Crónica de un experimento poético

El escritor Juan López ofrece detalles de su "experimento poético", que consistió en publicar un poema como aviso clasificado, en el diario Los Andes.

Hace unos años, más o menos cinco, escribí este poema:


ROMÁNTICO

vendo rambler rural porque me mudé y no entra en el garaje
no quiero ver cómo la intemperie termina de arruinarla
vendo rambler como si vendiera parte de mi cuerpo de mi vida
respiro hondo antes de escribir esto
en ese monumento con ruedas esa segunda casa esa segunda cama
en ese auto me desperté a los 14 o 15
(si no me creen pregúntenle a mi prima)
vendo rambler celeste agua pintura original
chapa de mendoza equipo de gas dos tubos de 80 buen andar
no tiene precio esta máquina no voy a explicar cómo llegó a mis manos lo que significa
no puedo imaginar cuánto puede valer
ni quiero saber quién podrá pagar quién se la va a llevar
pero la vendo porque ya dije que no entra en el garaje
y no quiero ver cómo la intemperie termina de arruinarla
respiro hondo
escucho ofertas


Recuerdo bien cuándo, cómo y dónde lo escribí. Fue en mi casa (Dorrego) con birome azul, en una hoja A4. Este dato no tiene demasiada relevancia, salvo porque no he olvidado el momento, el lugar y el material de escritura. Incluso, que era de noche.

El texto se origina por la Rambler rural de un amigo muy querido, Rodolfo Castagnolo, músico notable, para más datos.

Pasé el poema a la computadora y se lo envié por correo electrónico a Rodolfo. Me respondió: “Juan, leí el poema de la Rambler y no sabés cómo me he emocionado, estoy en un cíber y la puedo ver desde la ventana”. Primer dato positivo: el implicado más cercano se sintió “tocado” por el texto. Conclusión básica: la poesía puede tocar directamente, sin tanto rodeo ni misterio, eso que llamamos, generalizando de modo brutal, “la realidad”.

Lo cierto es que no sé por qué escribí ese poema, aunque es evidente que el llamado “yo lírico” es un romántico (de ahí el título), es decir de esas personas que vulgarmente son conocidas por ser enamoradizas o por encariñarse con seres y cosas de una manera poco habitual. Pues este romántico está enamorado de su auto. Y tanto lo quiere, que para que no se arruine, prefiere desprenderse de él. Cosas que solamente se hacen por verdadero amor.

Pasaron los años, leí romántico en muchas presentaciones públicas. Está incluido en la antología literaria La ruptura del silencio. Antología de poesía mendocina (Dirección General de Escuelas, Mendoza, 2009).


El poema

El procedimiento básico del poema consiste en escribirlo siguiendo el formato de un texto comercial, subgénero aviso clasificado. Unos años antes, ya había utilizado este recurso en un poema, que cierra el libro Ciclos vitales (2001) y comienza: “Busco trabajo, sé leer y escribir…”.

Pero volvamos a romántico. Es ese contraste entre texto poético y texto comercial lo que produce un efecto irónico positivo. Positivo, porque en general la ironía suele utilizarse para los señalamientos críticos negativos. En este caso, lo inapropiado de escribir un poema como un clasificado obra a favor del texto, sorprende a los lectores primero como algo singular. Luego, con el avance de la lectura, se toma nota de que se trata de un poema “de amor”, amor por un auto.

Si seguimos la pendiente interpretativa, podemos decir que no es solamente un poema de amor por un auto, sino un poema de amor en general. Donde el que habla manifiesta por qué ama lo que ama. Ingresan aquí descripciones, valoraciones, que incluyen elementos del pasado, de la historia. Porque el auto también representa todo “lo viejo”, en un mundo (año 2010) que, si hablamos de vehículos, valora sobre todo lo nuevo, hipermoderno, veloz, ágil, con los patrones estéticos de diseño más recientes, como sucede en todas las épocas. Segundo efecto irónico, en un mundo hipertecnologizado, alguien valora algo viejo, en desuso, casi obsoleto, e incluso, para muchos, feo, descartable, olvidable.

La poesía, entre sus infinitas posibilidades, tiene la de poner la lupa en lo inusual, de decir lo que el otro no espera leer o escuchar. Tal vez por eso romántico es efectivo. Leerlo en voz alta, ante un público cualquiera, con tono serio, produce un efecto singular. El primer verso, “vendo rambler rural”, opera como lo que en periodismo se conoce como “gancho”, te engancha y te invita u obliga a seguir atendiendo. Una regla retórica que ha perdurado con los siglos, la de comenzar un texto con algo atractivo, que mueva el ánimo del que escucha y lo incite a seguir escuchando. Si el primer verso de un poema es malo (malo aquí sería “poco efectivo”, “poco atractivo”), lo más probable es que el poema termine siendo malo.

El aviso

Siguieron pasando los años y fui madurando la idea de publicar el poema en la sección clasificados de un diario y ver sus efectos. Finalmente lo hice, y romántico apareció el domingo 27, el lunes 28 y el martes 29 de este año en la sección Automotores, Venta, Otras Marcas, del suplemento Clasificados del diario Los Andes, provincia de Mendoza, Argentina.

Pero no fue simple publicarlo. Tuve la crucial colaboración de un amigo, Sergio Cusa, que vende publicidad para el diario. Incluso, cuando quise pagar el aviso, me dijo Sergio: “Para mí sería una especie de aporte a la cultura que representás no pasarte ninguna factura... Dejame hacerlo así, sin que sientas ningún compromiso por esto”. Notable, Sergio.

Pero antes intenté que se publicara como un destacado. El precio, 500 pesos, me hizo desestimar el formato. De todos modos, insistí y salió finalmente como un simple clasificado. No tan simple claro, porque es muy extenso y contrasta con los otros avisos, donde se privilegia la brevedad.

Para publicarlo, debí cambiarle el título, porque no se puede encabezar un clasificado con la palabra “romántico”. El aviso quedo así:

Los efectos, las lecturas

Todo el que escribe lo hace “para” algo. Desde la anotación más simple y utilitaria hasta el poema más pretencioso. En este punto, sentí que romántico estaba pidiendo otro público, uno más simple, no el usual de las lecturas de poesía, tan de gueto, tan exclusivas. Romántico era también para otro gueto, el de los amantes de los autos. Es esta idea, sacar a la poesía, o al menos a este poema, de su lugar esperable, la que sostiene la ocurrencia más concreta de publicar el poema.

Los efectos, las lecturas, fueron muchas. Pensemos que el diario Los Andes, que es el periódico principal de una provincia que tiene aproximadamente un millón seiscientos mil habitantes, entre domingo, lunes y martes imprime aproximadamente 150 mil ejemplares. Este dato ayuda a entender el significado que tiene el hecho de que tanta gente, de modo potencial, pueda leer un poema en un sitio donde jamás alguien esperaría encontrar un poema. Este dato me ayudó a sostener la idea, a concretarla. Qué bueno conseguir que en tres días tanta gente pueda leer un poema. Ironía y utopía suplementaria: al final de la vida, publicar las obras completas no como libro sino como avisos clasificados. Más llegada, más lectores, sin duda.


Emociones

Vamos ahora a la respuesta que tuvo el aviso.

Desde el domingo muy temprano hasta el miércoles recibí llamados y mensajes de texto.

“¿A cuánto vende ese auto que tanto adora?”, me dice por teléfono un hombre mayor. Y agrega: “Digamé, jugaba al doctor con su prima usted en la Rambler, ¿no?”.

El domingo a la noche, un anciano con acento italiano llama y dice que se emocionó mucho cuando leyó el aviso. Cuenta que él se compró una Rambler cuando llegó de Italia y que la quería comprar. Lo atendió mi mujer, Cecilia. Dice que el hombre se largó a llorar y que se desilusionó mucho cuando ella le dijo que ya la habíamos vendido. Cecilia atendió porque, al principio, el domingo, yo estaba atemorizado, me costaba mentirles a los interesados diciendo “ya lo vendí”... Pero ese llamado, tan extremo, me obligó a enfrentar la situación con menos culpa. Y a entender que el mensaje ya había llegado, incluso al corazón de un inmigrante. Ya no podía negarme a los efectos del texto.

“¿Cto vale se lo q sentis m robaron un chevrolet y se lo q sentis gracias”. Como se ve, se trata de un mensaje de texto. El primero que empatiza explícitamente con el amor por el auto que muestra el poema.

De inmediato, dos mensajes más: “Buen dia cuanto vale el rambler soy amante ami me robaron uno en ciudad”. Y: “Cuanto pedis x el rambler? Está joya? Adonde lo veo?”.

A los tres les respondí, para no romper la escena: “Lo siento, ya lo vendí. Estoy muy triste”.


Primeros lectores y apertura del juego

Aparecen los que valoran la escritura del aviso:

“Juan me encanto tu aviso deseo con el alma tu Rural cuanto me pedis. Julio”.

Me animo a confesarme y le respondo a Julio: “Perdón fue una prueba soy escritor y quería saber si con un poema podia vender un auto la rambler existe pero no la vendo gracias igual!”. Y Julio responde: “Bueno te felicito por la profundidad de tu ser”.

Por teléfono, un hombre joven pregunta cuánto pido. Le digo que ya la vendí, a 20 mil pesos, y le pregunto qué le parece. Responde: “Y… si estaba como vos decís… además es un aviso muy poético” (risas).

También por teléfono, una mujer joven pregunta por la Rambler. Le digo que ya la vendí, me pregunta a cuánto, le digo el valor. Dice: “¿En serio?, ¡también… con el aviso que sacaste!”.

Y un crítico literario puro, impresionista absoluto, al que ni le interesa el auto, escribe simplemente: “T felicito x El aviso esta genial”.

El desagradable de siempre

Este mensaje de texto llegó el miércoles, a las 8.15: “Juan si no te cabe en el garage agrandalo o metetelo en el Orto si no te cabe metesela en la concha de tu madre”. Me vi obligado a responderle, y con rima: “Estoy en eso, igual, gracias por el consejo”.

Los incrédulos

Algunos lectores intuyen que el aviso no es “verdadero”, que no existe ninguna rural para vender. O que no es verdadero porque miente sobre las virtudes del auto.

“Que capo!! Como queres a esa rambler rural o que bien mentis para venderla”.

Un joven o adolescente llama riéndose y me pregunta si yo escribí el aviso. Se escuchan voces atrás. Le digo que sí. Agrega: “Estoy con mis amigos, nos estamos cagando de risa con el aviso, ¿es cierto o es mentira?”. Le digo que es mentira, que el Rambler existe pero que no se vende. Que es un poema y quise saber el efecto que producía. “Vieron, vieron, les dije (rumores y risas), yo tenía razón, jajaja”.

Los incrédulos confirman eso que muchos profesores no entienden ni enseñan: que la poesía también es ficción, pero, obviamente, no cualquier ficción.

Curiosidad

Llama la atención que en los llamados y mensajes no predominen las preguntas por el modelo de la Rambler (si es Classic o Ambassador, por ejemplo, custom o cross country), el año, las comodidades. Solamente dos personas preguntaron por el modelo, les dije 1969, aunque la Rambler real, que por ahora no se vende, es modelo 65. Otro preguntó si tenía levantacristales eléctrico, y otro, por el aire acondicionado. La mayoría quería saber cuánto pedía por el vehículo, parecía interesada más bien en una Rambler arquetípica, imaginaria, imposible, la Rambler como idea. Pero esto último es pura especulación del que escribe.

Implicancias

Algunas personas me sugieren que este experimento es una intervención artística, que debo “sacarle el jugo”; hacer, por ejemplo, un documental, explorar y explotar sus múltiples posibilidades, etcétera. Todo eso puede ser asunto de otros espacios, no ya de esta crónica. De todos modos, me interesan más las implicancias sociales del experimento que las artísticas o literarias. Pienso, por ejemplo, que los diarios podrían habilitar secciones con avisos de tono poético y cobrar tarifas menores a quienes publiquen allí. Materia hay. No cabe duda de que los amantes de los vehículos tienen mucho que decir al respecto y que podrían escribir poemas que aliviaran el dolor de vender sus queridas máquinas. Sería además una metodología muy valiosa y efectiva para, por ejemplo, estimular la escritura en general, pero también la escritura emotiva, creativa, lúdica, que trascienda el “vendo auto x, modelo x, buen estado”. Y obviamente, para ampliar los límites de la escritura publicitaria. E insisto, también, para romper a la vez dos guetos tan alejados aparentemente uno del otro, el de los tuercas y el de los poetas. Surgen muchas más preguntas: ¿son antinómicos, contrarios, los mundos de la producción y consumo automotriz y los mundos de la creación y el consumo literario? ¿Los poetas, los escritores, se transportan de modo mágico a través del éter o viajan en vehículos concretos?

Disculpas y agradecimiento

Quiero pedirles perdón a los interesados a los que les mentí. Espero que puedan comprender el sentido del poema-aviso, y que me absuelvan.

Un agradecimiento especial a todos los que se comunicaron.

Cierre

Llamada telefónica, lo primero que dice la voz masculina es:

“Señor, leí el poema que publicó”.



Juan López
Mendoza, 30 de junio de 2010
Opiniones (1)
11 de Diciembre de 2016|01:30
2
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11 de Diciembre de 2016|01:30
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  1. a cuanto lo vende? (broma) Aprovecho para saludar a mi querido Rodolfo, compañero de escuela secundaria, quien nos deleitaba con su guitarra de doce cuerdas! Y saludar también a Juan poeta, empirico del alma! un abrazo
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