Armando Dauverné: "Tenemos que confiar más entre nosotros"

Su testimonio fue el hecho más notable que ha tenido hasta ahora el juicio que se sigue en San Rafael por la desaparición forzada de personas. Por eso lo invitamos a una charla en la que revela anécdotas y referencias espeluznantes, pero que también muestra la sabiduría que forjó en aquella experiencia.

Armando Dauverné es un hombre de 64 años.  Llegó muy puntual a la entrevista y desde su voz ronca, su espalda encorvada y su andar cansino, mostró una generosa predisposición para la charla. Toda su bonhomía y la calidez de su espíritu se desplegaron en  más de una hora de conversación, contando experiencias que bien podrían tomarse como un resumen de su vida.

Nació en Mar del Plata el 23 de noviembre de 1945, “hasta en eso soy peronista”, dice, soltando una sonrisa socarrona. Su padre, don Héctor, hoy un abuelo de 90 años, por aquél entonces era gendarme y le tocó como destino la Perla del Atlántico, por eso el nacimiento. “Pero nosotros siempre fuimos de San Rafael”, dice con orgullo.

Recuerda  una infancia muy feliz en la casa de la calle Avellaneda 162, inundada por el cariño de su madre, doña Julia Santos que hoy tiene 84 años, y en la que compartió travesuras de siesta con un amigo que todavía hoy conserva: Raúl Poladura, el “Pola”, como lo llama con cariño.

También evoca inolvidables partidos de fútbol “en el campito de la Escuela Normal”, el predio en el que hoy está el Colegio Nacional, en Maza y El Libertador, “y en otra canchita que estaba atrás de la sodería Nihuil. Eran unos partidos bravísimos”, dice con la mirada en el techo. “Yo jugaba de marcador central o lateral, pero como le pegaba muy f uerte a la pelota, me ponían de win izquierdo, a ver si de vez en cuando hacía algún gol”, explica risueño. Llegó a jugar en Huracán, hasta que su carrera como futbolista se frustró por una fractura muy complicada que tuvo a los 13 años.

La política

Sus primeras imágenes de la política tienen que ver con la muerte de Eva Perón, cuando él tenía 7 años. “En mi familia se vivió con mucho dolor aquella inmensa pérdida”. Después, la caída de Perón en el 55, seguida por la proscripción.  “Mi viejo y sus amigos tenían que reunirse en los sótanos. Recuerdo muy bien cuando lo acompañaba a las reuniones, de la CGT especialmente. Ellos hablaban de política y yo jugaba a los autitos. Había persecución y se vivía mal en San Rafael por aquellos años. De ahí nació mi rebeldía y mi vocación por la militancia política”,  explica.

Hizo la primaria en la Escuela Normal.  “Leíamos muchísimo, como no había televisión ni nada de eso, nos la pasábamos leyendo libros de aventuras y escuchando la radio”, evoca. Terminó el secundario en 1963 en el Colegio Nacional, “en el mismo aula en la que declaré el otro día, hice primer año del secundario.  Cuando terminé el secundario, tuve que ponerme a trabajar, porque no teníamos plata para que yo estudiara. Trabajé en la cosecha primero y después en un taller mecánico de la calle Moreno, llevando los libros. Nunca fuimos gente de plata”, dice con humildad.

“Después de un par de años, pude irme a La Plata, en donde tuve que seguir trabajando hasta que me recibí, en el año 72. Trabajé de cadete en un farmacia”. De aquellos años recuerda a varios amigos, “Horacio Córdoba, el gringo Di Martino y un muchacho que era locutor y tenía un programa en Radio El Mundo, que tenía un boliche en Berazategui, en el que yo trabajaba en la boletería los sábados por la noche”. Con el único que compartía su militancia en la JP era con Córdoba, “y así empezamos a ir a las villas a llevar nuestro trabajo de médicos. Atendíamos un centro en Tolosa, en un barrio de gente muy  humilde.”

Se recibió en 1972 y se vino a trabajar a San Rafael, en la empresa Panedile, atendiendo la accidentología en la obra de Agua del Toro. Se casó con Elisa del Carmen Genovese en 1974 y juntos  se fueron a Agua del Toro. “Ganaba muchísimo dinero en aquel entonces, figurate que con el primer sueldo que cobré, me compré un auto”, y explica que se mantuvo un poco alejado de la militancia política, porque trabajaba 15 días seguidos en la obra y no tenía posibilidad de participar en las reuniones.

Pero en 1975, lo nombraron en el Servicio de Traumatología en el Hospital Schestakow y entonces renunció a su primer trabajo y se instaló en San Rafael, ya con su primer hijo en la familia, Pablo Ignacio, que había nacido en 1974. Alquilaron una casa en la calle Montecaseros y Cornú y después vinieron Diego Gastón en el  76, y Armando Nicolás y Luciana Iris, los dos en el 79, aunque no son mellizos. Armando nació en enero y Luciana en diciembre.

Comienza una historia distinta

“Cuando ya me instale en el 75 en San Rafael, empecé a trabajar más activamente en la política. Empecé a compartir con los chicos de la JP más tiempo, empezamos a ir a los barrios para conocer la problemática de cada uno de ellos para saber qué necesitaba la gente más humilde, porque eso era la militancia nuestra”.

“En ese momento el intendente era Chafí Félix. En esas épocas habían dos vertientes dentro del peronismo. Una más socialista, o de izquierda y otra más derechista, donde estaban algunos dirigentes de la CGT y personas más cercanas al lopezrreguismo, antes de esto debemos recordar el nacimiento de movimientos guerrilleros como Montoneros, que fue un desprendimiento del Grupo Tacuara. Éstos eran grupos armados del peronismo y también estaban los que eran de la real izquierda, que era el ERP. Esos si que eran Marxistas”, relata.

“El que no dejó que entrara el marxismo a la Argentina fue el peronismo, ésta es una de las broncas que existen,  porque éstos - refiriéndose a los militares -  dijeron que luchaban contra el marxismo y los que pagamos los platos rotos fuimos nosotros, porque la mayoría de los desaparecidos son peronistas”.

“Pero en San Rafael no hubo Montoneros ni nada de eso, la más ideóloga de la juventud peronista era Susana Sanz. Ella era parte de nuestra familia, porque su mamá era prima de mi madre, y mi mamá era su madrina. Se crió en la Iglesia católica, fue al Colegio del Carmen y  yo se que era peronista peronista. La relación con mi padre hizo que Susana se volcara al justicialismo y empezó a trabajar como asesora. Se  han tejido mil versiones acerca de ella, pero yo creo que la mayoría son fábulas. El problema de ella fue ser una mujer muy inteligente y de muchísima capacidad.  En una sociedad machista como era la de los años setenta, eso era imperdonable”.

Volver a vivir la misma historia en el relato de los hechos

 Al llegar a este punto, Armando entra en una especie de trance. Ni siquiera hace falta interrogarlo, es como si él mismo se fuera preguntando y respondiéndose, para contar el período más oscuro que le tocó vivir.

“No tengo rencor por todo lo que pasó, te queda bronca. A mi me da mucha bronca no por mí, que estoy vivo y puedo contarlo, sino por aquellos chicos que desaparecieron. Esos chicos eran todos pibes de barrio que participaban en la militancia y nada más. No tenían otro tipo de expectativas más que militar, ayudar y soñar con sus utopías”.

“Ni siquiera eran universitarios, eran laburantes, absolutamente inocentes de todo lo que se los acusaba. ¿Sabés por qué pasó lo que pasó?, porque en San Rafael todo se movía en base a acusaciones personales. Esto me lo confirmo un Coronel cuando me llevaron a Cuadro Nacional a interrogarme. Él me dijo ahí: Mire, los errores nuestros son por haber oído voces de personajes de San Rafael que  acusaban a gente que era inocente. Por eso cometimos las barbaridades que hicimos, me dijo”.

La Sociedad sanrafaelina

“Acá hubo gente que delataba sin darse cuenta el daño que hacía. Al “Quicho” Petricorena, al “Begui” Trovarelli y a mí, nos delató un colega al que todos conocemos y que todavía vive entre nosotros y goza de cierto prestigio. Con ese tipo de cosas se vivía en San Rafael. Nuestra sociedad era temerosa, conservadora. Te veían por la calle y se cruzaban de vereda, hasta familiares y amigos dejaban de saludarte o ir a tu casa por miedo”.

“A mí los únicos que me ayudaron en esa época difícil fueron los médicos de la Clínica Mitre, Flieger, Noguer, Traverso, Conforti, Di Calvo, esa gente me contuvo, sino yo me iba de San Rafael, porque tenía una oferta laboral de España. Ellos me retuvieron, además de que tenía a mi familia adentro y no la podía dejar librada al azar”.

El Juicio

Dauverné considera que las personas que están siendo juzgadas no son representativas de toda la gente que colaboró con el Proceso en San Rafael y que generó desapariciones y muertes. “Para que fuera representativa la cantidad de gente involucrada desde  el terrorismo de Estado tendríamos que hablar de más de 50 personas. Muchas de ellas hoy siguen estando entre nosotros. Policías, civiles que eran delatores y que para mí son más culpables todavía, porque con sus acusaciones infundadas hicieron que mucha gente padeciera y algunos inclusive desaparecieran o murieran. Esos que acusaron, son tan asesinos como los que mataron”.

El Teniente Guevara, Labarta y Mussere

“El teniente Guevara se portó bien conmigo, siempre me trató con respeto, si bien algunas personas dicen que con ellos fue un malvado, yo no puedo decir lo mismo, porque faltaría a la verdad y para mí la verdad es lo más importante de todo. Es más, fue el único que se identificó en aquellos años,  cuando el resto no lo hacía y hasta me indicó a donde llevaban a mi padre la noche que se lo llevaron de mi casa”.

“Labarta es un hijo de puta. Mussere era el violento, pero Labarta era amigo nuestro, iba a mi casa, al taller de mi padre a tomar mate. A mi hermana se la llevó detenida él, mi hermana no tenía nada que ver, ni siquiera había una causa iniciada contra ella. También se llevaron luego a mi cuñado. Ella era peronista como yo, pero no militaba, era de herencia y Labarta se la llevó porque se le cantaron los huevos de hacerlo”, dice sin perder la calma.

En su testimonio, dijo que le gustaría encontrarse con Labarta en la calle, y explica por qué: “A Labarta le metería un bollo porque se valió de la amistad para hacer lo que hizo. Una persona que se dice tu amigo no puede después acusarte de terrorista”.

“También tengo que decir que había buenos policías. Gente noble y buena,  como los tres que le pusieron a mi papá para vigilarlo. Uno de ellos me dijo: Doctor cuando termine lo de su papá, yo renuncio, porque estoy asqueado de todo esto. Hoy ese hombre es peluquero y a pesar de que no tuvimos relación posterior, un día descubrimos que nuestros hijos compartían la carrera de ingeniería civil, e intercambiamos saludos.  Otro de los policías vino a verme al Hospital porque  estaba con un estado depresivo muy grande y con el tercero mantengo una relación de cierta proximidad, aunque ya se retiró de la fuerza. Los tres excelentes personas”.

“Por supuesto, también había gente como Mussere, un tipo que actuaba incluso por encima de los militares. Era un simple policía y hacía cosas que los militares no se atrevían a hacer. Actuaba con suma violencia”.

Una familia hundida en el horror

Su padre estuvo tres o cuatro meses en la departamental y dos meses en el Hospital por la golpiza que le dieron. Su cuñado estuvo 9 meses detenido y su hermana estuvo una semana en Infantería, en la calle Deoclecio García y luego la pasaron a la Departamental, después a la cárcel y después la soltaron. Es la que menos tiempo presa estuvo.

“La preocupación por mi hermana era que ella ya había perdido un chico, después tuvo al mayor, Sebastián y se la llevaron embarazada. Se la llevaron con su hijo de un año y medio en brazos y tuve que ir a buscarlo a Infantería. En el regreso no parábamos de llorar, la criatura y yo, y me acuerdo que mi hermana alcanzó a darme un sobre con el sueldo que había cobrado, ya que nadie la requisó, porque en realidad nunca hubo una causa para que la detuvieran”.

Mi gran preocupación era mi hermana, por eso fui a hablar con el Obispo León Kruk y lo único que me dijo fue: “si su hermana está presa, por algo serᔠy luego con el médico de la Cárcel, que no me quiso dar información porque decía que lo comprometía.

Justicia reparadora

Dauverné repite que no lo mueve el rencor, a pesar del terror que padecieron en aquellas circunstancias y explica que si se dejara llevar por el rencor, diría muchas cosas más, que prefiere guardarse, pero también expresa que la justicia debe ser para ambos bandos, tanto para los militares, como para los terroristas que mataron gente con sus bombas.

“Yo estoy en contra de  la violencia, me espanta. Esa violencia nos llevó por el mal camino”.

“Esto es un acto de justicia, a medida que vayan declarando, seguramente se tendrá que ir llamando a otras personas más. Tenemos que valorar la democracia, cada uno de nosotros comete errores todos los días, lo importante es observar si ese error es para hacer daño o simplemente es un error humano. Hay que juzgar la intencionalidad de estos señores, para que se reconozca esa época nefasta que nos tocó vivir”.

“Ellos no se arrepienten de lo que hicieron, realmente los subversivos en este país fueron ellos, que atentaron contra la democracia. Y los apátridas fueron ellos, dejaron a la Argentina sumergida en un pozo económico y político, mataron gente, nos robaron el pais,  hijo”, dice como una queja doliente.

Reflexión final

“Nuestro país necesita reconciliarse consigo mismo, dejar de lado los antagonismos, no ver al adversario político como a un enemigo, generar confianzas mutuas, tenemos que confiar más entre nosotros. Debemos tener políticas de estado y seguirlas, no importa el color político del que acceda al poder. De nada sirve destruir lo bueno que hizo el otro, nada más que porque tiene otra ideología. Nos tenemos que juntar todos, discutir en serio qué queremos para nuestro futuro. Seguimos teniendo desconfianzas, este juicio y estas experiencias nos tienen que servir para apaciguarnos entre nosotros y mirar al futuro como un destino común”.

“Hay que juzgar sin tener sed de venganza. Y que los culpables cumplan sus condenas por los errores cometidos, de los dos lados”.

“Tenemos que valorar la democracia. Eso es parte de la convivencia, estamos aprendiendo a respetarnos”.

“La política de ahora es mejor que la de aquellos años, es más pacífica, no debemos tener más miedo entre nosotros. El peor gobierno democrático es mejor que un gobierno totalitario”.



La conversación se extiende por varios minutos más, pero la intensidad del relato amaina en el ánimo del entrevistado. Es como si la catarsis ya estuviera hecha. Sólo hay algunas recurrencias a cuestiones anecdóticas que sirven para seguir disfrutando de su presencia y demorar la despedida.

Armando Dauverné, un caso entre miles.

Un testimonio del horror que nunca debería volver a nuestra sociedad

Opiniones (6)
27 de Abril de 2017|02:24
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27 de Abril de 2017|02:24
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  1. Por que pese a todo seguís adelante...como dice Diego sos el Mejor te amo mucho!!! Fuerzas que estamos con vos siempre en todo momento!
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  2. Personalmente fuieste una de las personas que hace 27 años cuando llegara a San Rafael, me extendiera su mano desinteresada, franca, con la misma transparencia de espíritu que trsunta la nota. El 24/03/10 en este mismo medio se publico otra nota "Año 1977 fue el inicio de latortura", sobr José "Pepe" Fanjul Mahía, compañero de Facultad. Muchos de los comentarios, anónimos, me recordaron mis primeros años en San Rafael, cuando con mi señora tratmos de involucrarnos en la sociedad sanrafelina, tambien recbimos difamación y llamados anónimos ( pocos por cierto). Como dice un conocido historiador la historia no se repite, continúa! A todos ellos tu reflexión final.Por ello gracias hoy como sanrafaelino. Abel Freidemberg
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  3. %u201CHay que juzgar sin tener sed de venganza" No es facil decir eso cuando se ha tenido las vivencias como las tuyas. El respeto es sinónimo de humildad y la humildad es sinónimo de grandeza, por eso vos sos el mas grande. Te quiero mucho
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  4. Si bien no tiene ni tuvo ninguna obligacion de decir la verdad, como hijo le agradezco su hombria de bien y que hoy despues de tanto dolor, pueda honrar la actitud que tuvo mi padre con usted. El teniente Guevara tenia 25 años en ese entonces, era un militar que iniciaba su carrera y que dentro de sus posibilidades, hizo lo mejor que pudo. Como hijo y tambien como padre, solo puedo decirle gracias!
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  5. Excelente entrevista. Tan emocioante como la nota del otro día, cuando declaró en el juicio. Grande Armando, muy grande.
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  6. Dauverne es un ejemplo de humildad y honestidad sin rencores. De cada dolor ha de aprenderse una lección y tener la capacidad de transmitir el aprendizaje como él lo hace cotidianamente es algo para reconocer.
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