En Mendoza, ciencia para todos

El LISAMEN (Laboratorio de Investigaciones y Servicios Ambientales Mendoza) cuenta con un equipo multidisplinario de científicos que realizan servicios de análisis complejos para empresas ligadas a la vitivinicultura y la industria y para particulares.

Pocos mendocinos saben que nuestra provincia cuenta con uno de los laboratorios multidisciplinario más importantes y mejor equipados del país dedicado no sólo a investigación sino también a prestar servicios a la comunidad.

El LISAMEN (Laboratorio de Investigaciones y Servicios Ambientales Mendoza) depende del del CONICET  y funciona en el CCT (Centro Científico y Tecnológico de Mendoza, ex CRICYT) y fue inaugurado en marzo de 2006.

Bajo la dirección de Gustavo Lascalea, el laboratorio trabaja en áreas vinculadas a las especialidades de los científicos y profesionales que desarrollan labores en él, graduados y posgraduados en química analítica, en ciencia y tecnología de los alimentos, en bromatología y bioquímica.

Lascalea, Licenciado en Química, especializado en Química Biológica, destaca que “el objetivo primario es promover un ámbito propicio para el desarrollo de actividades científicas y tecnológicas y fortalecer la transferencia de conocimientos en ciencia y tecnología  al resto de la comunidad no sólo de Mendoza sino también al resto del país”.

El laboratorio tiene múltiples intereses y abarca numerosas áreas que son de interés no sólo en la región sino de otras provincias argentinas, así como también de países vecinos e inclusive su radio de acción se extiende hasta México, desde donde se recibieron requirimientos recientes de asesoramiento ambiental.

“El LISAMEN se inició como un laboratorio para el área de la química analítica aplicada bastante orientado a la industria vitivinícola y olivícola y a los estudios de aguas y otros ambientes, pero ya nos hemos convertido en un laboratorio de análisis, investigación y servicios ambientales”, apunta Lascalea, también doctor en Ciencia y Tecnología de los Materiales.

El especialista señala que “tenemos el potencial de realizar monitoreos ambientales, control de efluentes, y en análisis de aguas se las puede estudiar de diferentes fuentes, ya sean superficiales o de napas freáticas, aguas minerales, análisis de potabilidad,  etcétera. También se han realizado estudios de suelos alterados antrópicamente, por ejemplo, analizando  hidrocarburos totales en tierras de zonas petroleras para los interesados en el impacto de esa explotación industrial. Se pueden encarar estudios de la atmósfera, calidad del aire, nivel de ruido en diferentes zonas y también asesoramos al CCT en temas de higiene y seguridad laboral participando del Comité de Calidad, Higiene y Seguridad Laboral de este centro”.

“En realidad en LISAMEN tenemos suficiente potencial para trabajar en prácticamente todas las áreas de la química (general, inorgánica, orgánica, analítica pura y aplicada y biológica) aunque las químicas no agotan nuestras posibilidades, así, otras áreas de la ciencia y la tecnología como alimentos y materiales nanoestructurados están entre las pertinentes de este laboratorio y hay suficiente bibliografía propia que respalda esta pertinencia y actividad”, puntualiza el experto.

Es interesante destacar que el área investigación en materiales nanoestructurados formó parte de las actividades del LISAMEN desde un comienzo, posicionando a Mendoza como una provincia que cuenta con expertos en nanotecnología que provienen de una escuela con más de 15 años de experiencia.

Ciencia al servicio de todos

Respecto de la demanda servicios específicos por parte de la comunidad, Lascalea detalla que “en la industria vitivinícola, por ejemplo, quienes se dedican a la parte del laboratorio no son necesariamente químicos. Hay enólogos, técnicos e ingenieros químicos y agrónomos cuya experiencia en química puede llegar hasta un punto aceptable. Pero llegan hasta un punto y cuando se les presenta algún problema que los excede, pueden requerir del LISAMEN como un instrumento para realizar estudios específicos, que no puedan ser realizados en sus propios laboratorios, aprovechando, especialmente, el equipamiento y la experiencia existente en él”.

“También nos demandan para detectar qué sustancias químicas hay en vinos y en otros productos alimenticios. Muchas veces nos piden la determinación de algunos analitos especiales, como aditivos que deben estar controlados. La a industria vitivinícola ha necesitado monitorear algunos analitos especiales, por ejemplo el de la netamicina que tanto dio que hablar hace unos meses, porque es un aditivo no permitido tanto en Argentina como en la Comunidad Europea. Cuando surgió este problema tuvimos una fuerte demanda para la detección de este analito que requiere de técnicas e instrumental especial para su detección”.

Con orgullo el director del LISAMEN, subraya que el laboratorio cuenta “con instrumentales que son un lujo para la provincia. Encontrarlos todos juntos en un solo laboratorio es admirable”, y detalla una serie de  instrumentos de menor complejidad “para determinaciones muy directas y útiles”, y otros de mayor complejidad que “permiten un nivel de sofisticación analítica que nos posiciona muy bien a escala nacional y global”.

¿Qué hay en el agua?

Respecto de los estudios de aguas hay una importante demanda de empresas, industrias y particulares que necesitan realizar estudios de potabilidad de sus zonas de establecimiento, de sus domicilios o de sus pozos.

“Estamos en condiciones de hacer un análisis fisicoquímico con todos los parámetros usuales y requeridos. En particular, respecto al análisis del nivel de mercurio en aguas, hay que destacar que en ciertas áreas de la provincia  hay mucho mercurio de origen natural que puede contaminar napas y otras fuentes de agua y que debería ser objeto de un estudio serio al respecto. Creo que, de la misma manera, se debería realizar en toda la provincia un estudio sistemático de los niveles de arsénico en agua, tal como se ha hecho en la provincia de Buenos Aires”, argumenta Lascalea.

Al respecto de la presencia de mercurio en el agua corriente hace unos meses, el químico opina que “la reacción de la gente fue notable, hubo pánico y concurrieron masivamente al supermercado para arrasar con las botellas de agua mineral, cosa que me dejó atónito: aquello fue una clara muestra de desconfianza y de sálvese quien pueda ante dudas no siempre justificadas sobre si se hacen los controles debidos para garantizar la calidad del agua que bebe la población, de manera de que se pueda responder rápidamente ante una emergencia de contaminación antrópica como esta”.

“Creo que los estudios sobre metales pesados en el agua corriente, potable, no pueden hacerse sobre bases de imprevisión. Así, salir corriendo, tomar una muestra y preguntarse si en 24 horas se puede afirmar taxativamente si hay o no mercurio en cantidades perjudiciales para el consumo humano, no es la manera de encarar esta problemática. Eso no es un enfoque realista porque no contempla los tiempos necesarios para un análisis lo suficientemente sistemático y fiable estadísticamente”, destaca Lascalea.

Para el científico, “en esos casos y en general, hay que hacer un muestreo muy bien hecho, ya que para cualquier servicio o evaluación basados en la química analítica, es crucial una correcta toma y preparación de las muestras. Es frecuente que un usuario traiga una muestra y debemos informarle que el análisis que requiere no es factible porque la ha tomado mal: en malas condiciones de higiene, en recipientes inadecuados o no manteniendo las condiciones de preservación durante el transporte, lo que invalida su análisis. La toma de una muestra analíticamente significativa de agua se realiza siguiendo procedimientos determinados estrictamente y, salvo casos muy particulares, tiene que ser hecha por un especialista”, subraya.

Estudios ambientales y de alimentos

En cuanto al servicio de análisis ambientales, Lascalea cuenta que “a pedido de industrias locales hemos hecho estudios de ruido ambiental y de contaminación de efluentes. No hemos hecho aún, aunque estamos en condiciones de realizarlos, estudios de radioactividad natural. En Mendoza hay zonas extendidas que es seguro que presentan niveles altos de radioactividad natural, sobre todo en San Rafael y, probablemente, Malargüe”.

Quienes solicitan los servicios del LISAMEN son en su mayoría particulares, empresas o investigadores del CONICET, en especial del CCT Mendoza. “No es muy frecuente que de alguna dependencia del Estado nos llegue el requerimiento de algún estudio analítico, lo que me parece curioso” señala Lascalea.

Respecto de investigaciones sobre alimentos, “la mayor demanda local proviene de la industria vitivinícola y agrícola en general: Se han realizado estudios de estabilidad de diferentes productos alimenticios, como por ejemplo, cómo pierde estabilidad un tipo de sal especial bajo determinadas condiciones de temperatura y humedad durante su transporte, se analizan componentes específicos como el contenido de fibra, o el tenor de proteínas en diferentes alimentos. Podemos hacer estudios y desarrollos suficientemente complejos en el área de alimentos como para transferir tecnología y conocimiento a las empresas interesadas”, destaca el científico.

A propósito del tema, Lascalea cuenta que “hemos recibido propuestas para dar cursos para la industria y otras instituciones sobre higiene y seguridad laboral en los laboratorios. Se están estudiando esas iniciativas para enmarcarlas en la normativa de Servicios Tecnológicos de Alto Nivel (STAN) del CONICET. De hecho se nos manifestó este interés por parte de sectores de la industria en Mendoza por lo que nos gustaría que fuera posible transferir estos conocimientos a sus técnicos”.

Cómo llegar al LISAMEN

Para solicitar los servicios de este laboratorio, su director cuenta que “la gente en general llega por recomendación, por la difusión de individual por quienes han utilizado nuestros servicios. También, llegan a nosotros a través de la página de internet”.

Los servicios a terceros son rentados, ya que, entre otras razones, el LISAMEN debe generar recursos propios para pagar el préstamo FONTAR a partir del cual ese laboratorio fue establecido. “Estamos actualizando la operatoria para ofrecer los servicios del LISAMEN bajo la normativa STAN. En general el laboratorio recibe requerimientos de tres categorías de clientes: los científicos del CONICET que contratan nuestros servicios para análisis especiales de acuerdo a los requerimientos de sus investigaciones; funcionarios de la Universidad o del Gobierno, es decir de otras instituciones oficiales; y las industrias, empresas y particulares que presentan requerimientos  específicos”, explica Lascalea.

“En cada caso se evalúa la factibilidad del requerimiento presentado, se hace un concienzudo costeo y se arriba a un presupuesto consolidado que se pone a disposición del cliente, a partir del cual, una vez aceptado se realiza un contrato que, una vez firmado por el cliente, habilita el comienzo del servicio. Todo servicio finaliza, luego del pago cancelatorio correspondiente, con la entrega de un Informe Final de Servicio al cliente”, detalla el director del LISAMEN.

Los precios son competitivos en el mercado pertinente. “Además, este laboratorio tiene el valor agregado de ser del CCT MENDOZA y del CONICET con el prestigio científico a nivel provincial, nacional e internacional inherente a estas instituciones, sumado al de sus integrantes”, destaca Lascalea.

Patricia Rodón
¿Qué te pareció la nota?
No me gustó7/10
Opiniones (1)
4 de Diciembre de 2016|09:41
2
ERROR
4 de Diciembre de 2016|09:41
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. La nota sobre el LISAMEN quedó muy completa. Ojo que parece que se deslizó un error al desgrabar, no es "netamicina" sino "natamicina". Saludos. Gustavo.
    1
En Imágenes
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
28 de Noviembre de 2016
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016