El Mercosur: cuando y para que fue creado
Cuando se creó el Mercosur, el 26 de marzo de 1991, uno de sus postulados fundamentales fue trabajar en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países.Ahora, que estamos en los albores de una nueva reunión, esta vez en la provincia de San Juan, sirve que nos preguntemos cómo están las cosas, de lo dicho a lo hecho.
Cuando se creó el Mercosur, el 26 de marzo de 1991, uno de sus postulados fundamentales fue trabajar en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países (hagamos la salvedad de considerar que, para algunos el Mercosur comenzó en 1985, con la Declaración de Foz de Iguazú, firmada por los presidentes Alfonsín y Sarney, que promovió la integración bilateral entre Argentina y Brasil). 

Como sea, parece estar claro para todo el mundo que la concreción de intenciones es apenas parcial e incluso deficiente.

Cada reunión de este cuerpo termina con declaraciones del tipo “renovemos nuestros esfuerzos para que la integración entre los países sea efectiva”.

Ahora, que estamos en los albores de una nueva reunión, esta vez en la provincia de San Juan, sirve que nos preguntemos cómo están las cosas, de lo dicho a lo hecho.


Gentilicio


Demos una prueba de la poca penetración del acuerdo y de la falta de identidad. Hay un gentilicio disponible: mercosureño/a.



¿Alguna vez alguien que conozcamos se ha definido a sí mismo de ese modo? Somos mercosureños de pura cepa y no lo sabíamos. La falta de designación, en este caso, marca la falta de pertenencia.

Sin embargo, y esto dejémoslo bien en claro, el Mercosur es una maravillosa idea, no solo para volver a la región más competitiva en los mercados del mundo, sino también para reconocernos a nosotros mismos, en nuestros vecinos de Sudamérica.

Esto es: ganar un nuevo y más apropiado concepto de cultura.

Por ahora, no hemos logrado aún siquiera la actuación coordinada de las políticas económicas de los distintos Estados (la ocasión es más que propicia, ahora que, en general, corren con eficacia vientos comunes de centro izquierda en la región) y aún siquiera tampoco se ha logrado la libre circulación de personas y bienes culturales (esto último sería fundamental para trabajar la identidad regional y también para el fomento de las industrias culturales, de las que hablaremos, solo un poco, a continuación). 



Industrias culturales


Las industrias culturales son aquellas actividades que tienen como objeto de su acción la creación, la producción y la comercialización de bienes y servicios enfocados en contenidos de naturaleza cultural. Incluyen la impresión y la publicación de libros o revistas, las producciones multimediales, audiovisuales, fonográficas y cinematográficas o el diseño. Las IC, según datos de la Unesco, son uno de los sectores con más posibilidades de exportación para todos los países del planeta.  

Pues bien, volviendo al tema Mercosur, poco y nada a favor de las IC ha sucedido. Tras 20 años de existencia de esta buena idea que es el tratado entre nuestros países, ¿cómo es que, por caso, no estamos filmando películas aquí, que se vean allí y viceversa? Esto se señala a pesar del gran trabajo que, por ejemplo, están haciendo desde Buenos Aires expertos en el tema como Octavio Getino, a través de sus observatorios culturales.


En los países, como Estados Unidos, que las trabajan debidamente representan, según  Getino, el tercero o el cuarto lugar en cuanto a recursos internos movilizados. Y, en el caso del Mercosur, hablamos de un mercado interno de 250 millones de personas.



 

“Tratándose de las IC de los países del Mercosur, ellas han representado históricamente una poderosa fuerza para el conocimiento mutuo de sus pueblos, a través de la contribución prestada por la producción y circulación de bienes y servicios culturales y comunicacionales. Ahora bien, resulta claro que hay dificultades existentes para concebir la producción y comercialización”, considera Getino.


Y dejemos que finalice su intervención: “La consolidación del Mercosur y la incorporación de las industrias culturales en la dinámica del mismo, permitiría que las empresas productoras puedan contar con un mercado mayor para cubrir sus costos de producción e insertarse en forma ventajosa en terceros mercados”.

Nada de esto estamos haciendo. Mendoza, que por cierto cuenta con un Plan Estratégico de Industrias Culturales, permanece ajena a una oportunidad de crecimiento notable. Otra vez, se nos va el tren y ni las valijas tenemos hechas.

¿Para qué sirve?


A la vista, en lo cotidiano, en el impacto en aquellos que nos rodean, el Mercosur no arroja resultados esperables, lo cual delata que la cuestión no está funcionando bien. Ni siquiera, en un contexto tan apropiado como el que nos convoca en América del Sur, los resultados son apreciables en Mendoza, salvo que uno se dedique, por caso, a la exportación de vinos o aceite de oliva de altas gamas, no mucho más.

De aquí que valga que nos preguntemos, desde el escaso conocimiento del asunto que este escriba exhibe, para qué sirve el Mercosur.

Tal vez, como en tantas otras ocasiones, algún atento e instruido forista pueda darnos la respuesta que con sinceridad esperamos.

Ahora bien, supongamos que el Mercosur sirve efectivamente y pasemos a otra consideración: ¿cómo es posible que los mendocinos tengamos, a una hora de viaje, reunidos a los más importantes presidentes de Latinoamérica y nosotros acá, con perdón de la eficacia de la imagen, rascándonos el higo?

¿Cómo es no sale hacia allí una caravana de funcionarios de primera, segunda y tercera línea, a organizar acuerdos, rondas de negocios, visitas a nuestro suelo, festivales, concursos, capacitaciones, intercambios culturales y asuntos por el estilo? 


Anestesia social


¿Qué podría ser el Mercosur? Una conjunción plena de Estados, una interacción efectiva de 250 millones de personas, una economía fortísima en el mundo (los mercosureños somos el primer productor mundial de alimentos), una identificación política común, más allá de los vaivenes en cada país y, nada menos, una identidad cultural común, a partir del florecimiento de las diversidades. 


 



Toda esta maravilla que soñaron Bolívar y San Martín, aún está pendiente. Estos, más que otros, son los momentos propicios para iniciarla.

Veremos si, al respecto, la reunión en San Juan trae un poco de luz para este sueño, aunque los mendocinos hayamos elegido no asistir a la fiesta.

Reiteremos que, sin ser este que escribe muy ducho en el asunto, puede decir que, efectivamente, los mendocinos hemos dado una excelente lección de anestesia social.

Sería como decir, a manera de síntesis: mientras el mundo se concentra a un tiro de cañón moderno de la Peatonal Sarmiento, nosotros, los mendocinos, nos rascamos el higo y se nos escapa la tortuga.

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó6/10
Opiniones (0)
31 de Octubre de 2014|05:19
1
ERROR
31 de Octubre de 2014|05:19
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"