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Todos quieren cambiar, pero llegan hasta Grondona

A pesar de haber escuchado, leído y opinado sobre la inminente reestructuración que debe hacer mella indefectiblemente a la brevedad en la escalera disociada del fútbol argentino, siempre es bueno recordar porque todo está mal cuando alguna vez todo estuvo mucho menos mal y con Julio persistentemente a la cabeza.

Está claro que el panorama del fútbol argentino en un futuro mediato apunta a un desorden institucional imprevisible por cierto, con numerosos espacios de críticas sustentadas en pobres economías regionales, que hartas de ser usadas levantaran su voz y exigirán un cambio.

Los clubes del Torneo Argentino A, con un mendocino entres sus filas (Deportivo Maipú) vienen proclamando desde hace ya algunos años varias cuestiones profundas de “vueltas en el timón”, entre las cuales se destacan: la paridad de criterios en la distribución de los fondos recaudados por AFA y la modificación del sistema de campeonatos en todas sus categorías.

Era obvio y lo sigue siendo, que sus quejas siempre fueron archivadas por intereses de otros que se negaban a modificar el rumbo y menos que menos a estar en contra del “Jefe”. Entonces los nobles presidentes del postergado fútbol del país solo bajaban sus pretensiones y con bronca y todo iban y participaban, como lo siguen haciendo ahora.

Pero con una salvedad manifiesta en este 2010, muchos, por no decir todos, se alinean detrás de una bandera.

Esa bandera, que todavía aparece a media asta, y tiene algunos solamente que se animan a izarla es de esta provincia. El presidente de Independiente Rivadavia rodeado de una estructura cuantiosa de poder económico ha decidido dar un primer paso. Como otros lo dieron en su momento, buscando “que no todo pase”.

Claro está, que en su discurso se destaca en primera persona dejar mal parado al “mejor parado” y que no se conocen demasiadas ideas de cómo forjar, mas allá de sumar votos para hacerles al menos cosquillas al “patrón de la estancia” y menos cuando las “vacas son tan ajenas”. Pero lo está intentando y eso ya es algo diferente, eso queremos creer.

Grondona los mira y los marca, solo eso. Actúa en el momento justo y cuando ataca va con todos sus peones para cuidar el “mal ganado”. Y hasta ahora no fallo jamás.

Estos campeonatos de ascenso, con descensos tan temidos, son desafíos a la sobrevivencia, donde el seguí participando resalta por el resto de las normas imperantes.

Más allá de estas intenciones de unos y otros, el que sigue siendo bastardeado es el fútbol argentino en toda su extensión, sufriendo en los bolsillos de dirigentes extenuados y pocos preparados, percutiendo en divisiones inferiores sin el menor cobijo, machacando sobre terrenos pocos apropiados para la práctica y alejándose mucho más del primer mundo real, allá “en la Europa”, donde Messí y compañía no parecen argentinos.

 Estamos en coma inducido, hemos perdido la capacidad de autocontrol y nos debemos permitir ser manejados por elementos artificiales que hacen por nosotros, lo que lógicamente por esta debilidad manifiesta, ya no podemos hacer.

Y Grondona sigue siendo el doctor de este enfermo, mostrando su bisturí nos sigue operando en este hospital, que cada día tiene mas convalecientes, que tampoco luchan por recuperarse.

Pero todo no está perdido y el fútbol argentino puede asumir su compromiso de madurez, depende de cada uno de los participantes del desafío.

Todos somos culpables y todos somos inocentes, menos Grondona.  
¿Qué sentís?
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