La Segunda Guerra Mundial, Mussolini y los mendocinos

Los partidarios del Eje en Mendoza sostenían su convicción en el triunfo hasta último momento. Los simpatizantes locales del fascismo defendían a Mussolini, sin reparar en sus rasgos autoritarios. A la muerte del líder se realizó una misa cantada en la Iglesia Nuestra Señora de Loreto encabezada por las autoridades eclesiásticas.

Mussolini y Hitler.

La Segunda Guerra Mundial se desató en 1939. En Argentina, el presidente Roberto Ortiz decretó la neutralidad frente a las naciones en pugna. Algunos sectores del Ejército, aunque no todos, querían tomar postura a favor del Eje que constituían la Alemania de Adolf Hitler, la Italia de Benito Mussolini y el lejano Japón, pero las fluidas relaciones económicas que nuestro país tenía con Inglaterra hacían muy difícil esa orientación.

La decisión de neutralidad argentina no respondía en esta oportunidad a una mera política de equidistancia internacional, sino a que la sociedad se hallaba dividida en torno al conflicto bélico.

El vicepresidente neutralista Ramón Castillo asumió la presidencia en 1940 para suceder a Ortiz, quien había renunciado por un problema de salud. La situación argentina frente a la guerra comenzó a agravarse cuando el conflicto bélico involucró a los Estados Unidos del lado de los Aliados. Las presiones internacionales se hacían sentir para que Argentina declarase la guerra al Eje, pero no había signos de un cambio de rumbo desde las altas esferas de gobierno.

El golpe de Estado de junio de 1943 pareció en un primer momento venir a resolver este dilema engorroso en el que se hallaba el país. Pero fue sólo en enero de 1944 cuando el curso de los acontecimientos bélicos y el creciente aislamiento político de la Argentina llevaron a la ruptura de relaciones con el Eje. La declaración de guerra llegó recién en marzo de 1945, cuando la suerte del conflicto internacional estaba echada y con el único objetivo de no quedar afuera del escenario de posguerra. 

Desde 1943, sin embargo, la derrota del Eje era esperable. Ese año estuvo marcado por la caída de Italia en manos aliadas, después de la capitulación en África del Norte y la exitosa invasión de Sicilia. El Rey Víctor Manuel III había traicionado al Duce al rendirse, frente a la incapacidad de la península de continuar en la guerra y las perspectivas del futuro internacional. Los germanos habían podido liberar a Mussolini, quien había debido instaurar una República Social Fascista, en Saló.

Pero ya nada era como al principio, se trataba de un declive progresivo. La guerra terminó en 1945, fin que fue coronado por el alevoso fusilamiento a Mussolini, el suicidio de Hitler en su búnker berlinés rodeado de soviéticos y la capitulación de los nipones en agosto.

Fascistas mendocinos

En todo el mundo la guerra había despertado pasiones. Los partidarios del Eje en Mendoza, durante este período de caída libre maniobraron para sostener la convicción en el triunfo hasta el último momento.

Periódicos pequeños de la provincia relataban los hechos desde una óptica distinta a la que les imprimía el principal diario de la provincia Los Andes, pro aliado. Esas publicaciones menores, al comienzo, apelaban a desmentir las informaciones que se difundían en la “gran prensa”. A medida que los acontecimientos se sucedían, la estrategia de desmentir informaciones se dejó de lado para aplicar una política de descrédito a lo que eran indudables pasos hacia la victoria aliada.

Ya no se decía, por ejemplo, que era mentira que Mussolini hubiera sido traicionado por el Rey de Italia, ahora aceptaban su separación del gobierno peninsular pero inventando que había renunciado por enfermedad.

Más adelante, el descrédito a las noticias de la prensa mayor también se tornó imposible. Los simpatizantes locales del fascismo apelaron entonces a una estrategia discursiva de victimización de los derrotados y de condena moral a los aliados. El objeto de las críticas ya no era “la canallada judío bolchevique” sino los destrozos originados en Roma por los bombardeos. De la burla ante las noticias acerca del exterminio de judíos pasaron a condenar la manera “horrorosa” en la que fue fusilado Mussolini o a elogiar en tono solemne “la obra genial de Hitler”.

¿Por qué el conflicto bélico superaba, para los simpatizantes locales del fascismo, los límites de las naciones en guerra hasta concernir a todo el mundo? Si la acción de Eje tenía un mérito especial era el de combatir al comunismo y su ateísmo, en función de estar en guerra con la Unión Soviética, y evitar su expansión internacional. Un sector de los argentinos era profundamente anticomunista y aspiraba a imprimir al país el carácter de una “Nación Católica”. Este sector encontraba sugestivas las propuestas de los partidarios vernáculos del Eje. El desconcierto ante la crisis de legitimidad de la democracia aguzaba el interés de muchos por buscar nuevos caminos.

Benito Mussolini.

Inmigración y política: la explicación de Marianetti

Es difícil no tener en cuenta, además, otro factor que influyó en la difusión de las ideas de los regímenes europeos en el contexto local: el fenómeno de la inmigración. Benito Marianetti, un ícono de la política de izquierda en Mendoza, explicó en septiembre de 1942 ante el conjunto de los senadores provinciales que el vínculo de muchos italianos que habitaban en Argentina con la Italia fascista conducida por Mussolini no era de naturaleza ideológica (es decir, de elecciones políticas), sino más bien de simple identificación con el país de nacimiento.

En otras palabras, Marianetti sostenía que muchos inmigrantes defendían en el mismo acto a Mussolini y a Italia, sin reparar en los rasgos autoritarios del primero.

Relataba, para argumentar esto, el caso de su propia familia: “Mi padre es católico militante; no es socialista ni comunista ni nada por el estilo. Es un patriota italiano que no quiere que se hable mal de Mussolini; estoy seguro que no es fascista, pero sí se siente afectado cuando se dice algo en contra de Mussolini, porque entiende, a pesar de las explicaciones que he tratado inútilmente de darle, que Mussolini, no puede ser tocado porque es italiano y que, en cualquier caso, la suerte de Italia, está vinculada a la suerte del Duce. Es decir, que como muchos italianos, cree que un buen italiano, no puede estar en contra del régimen político que impera en Italia, sin ponerse al mismo tiempo contra Italia”.

A pesar de esto, evidentemente muchos italianos sabían de las implicancias de apoyar o rechazar al régimen fascista y en función de ello tenían una militancia antifascista –como el mismo Marianetti- o fascista.

La misa en Loreto por la muerte de Mussolini

El 27 de mayo de 1945 se realizó una misa cantada en homenaje al difunto Benito Mussolini en la Catedral mendocina, la Iglesia Nuestra Señora de Loreto, encabezada por las autoridades eclesiásticas. El silencio de la prensa grande acerca de este acontecimiento enojó a divergentes sectores de opinión. Mientras los voceros del movimiento antifascista decían estar “consternados” ante semejante “agravio a la tradición democrática argentina”, los más fervientes simpatizantes del Duce lamentaron que en lugar de una simple misa no se hubiera realizado un funeral cívico al que podría haber concurrido una cantidad más importante de ciudadanos para “rogar por el eterno descanso del gran italiano”.

La derrota del Eje fue modificando poco a poco las voces que más explícitamente se habían filiado hasta entonces con el fascismo. Los simpatizantes de esta tendencia fueron trocando sus rótulos políticos y muchos de ellos pasaron a hacerse llamar simplemente “nacionalistas”.

Sin embargo, se sabe que el nacionalismo argentino excede en mucho a quienes hasta el fin de la Segunda Guerra se identificaron con el fascismo. En cuanto a quienes fueron efectivamente admiradores de Mussolini y de Hitler y confiaban en que la Argentina del siglo XX podría tomar un rumbo autoritario y antidemocrático, podemos decir que colaboraron en la configuración de una cultura política que en años venideros mostraría sus aristas más oscuras.

Mariana Garzón Rogé es Licenciada en Comunicación Social (UNCuyo), becaria de CONICET y estudiante del Doctorado en Historia de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

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Opiniones (4)
4 de Diciembre de 2016|03:07
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4 de Diciembre de 2016|03:07
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  1. El asesinato de Mussolini fue un acto salvaje propio de la época.Fue fusilado y vejado con una naturalidad que aún hoy,según leo,no horroriza.Tuvieron mas pudor en cuidar que se vieran los calzones de Clara Petacci (le cosieron el vestido) que en colgarla con Musso cabeza abajo en el andamiaje de una estación de servicio. Todo para mudar de tiranos.
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  2. No es para nada extraña la actitud de las autoridades eclesiásticas de Mza., ya que la iglesia católica apoyó al regimen fascista de Mussolini, como así también la iglesia católica apoyó a la dictadura argentina 1976-83, con sus prácticas parecidas de terror, tortura y muerte.
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  3. Muy interesante y esclarecedora la nota. Respecto a la muerte de Mussolini, por qué califica al asesinato de Mussolini como *alevoso*? No fue torturado como él mandaba a hacer, fue fusilado. Se lo tenía muy merecido.
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  4. INTERESANTE LA EXPLICACION DE MARIANETTI RESPECTO A LA VISION DE LA ITALIA EN GUERRA DE SU PADRE. CURIOSAMENTE MARIANETTI SE LLAMABA BENITO COMO EL DUCE ITALIANO, QUE A SU VEZ TENÍA ESE NOMBRE PORQUE SU PADRE, EL DE MUSSOLINI, ADMIRABA AL MEXICANO BENITO JUAREZ.
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