La música de Don Bosco en Mendoza

Los archivos de música de la obra salesiana en nuestra provincia, aunque incompletos, son el testimonio de un rico proceso cultural de corta duración que se desarrolló desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX. El arte como herramienta de una importante obra de "ingeniería social".

Don Bosco.

La inmigración masiva italiana a la Argentina de fines el siglo XIX  impulsó a la congregación salesiana fundada por Don Bosco en Turín, capital del reino de Cerdeña y Piamonte en 1859, a intentar la misión evangelizadora como primer destino fuera de Italia, aún antes de haber instalado casas en ciudades del resto de la península.

En el territorio que hoy ocupa Italia, el problema de la niñez no había sido todavía abordado por las autoridades, ya que los acontecimientos políticos y militares derivados de la unificación del reino absorbían todas las preocupaciones.

Por otra parte, no se trataba sólo de un problema local. En toda Europa, en vías de industrialización, la falta de contención de los niños en los hogares de los obreros debido al trabajo de ambos padres, la carencia de viviendas adecuadas, el hacinamiento suburbano y los medios de vida denigrantes, las crisis agrarias y la falta de trabajo en el campo -que tradicionalmente cubrían las familias y por lo tanto contenían al niño- llevaron a una situación desesperante. Eran muchos millares los niños abandonados, sin escolarización y dejados a su suerte; la calle se convertía así en escuela de delincuencia y en la oportunidad para la explotación del trabajo y la prostitución infantil.

Don Juan Bosco se hizo cargo de esta situación con la creación del llamado “oratorio festivo”, especie de escuela dominical de catecismo y socialización, al estilo de los de San Felipe Neri fundados en Roma en 1556 en plena contrarreforma, al que invitaba los chicos que vagabundeaban en la calle.

Además de la formación religiosa, las actividades que se allí se desarrollaban  tuvieron en cuenta la dimensión educativa del juego, de la vida al aire libre y del deporte mediante el excursionismo y la gimnasia, además de la música y el teatro.

Ya desde la fundación del primer oratorio en Valdocco (Valle de Occidente, Turín) el 18 de diciembre de 1859, el canto formó parte de las actividades diarias además de la oración y de los juegos y diversiones.

En el siglo XIX, los salesianos, como otras órdenes, propiciaron una piedad más pública, visible y ostentosa, con la realización de peregrinaciones, procesiones y manifestaciones de fervor en las devociones marianas y a los santos, piedad originaria del sur de Europa, particularmente de Italia.

El antecedente directo fue la “piedad barroca” divulgada después del concilio de Trento, que, a pesar del tiempo transcurrido, se había mantenido en el campo, lejos de las ideas ilustradas de la ciudad. Las manifestaciones religiosas, provistas de cierta teatralidad, tuvieron como finalidad imponer a los feligreses la existencia palpable de una “iglesia triunfante” a lo que contribuía -en donde era posible ya que exigía gastos importantes- el fasto visual y el brillo que proporcionaban coros y conjuntos musicales.

Izquierda: Coro de niños ataviados con la vestimenta de la liturgia. Derecha: Banda de los Exploradores de Don Bosco de la ciudad de Mendoza (1925). Su director era el flaustista Salvador Terranova.

Los coros de Don Bosco, organizados en Italia con los jóvenes y niños de sus oratorios festivos, a poco andar, fueron requeridos por las iglesias de parroquias vecinas para solemnidades especiales por tratarse de los primeros coros de voces blancas que intervinieron en las iglesias italianas, cuyo canto, hasta ese momento, había estado a cargo de voces adultas. La sensibilidad popular asoció inmediatamente las voces blancas con los coros angelicales y la emoción que embargaba con facilidad al auditorio ante la presencia infantil, aumentó la popularidad de la obra musical y educativa de Don Bosco.

El comienzo modesto de esta empresa musical lo evidenciaba la clase de instrumentos de los que se valió para su tarea: al inicio, un organillo de manubrio cuyo cilindro contenía sólo algunos himnos, el Ave Maris Stella, las letanías de la Virgen y el Magnificat, lo que limitaba el repertorio. Poco después, logró adquirir un desvencijado órgano de tubos de madera, portativo, que tendría tal vez dos siglos de antigüedad, que acompañó las primeras actuaciones de sus jóvenes en localidades vecinas y con el que él mismo y algunos de sus muchachos se iniciaron en la práctica instrumental. Para acompañar los frecuentes desplazamientos a pueblos vecinos, se formó también una pequeña banda que con el tiempo llegó a ser una de las instituciones musicales más representativas y visibles de los salesianos.

Salesianos en Mendoza

La congregación salesiana fundada por Don Bosco se instaló en Argentina a partir de 1875 con la misión de atender a los barrios más poblados por italianos de Buenos Aires y de diferente extracción ideológica, como la Boca y Balvanera. Al poco tiempo se extendió a las provincias agrícolas vecinas de Santa Fe, Córdoba y norte de Buenos Aires que se conocerían como la “pampa gringa”. En todas las poblaciones en las que se instalaron, reprodujeron los métodos educativos y musicales que habían sido establecidos por el fundador, para lo que contaban con las publicaciones que la congregación imprimía en Turín en las propias escuelas de tipografía y calcografía para niños artesanos.

La llegada del ferrocarril a Mendoza en 1885, favoreció el traslado de contingentes de inmigrantes italianos hacia Cuyo que se establecieron, en primer lugar, en capital y departamentos vecinos como Godoy Cruz, Guaymallén y Las Heras, localidades que todavía contaban con terrenos incultos. Más tarde, al radicarse en los restantes departamentos, fueron ocupando las nuevas zonas con derecho de riego de los oasis mendocinos contribuyendo al crecimiento demográfico provincial y a la modificación del paisaje agrícola de Mendoza.

Los intereses de integrantes de la élite, influidos  por la doctrina social de la iglesia católica, permitieron el establecimiento de la congregación salesiana cuyas  primeras fundaciones en la ciudad de Mendoza fueron el oratorio festivo y Colegio Don Bosco. Del colegio de la capital dependieron la escuela agrícola y el oratorio de Rodeo del Medio instalados en terrenos y edificios donados por Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal. La segunda fundación fue la de las Hijas de María, rama femenina de la congregación, con su colegio, talleres para niñas y jóvenes y oratorio festivo, en capital y en Rodeo del Medio.

Aquiles Pedrolini y Lucía Barrionuevo Pescara de
Bombal.

En el colegio de la ciudad, pronto se organizaron coros y conjuntos teatrales  cuyas actuaciones trascendieron el ámbito privado. Las funciones teatrales públicas, que se realizaban con bastante regularidad en el salón de actos del colegio y casi siempre a beneficio de alguna obra religiosa propia o ajena, estaban a cargo del cuadro dramático de los ex alumnos desde la fecha de su organización en 1907.

A veces, las funciones se trasladaban a otros lugares, como los colegios de San Buenaventura de los franciscanos y Santo Tomás de Aquino de los dominicos, o a la parroquia de San José de Guaymallén, donde realizaron una serie de veladas teatrales pro-construcción del templo.

Siempre eran pagas, se proveía de un guardarropa para que “las señoras dejaran sus sombreros” y los programas estaban cuidadosamente impresos.

Suponemos también que estaban, bien equipados con telones y utilería, ya que era común que prestaran “gli atrezzi” a otras escuelas para sus representaciones. Se mencionan como destinatarias de estos préstamos a la Escuela Normal y la vecina escuela primaria Federico Moreno.

Se deduce, a través de los programas de las actuaciones, cuidadosamente conservados en la “Crónica de la Casa”, que las representaciones teatrales eran más apreciadas que las musicales o que por lo menos contaban con más aficionados, ya sea como actores o como público. Tal vez, aparentemente, resultaban más fáciles de montar que la preparación de coros y cantantes, ya que éstos exigen mayor dedicación y regularidad en el entrenamiento. 

Los programas de las funciones mantuvieron a lo largo de los años una misma estructura. Se iniciaban siempre con una ouverture musical, había intermedios a cargo de músicos y una marcha final.

A continuación reproducimos el programa de una “Velada Artístico – literario – musical” organizada por los ex alumnos el 31 de diciembre de 1915.
1º Au Pais Bleu. TAVAN. Ouverture por la orquesta bajo la dirección del Maestro Fermín Hita / 2º Biógrafo 2 películas / 3º Canzonetta (A. D. AMBROSSIO) por el violinista F[idel] Roig / 4º Fantasía “Caballería rusticana (sic)” (MASCAGNI) / 5º La Comedia dramática en 1 acto y en verso Flor tardía / 6º Rêverie (SCHUMANN) por el violinista Fidel Roig / 7º Biógrafo 2 películas / 8º Fantasía Fausto (GOUNOD) por la orquesta / 9º La comedia en 1 acto Funerales y danzas / 10º Biógrafo 2 películas / 11º Fantasía Rigoletto [VERDI] por la orquesta / 12º Cuadro vivo alegórico “La República y sus anhelos ante el 1916” original del Señor E. GELÓN. / 13º Marcha final por la orquesta.

Debo aclarar que habitualmente se denominaba orquesta a cualquier conjunto instrumental que pudiera reunirse para las funciones. De ninguna manera era un conjunto normalizado como lo entendemos hoy.

La iglesia María Auxiliadora en
construcción (1909).

La iglesia María Auxiliadora de Rodeo del Medio

La zona de pajonales y escasas viñas de Rodeo, de población criolla e inmigrante, se convirtió, en una experiencia única de fundación y organización de un pueblo alrededor de la obra inicial salesiana, un oratorio y una modesta capilla de los salesianos, con la incorporación, dos años después, de una escuela de enseñanza primaria con especialización en labores agrícolas.

La dirección de esta escuela de Rodeo del Medio, desde 1905 a cargo del sacerdote músico Aquiles Pedrolini durante cerca de 25 años, impusieron un carácter especial a la obra educativa y musical.

Instauró el culto mariano en la localidad  con la construcción de la nueva iglesia dedicada a María Auxiliadora y contribuyó al decoro de las funciones proveyendo la decoración plástica y la instalación de un órgano, la formación de coros de niños y adultos y una banda de música destinada a sostener las procesiones y actos educativos al aire libre.

Contaba también, para las prácticas litúrgicas –además del canto gregoriano tradicional de la iglesia- con el repertorio de la escuela de música sagrada de Regensburg, divulgado por toda Europa, y con las obras creadas por maestros de capillas de diferentes ciudades italianas adheridos al movimiento de renovación de la música de  iglesia iniciado en el siglo XIX. 

Más tarde, los compositores de la congregación, entre los que se contaban Juan Cagliero, Santiago Costamagna y Pedrolini, reprodujeron el repertorio proveniente de Turín, otorgándole nuevos significados de acuerdo a los requerimientos locales, para lo que debieron contar con las ejecuciones y representaciones realizadas por los conjuntos que habían creado.

A medida que la influencia de los compositores italianos se debilitaba -en parte por razones de idioma- adquirieron mayor influencia los autores españoles y argentinos, y también compositores laicos y religiosos, que sin pertenecer a la congregación, aparecían comprometidos con las intenciones e ideales educativos de los salesianos.

En Rodeo del Medio, Pedrolini construyó prácticamente todo, desde las oportunidades de comunicación a los medios de ejecución, coreutas, actores e instrumentistas-ya se tratase de funciones en la iglesia, actos en el patio de la escuela o representaciones en el teatro- escandidas a intervalos predecibles del año litúrgico y del calendario patriótico.

El templo en construcción y la casa de Rufino Ortega
en 1908.

Además, contribuyó a la construcción de un “público” de feligreses y de familias de escolares que participaron y apreciaron este esfuerzo comunicativo, legitimado, en parte, por el prestigio de la iglesia y el que había conquistado la congregación local gracias a su actuación positiva en favor de la población de un apartado y olvidado medio rural.

Se realizaba así, una importante obra de “ingeniería social”, de la mano de una personalidad multifacética y gestora de la iglesia, que permitía la instalación de una manera de sentir, de pensar y de exteriorizar la religión de cuño mediterráneo europeo, en un medio que apoyaba y disfrutaba del esfuerzo artístico realizado.

Otro de sus objetivos fue la aplicación cabal de los recursos musicales y teatrales, ya probados por la congregación en Italia y en Buenos Aires, en las actividades formativas y recreativas de la escuela y luego de la comunidad toda. Para lograrlo contó con gran cantidad de música y textos teatrales morales y recreativos que provenían de las litografías salesianas de Turín y de otras casas salesianas, especialmente de España.

Para el logro de este fin formativo, el P. Pedrolini compuso toda la música que le fue necesaria para las más diversas oportunidades de la vida local de los estudiantes, internos y externos, ex alumnos de la escuela y de las niñas del  Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

Extendió también sus iniciativas al resto de la sociedad y estimuló el remate de lotes alrededor del santuario, de propiedad del general Rufino Ortega, con la finalidad de nuclear en un pueblo a la población dispersa y organizar actividades de socialización para una población en gran parte analfabeta y sin contactos urbanos.  Al mismo tiempo, amplió el radio de acción de las instituciones salesianas a localidades vecinas, llegando posteriormente a zonas bastante alejadas, sobre todo cuando contó con la rebajas de pasajes del ferrocarril para alumnos y peregrinos.

La práctica de la música litúrgica implicaba, como hemos visto, contar con los medios necesarios para poder ejecutarla, es decir la organización y formación de los coros infantiles y de adultos y la provisión de música instrumental adecuada a las prescripciones de la iglesia.

Procesión por las calles del pueblo.

Los coros de niños

La escolanía, significaba el resurgimiento de la tradición de los coros de niños que durante el siglo XIX, al incorporarse las mujeres a los coros de iglesia, los hicieron prácticamente desaparecer.

Estos conjuntos de voces escogidas y formación vocal y musical acorde, se dedicó al canto gregoriano como lenguaje musical propio y preferencial de la iglesia y al canto armónico o polifónico propuesto por la reforma de la música sagrada, definitivamente sancionada en 1903 por el papa Pío X.

En el colegio de Bernal, en la provincia de Buenos Aires, donde funcionó el centro musical salesiano, las clases de canto eran colectivas empleando el método “simultáneo”, nombre con el cual se conocía la enseñanza a varias personas a la vez. Según Don Bosco, los profesionales de la música de su época, se admiraban del resultado de sus clases colectivas por la correcta afinación y la práctica de la emisión “de cabeza” en los niños sin provocarles fatiga vocal. Este método permitió la preparación vocal y el mejor rendimiento en los coros en un tiempo más corto, ya que el período activo de los niños generalmente es de pocos años previos a la muda de la voz en la pubertad.

La música religiosa, sobre todo con la participación de los coros, fue uno de los medios de que se valieron los salesianos para conquistar devotos ya que, bien pronto, las iglesias de la congregación en Buenos Aires se distinguieron por la cantidad de fieles que concurrían atraídos por la brillantez de la liturgia. En la primera etapa, las funciones se acompañaban con instrumentos de orquesta y algunos de banda puesto que el estilo de los primeros cantos de los músicos salesianos se aproximaba más a la música de salón, de fácil comprensión para los fieles, que al estilo de composición más severo que impuso la iglesia en 1903.

El iniciador de este movimiento musical en Buenos Aires fue Costamagna, aunque fue Pedrolini quién logró perfeccionar la obra con ejecuciones musicales más exigentes dentro del repertorio sacro. La labor de aplicación de los modelos musicales sacros, de acuerdo a las prescripciones papales, fue una innovación de trascendencia en Buenos Aires y en Mendoza. Son pocas, hasta ahora, las noticias que se tienen de lo que se cantaba en las iglesias y conventos mendocinos, aunque se conocen críticas de los salesianos al respecto.

A los coros de voces blancas se sumaron más tarde los coros de jóvenes de los centros de ex alumnos y de la sección de enólogos de la escuela de Rodeo del Medio que permitieron la ampliación del registro, y por lo tanto, el acceso a obras de mayor complejidad y exigencia artística.

Pedrolini era también organista y la colocación del órgano -reconocido por la iglesia como el instrumento sacro por excelencia- permitió añadir un elemento apropiado a las funciones litúrgicas en el santuario. Aún hoy, es reconocido como el segundo órgano en calidad después del de la Basílica de San Francisco en Mendoza.

La escolanía de niños, cumplió otra función social importante al proveer de espectáculos musicales y funciones vocales a las “veladas literario-dramático-musicales” destinadas a los alumnos de la escuela y a la feligresía de parroquias, misiones y departamentos vecinos para realzar festejos cívicos y patronales. Estas actuaciones insumieron a Pedrolini un intenso trabajo de composición para adaptarse a los festejos específicos.

Una de las preocupaciones del fundador de los salesianos había sido estimular el patriotismo en los niños y jóvenes. Si bien en Italia, esa necesidad respondía a factores muy diferentes -la unificación de Italia y la afirmación de un idioma común- las intenciones de las autoridades argentinas eran semejantes. Entre sus obras para escolares, se cuentan varias cuya finalidad era cultivar el sentimiento patriótico mediante el culto a los próceres, especialmente Belgrano y San Martín, el honor y valentía del soldado argentino y el amor por la nacionalidad. Se adecuó así a los propósitos, tanto de las autoridades educativas como de la iglesia católica, de “argentinizar” el país, “amenazado” por la inmigración masiva y el carácter pluricultural que estaba adquiriendo.

Ha sido unánime el reconocimiento del valor funcional de su música escolar y popular y su capacidad de adecuación a las posibilidades de los niños en edad escolar. Éstos podían así disfrutar de una música que no les planteaba excesivas exigencias vocales al lograr el máximo de efecto con un mínimo de recursos, adaptada a la cultura local y pasible de modificaciones según los conjuntos infantiles que le tocaban en suerte.

Las bandas de música

La banda, desde el punto de vista de su organización con instrumentistas de viento y percusión coordinados, proporcionó a los alumnos de la escuela un aspecto formativo semejante al de los coros que los salesianos aprovecharon. Creaban, además, clima festivo, dentro y fuera de la institución, y el adecuado acompañamiento a exhibiciones gimnásticas y cánticos en las procesiones al aire libre.  El 27 de mayo de 1906, en la fiesta en honor de María Auxiliadora, la banda de música organizada por Pedrolini se escuchó por primera vez en el pueblo con gran admiración y entusiasmo popular.

La banda de música de Rodeo del Medio en 1907.

En una fotografía, probablemente de los primeros años de la existencia de esta primera y reducida banda, aunque anterior a 1910, sólo aparecen diez y ocho ejecutantes con la siguiente formación instrumental: tres clarinetes en si b; un pistón en si b; un fliscornio soprano en si b; dos bombardinos en si b; tres genis en mi b; un trombón en si b; dos tubas “margarita”; bombo, platillo, triángulo y redoblante.


Otro aspecto que cubrió la actividad de los salesianos fue la asistencia religiosa a la gente de la villa y lugares aledaños mediante “misiones” durante las cuales, además de catequesis, administraban bautizos, confirmaciones de la fe y matrimonios. Estas misiones volantes fue el método que más emplearon los salesianos en todo el país; las reducciones de indígenas,  sólo las organizaron con los onas en Tierra del Fuego.

Las misiones se combinaban también con las vacaciones de los niños de la escuela que colaboraban en las atracciones musicales y teatrales. Una de estas misiones se trasladó en ferrocarril en 1911 a las estancias de los Bombal, en Ancón y Las Carreras, Tupungato. Desde un cerro, la banda que la acompañaba, con músicas y clarinadas, convocaba a concurrir a la misión a los lugareños desperdigados por el valle en casas alejadas u ocupados en las labores del campo .

La congregación proveyó también desde los inicios a la formación musical de alumnas y artesanas, aunque no son muy detalladas las noticias de la época sobre la actividad musical que allí se desarrollaba. Sin embargo, se sabe que en 1921 se creó un “Instituto Musical María Auxiliadora” en Buenos Aires, cuyas filiales funcionaban en las restantes casas del país y donde se enseñaba canto, piano, solfeo, armonía y contrapunto.

Procesión de las jóvenes y niñas de María Auxiliadora
por las calles de Rodeo del Medio.

Por la música y el alma

La actividad musical de los salesianos -tanto en la ciudad de Mendoza como en Rodeo- fue tal vez única en la provincia, puesto que sus finalidades educativas y religiosas permitieron proveer de organizaciones corales e instrumentales y de enseñanza musical elemental a un grupo de estudiantes y artesanos de escasos recursos a quienes les estaba vedado, por la distancia y el costo de las clases, el servicio prestado por los conservatorios privados de la capital.

Uno de los acontecimientos importantes que afianzaron la banda, fue la participación en los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo de 1910 en Buenos Aires. Constituida ya por treinta músicos, precedieron a las presentaciones de los batallones escolares de las provincias de San Juan, Mendoza y San Luís que viajaron a la capital; acompañaron exhibiciones gimnásticas, misas de campaña y desfiles en el amplio estadio de la “Sociedad Sportiva Argentina” de Palermo actuando junto a las bandas del Segundo y Tercer Cuerpo de Infantería. La participación se completó con conciertos en diferentes casas salesianas de la ciudad y provincia de Buenos Aires.

Otra muestra de la participación salesiana en los festejos cívico-religiosos de la ciudad fue la composición de Pedrolini de la zarzuela Fe y Heroísmo. Una versión lleva por título: Fe y heroísmo /  Melodrama en dos actos / Homenaje de la Obra de Don Bosco a la Virgen [del Carmen] de Cuyo con motivo de su solemne coronación. Letra del Señor Pablo Ardizzone SS / Música del Maestro Aquiles Pedrolini SS.

La fecha de estreno fue el 9 de septiembre de 1911 en el salón del colegio franciscano de San Buenaventura de la ciudad de Mendoza. En esta versión se advertía que en el libreto que se distribuía al público, sólo se habían publicado los textos acompañados de música, aduciendo que la limitación se debía a que las partes sólo habladas se entendían fácilmente y no era necesaria su divulgación. A pesar de la denominación melodrama, que corrientemente en el siglo XIX designaba a la ópera italiana, la estructura de la obra es la de una zarzuela con partes habladas y otras cantadas por solistas y coros.

Existe otra versión que es una adaptación del mismo melodrama al centenario del Paso de los Andes realizada en 1917. En la portada se lee: “Fe y heroísmo / melodrama histórico en ocasión del centenario del ‘Paso de Los Andes / 1817-1917 / Letra […]. Fue ejecutado por la Schola Cantorum de Bernal [provincia de Buenos Aires], bajo la dirección del Maestro Malvagni, Director de la Banda Municipal de la Capital [Federal] […] en el Teatro del Círculo de Obreros, Junín 1063, el 5 de enero de 1917”.

Después de la muerte de Pedrolini el cultivo de la música siguió en Rodeo del Medio, a cargo de otros maestros salesianos, aunque el lugar que ocupa en las noticias de sus publicaciones es menor y menos detallado. La obra musical en la periférica villa de Rodeo del Medio se diluyó por diversas causas, una de ellas, tal vez sea la fuerte dedicación de la escuela a potenciar la enseñanza vitivinícola. Las obras de la congregación siempre carecieron de personal salesiano suficiente y tal vez no pudieron enfrentarlo todo.

Otras de las causas, pudo haber sido que ya no se mantenía la situación excepcional que significó la larga permanencia en Rodeo, debida a sus enfermedades crónicas, del músico Pedrolini lo que permitió sostener en el tiempo una obra de largo aliento y de fragilidad permanente como es la formación de coros de niños. Pero por otro lado, no fue lo suficientemente larga como para establecer una verdadera tradición musical que a su muerte fuera reclamada y sostenida por la comunidad de Rodeo.

También puede haber influido la situación en que quedó la iglesia argentina después de los acontecimientos que culminaron en 1955 con la quema y saqueo de la iglesias -en las que la música se fue suprimiendo de a poco hasta prácticamente desaparecer- y los cambios en la liturgia de la iglesia católica emprendidos desde 1954 en Europa y que constituyeron el llamado “Movimiento litúrgico” bajo el papado de Pío XII y que culminaron en el Concilio Vaticano II de 1962.

O tal vez, tan sólo se trate del desconocimiento del público urbano y del periodismo de la capital de las actividades corales de los salesianos en la zona rural de Rodeo del Medio y de sus esporádicas actuaciones en la ciudad capital, por otra parte muy acotadas a funciones en iglesias y colegios, con poca divulgación masiva y apenas registrada por la historia de la música de Mendoza lo que contribuyó a su olvido.

*La autora de esta nota es Profesora Consulta de la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo y Miembro Honorario de la Asociación Argentina de Musicología.

** Las fotografías que están en la nota pertenecen a la Escuela de Vitivinicultura Don Bosco de Rodeo del Medio.

Opiniones (3)
10 de Diciembre de 2016|12:19
4
ERROR
10 de Diciembre de 2016|12:19
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Fíjense que interesante: "el arte como herramienta de una importante obra de ingeniería social" Me parece que nuestros niños y adolescentes no necesitan tantas horas de clase de Lengua o de Matemáticas (materias muy importantes, no lo pongo en dudas) sino un poco más de espacios artísticos donde puedan expresarse libremente, mostrar sus habilidades, hablar, reir, cantar, interpretar música, construir instrumentos sencillos, crear, dejar volar su imaginación. Cuenta la historia que cuando Don Bosco conoce a Bartolomé Garelli le preguntó si había asistido a Misa, si sabía leer, escribir... Bartolomé responde a todo que no (era un pobre niño, huérfano, que se ganaba la vida como albañil) Entonces Don Bosco e pregunta ¿sabes silbar? Bartolomé dice que sí y así comienza una amistad que durará toda la vida. Como dice la nota: la dimensión educativa del juego, de la vida al aire libre, la práctica de deportes, del arte, son fundamentales para el desarrollo integral de la persona humana. Los invito a leer sobre la pedagogía salesiana y, sobre todo a los docentes, ponerla en práctica.
    3
  2. Soy docente con 30 años de servicio en Rodeo del Medio, al amparo de Nuestra Madre, la Auxiliadora de los cristianos. Mis hijos son ex-alumnos de la Escuela Vitivinícola Don Bosco La nota es emocionante como lo es la vida de Don Bosco y la de sus salesianos (los de antes y los de ahora) ¡Qué dedicación, qué devoción la de estos religiosos hacia los niños y jóvenes! Lo mismo que las Hermanas de Ma Auxiliadora! Trabajar en Rodeo es sentirse como un pequeñísimo eslabón de la cadena que creó Don Bosco, pensando en una vida mejor para los jóvenes. Uno puede percibir el espíritu del padre de la congregación, como si nos observara, instándonos a continuar su obra. Gracias, muchas gracias por esta nota.
    2
  3. Excelente la nota. Se pueden ver más fotografías y también la historia de Rodeo en www.youtube.com./watch?v=6QPd5NBxg4M Fué elaborado en 2007, es algo más extenso pero está resumido para youtube,
    1
En Imágenes
15 fotos de la selección del año de National Geographic
8 de Diciembre de 2016
15 fotos de la selección del año de National Geographic