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Argentina y un triunfo a puro coraje

La selección, en el debut, tuvo que luchar hasta el final para superar a Alemania por 78-74. Deberá apostar a mayor rotación, si quiere llegar con resto físico a etapas decisivas.

Una historia conocida: la selección argentina luchando hasta consumir la última gota de energía, contra un equipo más joven, que lo superó en talla física y rebotes, con excelentes tiradores de tres puntos (10 de 21, 48% de eficacia), un recambio más largo (utilizó a los 12 jugadores) y paciente para imponer su juego elaborado e inteligente. En muchos pasajes del partido se cruzó la imagen de aquella derrota contra Lituania, en el debut de los Juegos Olímpicos de Pekín, cuando Linas Kleiza lo definió con un triple agónico. 

La diferencia fue que a esta renovada Alemania, a la que ayer la selección nacional venció por 78 a 74 en el último juego de la jornada inaugural del Grupo A, le faltó la experiencia de aquel conjunto lituano. Pero el desgaste, la exigencia y el sacrifico fueron los mismos. Un factor que siempre hace pensar en cuánto les costará a los de Sergio Hernández recuperarse de tamaño esfuerzo, mucho más si se considera que el peso del partido lo soportaron pocos hombres. Si se observa el tiempo jugado por Carlos Delfino (38 minutos), Luis Scola (35) y Pablo Prigioni (31), los soportes del equipo, puede concluirse en que no será fácil llegar en las mejores condiciones a la etapa decisiva, en los octavos de final. 

De todos modos, el sabor dulce del éxito y la alegría de haber sacado a flote un resultado que estuvo comprometido hasta los últimos segundos obrarán como regeneradores de tanto desgaste, por ejemplo, para el juego de hoy, a las 15.30, hora de nuestro país, contra Australia. 
Toda la personalidad del equipo se advirtió en el arranque de la segunda etapa, cuando la Argentina perdía 46-41, sobre los dos minutos del tercer cuarto. Allí afloraron el coraje, la garra y el sacrifico en su máxima expresión. Fueron conmovedores esos siete minutos en los que se dio vuelta el resultado para pasar a ganar por 14 puntos (63-49), con un parcial asombroso: 22-3. Nuestra selección se hizo sentir con sus músculos. Se fajó, propuso el roce físico, la fricción exagerada hasta doblar a algunos de los alemanes. Tanto golpe hubo que muchos de los jóvenes rivales lo sintieron a la hora de atacar, pues fallaron tiros simples. También porque les surgieron la duda y el temor a perder, que en un plantel de baja edad pueden resultar determinantes. 

Además, los argentinos corrigieron algunos defectos durante el entretiempo. En la primera etapa, el cambio de hombre en cada pick and roll provocó que muchas veces Pablo Prigioni quedara defendiendo a una de las torres alemanas y en zona de peligro, a metros del aro. Ese juego le hizo mucho daño a la defensa albiceleste, porque cada vez que se buscaba ajustar el descalabro en la retaguardia, llegaba un doble o una volcada alemana. En la segunda parte se decidió no cambiar sistemáticamente y la defensa se reordenó. Fabricio Oberto, Leo Gutiérrez, Scola y Delfino, más unos minutos excelentes ofrecidos por Junior Cequeira, peleando con elogiable carácter, comenzaron a recobrar balones y a evitar dobles fáciles. 

Sin embargo, cuando el barco parecía orientado hacia buen puerto, con 14 puntos de máxima ventaja, sucedieron dos cosas: primero, la Argentina se tomó un respiro inconsciente después de tanta entrega. Era inevitable. Y, segundo, Demond Greene, el nacionalizado escolta norteamericano, Jan-Hendrik Jagla, muy parecido a Dirk Nowitzki en su físico y algo de su buen juego, y Per Günther, empezaron a sacudir redes a puro triple. Por eso se equilibró el tanteador hasta un dramático 74 iguales a 1m 51s del epílogo. Un buen cierre de Delfino, una falta ofensiva dudosa cobrada en favor de la Argentina y un robo milagroso de Pancho Jasen, a 12 segundos del final, permitieron quedarse con una victoria valiosísima. Es que a Alemania esta caída no lo desalienta: será un rival durísimo para muchos. 

La cuestión será conocer cuánto se invirtió para el gran triunfo y, si es mucho, que no repercuta ante otros equipos de gran talla física y lo menos posible en el resto del certamen. Un riesgo que la Argentina conoce bien y con el que siempre tiene que pelear. 

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5 de Diciembre de 2016|15:29
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