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La cúpula decidió bajar un cambio

"Cuanto menos se hable, menos te equivocás", dijo Julio Grondona, que admitió que Bilardo declinó responderle a Maradona; "no puedo descartar a nadie", deslizó sobre el próximo DT de la Argentina.

La frase que acuña en el anillo refleja fielmente cómo pretende sortear la tormenta que desató la decisión de no renovar el contrato de Diego Maradona, como técnico de la selección. Todo pasa se lee en la sortija de Julio Grondona, que ayer optó por aquietar las turbulentas aguas que enlodaron al fútbol criollo después de las feroces acusaciones que esgrimió el DT, una vez conocida la determinación de que no seguiría en el cargo, sobre el presidente de la AFA y sobre Carlos Bilardo, secretario general de Selecciones Nacionales. Como siempre, la cintura política de Grondona reluce en los momentos más confusos, cuando la armonía que tanto desea es alterada por acontecimientos volcánicos, que no hacen más que poner en evidencia las miserias, los nombramientos y los manejos poco claros que se desarrollan en la entidad de la calle Viamonte. 

La firma del convenio entre la AFA y la Confederación Brasileña de Fútbol, que incluye la realización de una serie de encuentros amistosos, entre 2011 y 2013, sirvió de plataforma para que el mandamás del fútbol argentino enseñara un mensaje contemporizador, alejado de las impetuosas palabras que rodearon a la Argentina, desde el lunes pasado. En la breve y desprolija rueda de prensa, don Julio dejó una serie de conceptos que el tiempo indicará si se trató de verdades o si fueron simples salidas elegantes para preguntas que comprometen el delicado presente. 

"Cuanto menos se hable, menos te equivocás. Creo que es lo más conveniente", empezó diciendo, en alusión a la cancelación de la conferencia de prensa que había estipulado realizar pasado mañana Bilardo, donde el manager revelaría algunos pormenores de la relación con Maradona y, en especial, con el cuerpo de colaboradores que tuvo Diego en Sudáfrica. En público, Grondona desmintió que fuera suya la idea de callar a Bilardo, que se había comunicado con él, casualmente, media hora antes de que enfrentara a los medios. "Yo no le pido nada a nadie. Cada uno es dueño de hacer lo que más le plazca", aseveró, con ese tono monocorde que caracteriza sus discursos. 

Sin respuestas de Bilardo, la estabilidad que tanto pretende Grondona empezará a acercarse. Del cimbronazo, de la convulsión, se pasará a la calma. Es la intención de Grondona, que aborrece los discursos altisonantes, las denuncias y las manifestaciones populares en la puerta de la AFA, encontrar aire para tomar una medida, con miras al futuro. El secretario ejecutivo de la AFA, José Luis Meiszner, fue contundente respecto de la necesidad de ser prudentes, en darse un espacio para reflexionar. "Hoy coincidimos con el comité ejecutivo en que vemos la situación como decantando. Lentamente hay que dejar que las cosas lleguen a sus justos niveles. Las cosas se crispan demasiado y las pasiones priman sobre las razones.

Afortunadamente no hay en el calendario del fútbol argentino, en lo inmediato, nada trascendente que obligue a tomar una decisión apresurada, y cuando todo decante se tratará de tomar una decisión fundada en la razón y no en la pasión", le manifestó a La Nacion. 
Según el pensamiento de quienes están abocados a la elección del nuevo entrenador de la selección, el nombramiento no es una prioridad en la agenda. Para no apurarse y para no ser apremiado por quienes entienden que la respuesta debiera ser inmediata, Grondona también deslizó que el interinato que asumirá Sergio Batista podría extenderse hasta fin de año. "¿Por qué no?", contestó, casi de forma evasiva. Y rápidamente agregó: "No lo afirmo ni lo dejo de afirmar. Las circunstancias lo determinarán". 

Después, sin embargo, aseveró que la designación de Batista -trabajará prácticamente con los mismos colaboradores que llevaron a la Sub 23 a la conquista de la medalla de oro en Pekín, en 2008- serviría para ganar tiempo, para que el comité ejecutivo debata un proyecto. Tras lo cual intentó una pequeña autocrítica, algo poco usual en su estilo. "Tenemos que sentarnos, porque equivocaciones tiene que haber habido de todas las partes para estar viviendo lo que estamos viviendo ahora", señaló. 

 En ningún momento dio nombres, no entregó mínimas señales sobre quién será el nuevo entrenador. Como si lo divirtiera, deja que los medios busquen las pistas, a sabiendas de que sin su consentimiento nadie se animará a tomar una medida. "¿Qué características debería tener? Que sea lindo, je. No lo puedo decir. El otro día, en una publicación leí quién podría ser, pero mezclaron las capacidades de cuatro o cinco entrenadores", contestó, con ironía. 

Y mientras algunos técnicos se autoexcluyen, Ramón Díaz volvió a candidatearse, por segunda vez, en menos de 24 horas. No tendría por qué no sentirse con posibilidades el riojano, que actualmente conduce a San Lorenzo. Grondona fue muy amplio, no tachó a nadie de la nómina.

El presidente de la AFA dijo que para él no existen las listas negras, aunque se sabe que para que algunos entrenadores lleguen al cargo debería mediar algún paso al costado. "No puedo descartar a nadie", fue la frase para abrir el juego. Y ante la consulta sobre si Carlos Bianchi es un candidato con chances, deslizó que nunca tuvo un problema con el Virrey, aunque los acontecimientos indican que es notorio que la afinidad entre las partes es nula. 
Con poco, Grondona intenta llevar la situación al punto que más le conviene. Una típica jugada de Don Julio. 

(*) Información provista por Canchallena.com

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