"El viejo de Literatura", en tres episodios imperdibles

Lejos del interés de la Dirección General de Escuelas por involucrarse en el debate por la problemática educativa propuesto por MDZ, siguen llegando invalorables aportes respecto de la situación de la educación en Mendoza. Aquí, en versión literaria, tres anécdotas que pintan de cuerpo entero un paisaje calamitoso.

Mientras aguardamos que los funcionarios de la Dirección General de Escuelas acepten dar notas a los periodistas MDZ para analizar la situación de la educación de Mendoza, seguimos alimentando un debate entre expertos, lectores y periodistas que resulta por demás interesante y profundo.

Aquí, en discurso claramente literario, la visión del docente y escritor (aunque él lo niegue), de General Alvear, José Niemetz.

Las pinturas son imperdibles y, luego del disfrute de su lectura, dignas de una reflexión posterior. Vamos a ellas.


“El viejo de literatura” (primera parte)


Lunes



La alcancé a ver desde lejos. Igualmente fue tarde. Vanamente intenté escurrirme. Me atrapó cuando casi alcanzaba la sala de profesores. La mamá de Miranda (la señora de Miranda), lifting, lolas, bótox, treinta y cinco deseados, cuarenta aparentados, cincuenta ponderados, y cincuenta y cinco genuinos, aulló: “¡ay profesor!!! ¡Ay! Si usted no me ayuda… no me ayuda nadie. Resulta que la nena (Nota del autor/profesor: Miranda, alumna de 2º del Polimodal de Arte; no recordaba en ese momento ni su rostro ni su nombre de pila) me envió un msj… mire… aquí lo tengo.

- ¿¡Un qué?! -pregunté conociendo la respuesta. Sólo como caridad, para que la señora de Miranda pudiera tomar aire.

- Un mensajito de texto –explicó con expresión de estar pidiendo auxilio a un Neandertal. Mire, aquí lo tengo.

El mensaje decía: “kerida ma’ boi a yegar tarde. Guarda comida. Veso”.

- Ajá – dije.

- ¿Ajá qué?

- Nada. Eso. Ajá.

- Sí pero… Usted es el profesor de Literatura.
- Ajá.

- ¿Y?

- ¿Y qué?

- ¿No vio cómo escribió la nena el texto? Eso es su responsabilidad, profesor. 

- Mi, mi, mi…. ¿Mi responsabilidad?

- Y… no va a ser de la profesora de historia.

Mire señora de Miranda…. –intenté iniciar una explicación al tiempo que sonaba “La Cabalgata de las Valquirias” como  ringtone en el celular de la señora.

- ¡Ay disculpe! Sólo un momentito –dijo mientras revolvía frenéticamente los innumerables bolsillos, pasillos y recodos de su bolso de mano y tras encontrar el endemoniado artefacto, constatar el origen del llamado, atender con un estruendoso “halo”, fuertemente me tomaba del brazo abortando antes de la concepción, mi perfecto plan de fuga.

Carrizo (el preceptor de 3º) y González (el de 1ª) se escondían tras la columna para disimular el ataque de risa que tenían mientras miraban la expresión de mi rostro. “En el asado del viernes, me matan” pensé mientras sentía un sudor frío en mis sienes. Al cabo de minuto, minuto y medio, la señora de Mirada concluyó su conversación, justo a tiempo antes de que yo perdiera el conocimiento por falta de oxígeno.

Bueno, profe… me encantaría seguir charlando con usted, pero no tengo tiempo. Quedamos así. Dejo el asunto en sus manos. Usted es el profesor, usted sabe cómo. Usted tiene tiempo para leer y esas cosas.

Me quedé mirándola mientras se alejaba con el insulto atragantado (si bien en los profesorados no está incluido como contenido conceptual el insulto, si aprendemos procedimentalmente a pulir los que ya sabemos), mientras me preguntaba a qué escuela habrá concurrido la señora de Miranda, (porque ese monstruo no es un monstruo que se construya en uno o dos días; no para nada, requiere esfuerzo y dedicación). Me preguntaba quién le habrá enseñado que la ortografía es el mayor de los males que podemos tener en relación al lenguaje escrito. Me pregunté si los docentes podemos comenzar a enrostrarles a los padres muchas de las carencias de los hijos; por ejemplo: ¿el lenguaje famélico de la joven Miranda… nació de un repollo?

Me preguntaba también (pero ya estaba sonando el timbre de entrada), si el analfabetismo de la señora de Miranda (entendido como la ignorancia de saberes básicos y elementales para la vida), no era bastante más preocupante que la ortografía de la joven Miranda.




“El viejo de literatura” (segunda parte)


Martes


Declaro bajo juramente que esta anécdota es sic, sic.

“Abortar es cuando una mujer está embarasada y le hacen un aborto. Me parece que no es bueno, pero bueno abeces es nesesario porque paza que la chica la violaron y no puede bancar al nene o porque le tiene vergüenza a lo que vallan a decir los demás (…)”

- Romi –le dije a Romi (diecisiete, mucho acné, ojos dormidos), tras leer el texto que recién concluía de redactar-  ya estás en 3ª del Polimodal… si el año que viene pensás ingresar en la universidad, me parece que vas a tener que trabajar mucho para enriquecer tu léxico.

- ¿Qué significa “léxico”? – preguntó Romi tras empujar el chicle hacia algún costado de su boca.

- “Léxico” es el vocabulario –respondí como suponiendo un malentendido de la criaturita de Dios.

- Ah, eso... –dijo con tono seguro y, mientras retomaba el masticar del chicle agregó:- No pasa nada, profe. A mí esa cosa no me interesa, yo quiero estudiar diseño –y recolocando su chicle en el centro de la boca, dio por concluido el diálogo.

Adivinen quién fue el que se quedó sin léxico para responder. Correcto. Adivinaron.

A pesar de que reconocí al instante lo gracioso de la anécdota, elegí no estallar en la carcajada compensadora que se merecía la situación.

De pronto, una iluminación. Recordé a Natacha, la chica austriaca que, no sólo permaneció encerrada en un sótano durante ocho años, sino que además fueron esos ocho años. Desde los diez hasta los dieciocho. Nada menos que los años de conformación de su identidad, vocación, proyectos… ¿Quién es la que salió del sótano? ¿Cuánto tendrá que ver la que entró con la que salió del sótano? ¿Cuál será el “léxico” de Natacha sino el de su captor?

Uno de los ingredientes (y no el menos importante) de la mitología escolar es el de las “talan-talan-blancas-palomitas”, el de la pedagogía autosatisfecha en la que transcurren los trabajos y los días en el aula. Me resulta muy intrigante preguntarme sobre las razones de esta creencia tan (pero tan) difundida y a la vez alejada de la realidad. Una realidad que, en la mayor parte de los casos se parece bastante más a una película de Tarantino que a la mitologizada Jacinta Pichimahuida.

Se me ocurrió hermanar a mi Romi con Natacha Kampusch (¡Pobre Natacha! No bastaba con permanecer encerrada tantos años en un sótano de doce metros cuadrados, ahora permanecerá encerrada en una “tarantinesca” metáfora universal) ¿Cómo saldrá Romi luego de permanecer en cautiverio durante los doce años de reclusión dentro del sótano del sistema escolar? ¿Somos nosotros, (sus docentes, sus padres) sus secuestradores? Y si así fuera… ¿cuál es el lenguaje de Romi sino el nuestro, sus captores?

¿A quién culparemos entonces si Romi no sabe lo que significa “léxico”? ¿Por quién doblan las campanas? ¿El problema es de Romi o es de quienes no comprendemos ese léxico que tienen todas las Romis que habitan nuestras escuelas?

- Nuestro léxico, señorita Romina, es aquello que nos permite configurar nuestra identidad –insistió el apóstol quijotesco utópico pichimahuidesco que llevo dentro.

- ¿¡Qué!? –respondió Romi, estupefacta.

- Que somos lo que decimos que somos, que somos las palabras que elegimos para decir quiénes somos, que si no tenemos palabras es como si nos diluyéramos, es como si saliéramos desnudos, es como, es como….

De pronto, el resto del curso se calló como para no perder detalle de una pelea como la de “Pandillas de New York”. Pero no. No hubo pelea. Tampoco hubo palabras.

No sé.

Como dicen los chicos: “Nada”.

Sin palabras.

Si quiero continuar siendo docente, tendré que trabajar mucho en mi propio léxico.




“El viejo de literatura” (tercera parte)


Miércoles



Una de las tantas (y tantas) directoras de las tantas (y tantas) escuelas en las que trabajo es una señora de la que vale la pena describir su desempeño. Durante toda la mañana:   espía mis clases (y las de algunos de mis colegas) a través del vidrio de la puerta; revisa el “libro de temas” (pueril compendio de mentiras o medias verdades cronológicas, cuya redacción es impuesta a los docentes incomprensiblemente en el siglo XXI) muy preocupada, porque (desobediente compulsivo) de manera insistente lo “lleno” con subversivas e inapropiadas comillas; anota tardanzas; registra salidas al baño o a tomar agua de los alumnos; comprueba que haya firmado el libro de asistencia (caso contrario pone ‘ausente’); vigila a los jóvenes durante el recreo y en la calle; persigue a los docentes reclamándoles la programación en tiempo y forma; ingresa haciendo palmas en la sala de profesores diciendo “vamos, vamos, al aula”;  y otras trascendentales tareas propias de su cargo.

Muchos colegas no resisten los decibeles de histeria, desgano, desmoralización y murmuraciones que abundan durante el café del recreo en las salas de profesores y prefieren salir a fumar a la vereda. No es éste mi caso. A mí me proporcionan mucha letra.

Hoy miércoles, sin ir más lejos, fue notable cuántos de nosotros habíamos observado el patético comportamiento de la suprema autoridad institucional y nos habíamos animado a compartir la enorme gracia que nos provocaba. Es que en las escuelas existe como una muda, invisible y sorda trama de la cual no se habla-no se ve-no se oye. A veces existe miedo de husmear en ese territorio. Somos madres, padres de familia, es nuestro trabajo, usted comprenderá. Es como (o sin el “como”) que en la vida cotidiana de las escuelas existe un libreto al cual nos aferramos, por miedo, por seguridad, por comodidad e incluso porque ignoramos su existencia. Un libreto que nos adjudica un personaje cuyo texto repetimos en forma mecánica. Sin cuestionamientos de ningún tipo.

Sin embargo a veces pasa (como pasó hoy miércoles), que el guión falla, o los actores “olvidan” la letra. A veces sucede que los monitos quitan sus palmas de sus ojos, de sus bocas, de sus oídos. El resultado fue una estruendosa carcajada general. A muchos de nosotros esa señora directora nos hizo transitar por las más variadas emociones: cuando se hizo cargo de la dirección, la mina nos provocó asombro, al mes, tras la primera reunión de personal (una fantochada, una vulgar bajada de línea, una moralinosa verborrea sobre el largo de la falda de las alumnas y el cabello de los alumnos) nos generó bronca; a los meses, cuando comprobamos que se trataba de pura pólvora mojada generó pena y, tras un año de “mandato” (y muy poco de aprendizaje), nos comenzó a generar gracia. En alguna medida, esto debemos agradecérselo. No es común reírse tanto en la sala de profesores. Y a veces pienso que la risa es una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema educativo.

Un importante porcentaje de los alumnos que (aún) asisten a las escuelas de nivel medio provienen de familias estalladas, de carencias que, de conocerlas verdaderamente a muchos de nosotros nos harían tiritar de horror (y de vergüenza); provienen de haberse alcoholizado al menos una vez durante el último fin de semana; de haber tenido alguna experiencia con  sustancias que les hacen estallar la cabeza; provienen de horas y horas encriptados dentro de los video juegos, los SMS, el Chat, el Facebook; vieron la telenovela y también a Tinelli… encerrados…huérfanos…solos… tan jodidamente solos… permanentemente solos.

Mientras la señora directora cumpla de manera tan mecánica, ciega y obediente con su patético rol de vigilante de trivialidades, y mientras los de más arriba aún se dediquen a vigilar a los vigiladores de más abajo (esta imagen haría dichoso hasta al mismísimo Dante) y a bautizar con “nuevos nombres a las viejas cosas”, si nosotros los docentes nos alineamos disciplinadamente en ese escalafón de carceleros miopes, difícilmente, nuestra empobrecida atención alcanzará para aplicarla en las cosas que dejen de una buena vez de trivializar, de vulgarizar, nuestra tarea cotidiana.

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Opiniones (5)
4 de Diciembre de 2016|13:40
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4 de Diciembre de 2016|13:40
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  1. Que grande!! Fue Un excelente profe del ITU y una excelente persona!! Muy bueno lo escrito Jose!!
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  2. José un genio como siempre.
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  3. Jamás, jamás, jamás había leído una nota tan buena en lo que lleva de vida este diario. Jamás. ¡Dios mío, van a tener que pagarle a este tipo y mucho! ¡Ay! ¿Se darán cuenta?
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  4. Debo decir que me siento identificado hasta cierto punto, ya que soy un ex-estudiante de profesorado de Lengua y Literatura. Dejé porque me di cuenta que no me quería insertar en el sistema educativo de este país. Lo felicito, profesor, es usted un hombre muy valiente.
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  5. Excelente artículo del profesor Niemetz, por fin alguien se anima a describir de forma literaria y divertida la patética situación que se debe registrar en el 99,99% de las escuelas secundarias de Mendoza. Ahora, la pregunta es:¿qué podemos hacer los docentes frente a toda esta compleja maraña de absurdos, delegación de responsabilidades ( "el docente siempre es el responsable de la educación de los niños/adolescentes") y falsos clichés que se le adjudican a los docentes, pobres seres que tienen que estar 40 horas a la semana frente a chicas como Romi para poder subsistir? Tal vez haya que preguntarles más a los padres sobre la educación y cuidado de sus hijos que a los propios docentes, tal vez de esta manera los padres puedan ayudar a los docentes y a sus propios hijos en su educación.
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