prueba por supuesto. Humanos supersticiosos.
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  2. SOLO DEJARÈ ESTA CÈLEBRE FRASE DE UN SABIO VISIONARIO QUE FUE ALBERT EINSTEIN. "DION NO ESCOGE A LOS PREPARADOS, SINO QUE PREPARA A LOS ESCOGIDOS" "EL QUE PUEDA ENTENDER QUE ENTIENDA"
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  3. Solo existe una sociedad humana, dividida. Una es la parte que ejerce poder por la violencia y la otra por el amor. La una esta enfrentada con la otra. Pero la del amor viene convenciendo o venciendo lentamente a la violenta, la victoria final es inminente y sera sin violencia.
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  4. ES VERDAD QUE LAS SOCIEDADES SECRETAS EXISTEN Y EXISTIRAN X LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, EN TODA ACTIVIDAD HUMANA TAMBIEN EXISTEN SECRETOS GUARDADOS BIEN OCULTOS !!!
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  5. Coincido Claudia. Esa resultante de pensamientos en el tiempo es la historia en esta nota realizada. Sendas por las que ha discurrido el hombre intentando comprender y tener sentido. Pero como Tolle nos apunta, el pensamiento es sólo una herramienta. Por ejemplo, en un estado de conciencia alterada, donde el pensamiento pierde el control, se "revelan" otro tipo de "sentidos" que permiten acceder a "otras dimensiones" del conocimiento y la experiencia. Meditación, ayahuasca, respiración,otros, tan antiguas prácticas humanas...Digo, tal vez
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  6. La mente humana , en su deseo de conocer, entender y controlar, confunde sus opiniones y puntos de vista con la verdad. Dice: así son las cosas. Tienes que ser más amplio que el pensamiento para darte cuenta de que tu manera de interpretar "tu vida", o la vida o conducta de otra persona, cualquier manera que tengas de juzgar una situación, no es más que un punto de vista, una de las muchas perspectivas posibles. No es más que una cadena de pensamientos. Pero la realidad es una totalidad unificada donde todas las cosas están entrelazadas, donde nada existe en y por sí mismo. El pensamiento fragmenta la realidad, la corta en pedazos y en fragmentos conceptuales. La mente pensante es una herramienta útil y poderosa, pero también muy limitante, cuando se adueña completamente de tu vida, cuando no te das cuenta de que sólo es un pequeño aspecto de la conciencia que eres.
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