"Procread y multiplicaos": el sexo en la Biblia

¿Cómo se enamoraban los personajes de la Biblia? ¿Dónde se producía el flechazo? ¿Cómo se practicaba el acto sexual? ¿Qué significado tenía la desnudez? La Biblia ofrece un rico repertorio de referencias a la vida amorosa y sexual y de las concepciones eróticas en la tradición judeocristiana.

La Biblia es la obra literaria que más ha influido en la configuración de las conductas y valores de la civilización occidental. Los 39 libros que componen el Antiguo Testamento, su primera parte, recoge la historia, la ley, las profecías, las leyendas, la poesía y los proverbios y refranes populares del pueblo de Israel.

Estos complejos libros, escritos en múltiples géneros y en distintas épocas históricas del pueblo hebreo por diferentes autores que respondían a distintos intereses y tradiciones, también contienen numerosas referencias a las costumbres propias y de los pueblos vecinos.

Los especialistas estiman que su redacción abarca un período de por lo menos nueve siglos –del siglo X al I a.C.-, tiempo en el que obviamente las costumbres y las normas sociales cambiaron porque el mundo cambiaba.

Las múltiples modalidades narrativas que presenta ofrecen un rico repertorio de referencias a la vida amorosa y sexual, refieren las concepciones eróticas de la tradición judeocristiana, revelan la intimidad y las pasiones de los personajes bíblicos describiéndolos como seres de carne y hueso que debían cumplir con las prescripciones de la ley de Dios pero cuya voluntad en varias ocasiones se doblegaba ante sus deseos más humanos.

Entonces, surgen numerosas preguntas: ¿cómo se enamoraban los personajes de la Biblia? ¿Dónde se producía el flechazo? ¿Cómo se practicaba el acto sexual? ¿Cuáles eran las técnicas de seducción? ¿Por qué era tan preciada la virginidad femenina? ¿Qué relaciones eran consideradas incestuosas? ¿Cómo se ejercía la prostitución? ¿Qué suerte corrían los adúlteros? ¿Tenía cabida la homosexualidad?

Marco Schwartz, ensayista colombiano, responde estas preguntas relativas al amor y al sexo en la Biblia, Centrado en el Antiguo Testamento, aunque con referencias al Nuevo Testamento, El sexo en la Biblia, publicado por Editorial Norma.

Detalle del "Tríptico del Juicio Final", de
El Bosco.

Al comienzo fue el sexo

Después de crear los cielos y la tierra, la luz, el firmamento, los continentes, los mares, las plantas, los astros y los animales, al sexto día Dios creó al hombre: “Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen suya lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios diciéndoles; `Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve en ella´. En el séptimo día Dios descansó”.

Según dicen las primeras palabras del Génesis, “la primera vez que Dios se dirige a los seres humanos es para exhortarlos a copular. `Procread y multiplicaos´, les dice. La misma orden ha transmitido previamente a los animales. El objetivo de Dios es poblar la tierra recién creada. La actividad sexual se presenta en este primer relato con una orientación claramente reproductora, visión que estará presente a lo largo de toda la obra bíblica”, apunta Schwartz.

Pronto aparece la primera contradicción en cuanto a la Creación. En el capítulo dos del Génesis, Dios crea al hombre, le regala un hermoso jardín en Edén, le prohíbe comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y decide darle una compañía; como ninguno de los animales le pareció adecuado para esta tarea, creó a la mujer de una costilla. El texto dice “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne” y concluye: “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer sin avergonzarse de ello”. La sexualidad adquiere así una primera dimensión social ya que esboza una institución matrimonial.

Después que el idílico mundo del Edén se rompiera en pedazos cuando Eva y Adán comieron el fruto del árbol prohibido, de que la desnudez los avergonzara, de que fueran enjuiciados por Dios, condenados y expulsados del Paraíso, que el hombre quedara como un débil de carácter y un cobarde delator y la mujer como una artera malvada, se produce un cambio de roles, machismo bíblico mediante.

“Para tu hombre será tu deseo y él dominará sobre ti”, es la sanción de Dios para la mujer y el hombre estrena este poder bautizando a su compañera, a quien llama Eva, condenada a una posición de inferioridad frente a él.

“El relato del narrador no hace más que constatar en clave mitológica lo que era la situación subordinada de la mujer en su tiempo, atribuyendo esa subordinación no al proyecto original de Dios, sino a un fallo de la propia mujer. En la Biblia, la hembra ocupa un lugar secundario. Es propiedad de su padre y, luego, de su marido. No hereda salvo que carezca de hermanos varones. No se le consulta para el matrimonio. No puede promover el divorcio. Tiene prohibido participar en oficios religiosos. Sus votos en el templo valen menos que los del hombre”, relata el periodista Marco Schwartz.

Detalle de "El jardín de las delicias", de El
Bosco.

¿Fue el sexo el pecado original?

El investigador indica que de acuerdo con la Biblia, la primera pareja fue castigada por un acto de desobediencia y soberbia, por probar el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal y pretender ser tan sabios como Dios.

San Agustín planteó en el siglo IV de nuestra era que el pecado original –término acuñado dos siglos antes por Tertuliano- no se limitó a Adán y Eva sino que se transmitía de generación en generación a toda la humanidad mediante el acto de procreación y sólo se redime mediante el bautismo.

Este planteo se deformó lentamente y terminó en la idea de que “el acto sexual fue el primer pecado de la humanidad, con todas las consecuencias nefastas que tal doctrina ha tenido para el normal desarrollo de la sexualidad de muchos seres humanos. A esa teoría contribuyó el hecho de que la primera reacción de Adán y Eva tras comer el fruto prohibido fue la toma de conciencia de su desnudez”, argumenta el ensayista.

Pero “difícilmente puede el sexo ser el pecado original cuando el mismo Dios animó a la primera pareja a procrear y multiplicarse. La toma de conciencia de la desnudez no significa que el hombre y la mujer acaban de hacer el amor, sino que, al ganar capacidad de discernimiento entre el bien y el mal, saben que han cometido una falta grave y se sienten insignificantes y desprotegidos. La Biblia no dice que sientan vergüenza uno del otro por su desnudez, sino ante Dios”, continúa Schwartz, pero modernas teorías enmarcadas en los estudios culturales y la psicología consideran que toda la historia contiene un importante simbolismo sexual, desde la serpiente como elemento fálico a la desnudez que involucraría lo genital.

Detalle de "El jardín de las delicias", de El Bosco.

La cópula y la desnudez

“Conoció el hombre a su mujer, que concibió y parió a Caín”. Esta escueta frase describe por primera vez un acto sexual en la Biblia. De estos “conocimientos” nacieron también Abel y Set. Se supone la pareja copuló muchas veces, ya que la Biblia indica que Adán vivió ochocientos años “y engendró hijos e hijas”.

“Los narradores bíblicos utilizan tres expresiones para el coito: conocer, venir (entrar) y acostarse. La primera refleja una actitud en cierto modo trascendental ante el sexo: Adán conoció a Eva. La segunda pone énfasis en la descripción física de la cópula: el patriarca Abraham entró en la esclava Agar. La última hace referencia a la postura, en este caso horizontal: el rey David se acostó con Betsabé”, puntualiza el investigador.

Los autores bíblicos son muy lacónicos al describir el acto sexual, excepto en el Cantar de los Cantares. De los escritos se desprende que lo habitual era que el sexo se practicase de noche, a oscuras, costumbre relacionada con la de idea de impureza que acompañaba a la sexualidad o con una visión negativa de la desnudez. Por ejemplo, las hijas de Lot esperan la noche para emborrachar a su padre y conseguir que las preñara.

De las posturas en el acto sexual no se dice nada de modo explícito, pero algunas expresiones  indican que la posición del misionero, es decir, el hombre encima de la mujer, era la que se consideraba más adecuada para practicar el sexo.

En cuanto a la desnudez, las palabras que intercambian los amantes del Cantar de los Cantares sugieren que algunas parejas se desnudaban por completo para tener sexo. Sólo así se explica que el novio pueda alabar los pechos y el ombligo de su amada ¿"dos mellizas de gacelas que triscan entre las azucenas" y un "ánfora en que no falta el vino", respectivamente; y que ella equipare el vientre del novio a una "masa de marfil cuajada de zafiros".

Pero en el resto de los libros, la Biblia presenta la desnudez -que al comienzo era el estado natural de la humanidad-, como sinónimo de pobreza, de humildad, de desprotección, incluso de oprobio y vergüenza. La costumbre de hacer el amor por la noche quizá estaba relacionada con el sentimiento de zozobra que producía la visión de los cuerpos desnudos, pecado original mediante, ya que la exposición de los genitales era tabú.

“La ley mosaica exige a los sacerdotes que deben "llevar calzones de lino para cubrir su desnudez, que lleguen desde la cintura hasta los muslos", de modo que nadie pueda ver sus genitales desde más abajo. El patriarca diluviano Noé maldijo a su hijo Cam y a toda su descendencia por haberlo visto desnudo cuando dormía ebrio en su tienda. En cambio, bendijo a sus otros dos hijos, Sem y Jafet, que, tomando un manto, se lo pusieron sobre los hombros "y yendo de espaldas, vuelto el rostro, cubrieron sin verla la desnudez de su padre"”, detalla Schwartz.

Dejar desnudo o semidesnudo al enemigo es la peor humillación que se le puede infligir. Por ejemplo, el profeta Isaías advierte a los israelitas que les afeitará los "pelos de los pies", en alusión al vello público.

La irrupción de la cultura helenística, a finales del siglo IV a. C., provocó un cambio radical en las costumbres. Los jóvenes empezaron a cultivar sus cuerpos y a participar desnudos en juegos gimnásticos de tipo griego, para lo cual reconstruyeron sus prepucios.

Patricia Rodón

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Opiniones (3)
3 de Diciembre de 2016|20:51
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3 de Diciembre de 2016|20:51
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  1. no sera por casualidad la forista Celana?
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  2. brillante
    muy interesante. La fobia religiosa al sexo resulta siempre inexplicable.
    2
  3. "DEL POLVO VENIMOS Y AL POLVO VAMOS A PARAR"
    1
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