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Los tristes obreros de Don Julio Grondona

Cuando los flashes y las críticas por peso específico recaen en Maradona, Grondona y Bilardo por detrás actúan los 27 miembros del Comité Ejecutivo, siempre votando con llamativa unanimidad y en casual concordancia con Don Julio.

Rápidamente el reflejo argentino ante un fracaso, o una desilusión como me parece más justo nombrarlo, es la crucificción del culpable. Se dice en la calle Grondona es un tirano mafioso, Maradona un bipolar drogadicto incapaz de conducir un grupo y Bilardo no merece el respeto que sus pergaminos en el fútbol le otorgan, está mal de la cabeza. Ni tanto ni tan poco. El poder y la impunidad de Grondona para hacer y deshacer el presente y el futuro del fútbol sin un plan para nombrar a Bielsa o a Maradona como si fueran lo mismo, sin una idea no bajó del cielo, ni lo heredó de su padre.

La realidad es que el viejo tigre de Sarandí construye su poder solventado en el mandato que le otorga la manga de obsecuentes y lamebotas que ocupan los sillones del Comité Ejecutivo de AFA. Gente que ocupa esos cargos elegidos por los socios de los clubes que forman parte y que no rinden cuentas de sus decisiones y sus votos por supuesto unánimes y unidireccionales, siempre apuntando a la Ferretería de Don Julio.

Deberían enseñar en las escuelas y en oficinas como más de 25 personas piensan siempre en concordancia, igual que el jefe. Año tras año, desición chica y desición grande pasa por la pantomima del Comité. A todos les gustó Basile en el 94 y en el 2006, todos eligieron a Bielsa en el 99 y decidieron renovarle tras el escandaloso fracaso de la super-selección de 2002. No puede haber tanta hipocresía junta. Los del interior se juntan con los de Buenos Aires y les parece justo que en el Argentino A reciban 24 mil pesos y el B Metropolitana 120 mil. Se traicionan y todos votan o mejor dicho nadie vota.

Por miedo o por conveniencia son contados con los dedos de una mano los miembros de esa mesa que se han animado a cambiarle una coma al pensamiento del veterano dirigente, Raúl Gámez de Vélez, hoy alejado de los planos máximos de la dirigencia de Liners y Julio Comparada, quien ya anunció que no tiene intenciones de ser reelegido. Cansados, maltratados, solos quisieron cambiar algo y el sistema los cambió a ellos.

Hacen falta valientes en el fútbol argentino, que pongan el beneficio del deporte por delante del propio y del viaje de egresados que la AFA les regala cada cuatro años para conocer Francia, Corea-Japón, Alemania o la exótica Sudáfrica. Sin el valor correspondiente y la refundación que exige nuestro fútbol, de interior fundido, de ascenso sin visitantes, de barras-brava dueños de clubes, de grandes chiquitos y una selección que hace 20 años no llega a los primeros planos, quizás a Brasil en 2014 vayan pero con plata de sus bolsillos.
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