Deportes

Contador, un campeón habituado a las controversias

El defensor del título y líder del Tour de France, tiene una historia de actitudes cuestionadas. Ayer recibió silbidos por haber aprovechado el infortunio mecánico de su rival Andy Schleck.

Cada deporte tiene sus normas de conducta. Escritas o tácitas. En el automovilismo, por caso, aprovechar una falla mecánica ajena es harto común y no criticable; hasta títulos de Fórmula 1 se definieron así. En el ciclismo, nada prohíbe tomar ventaja de ello, pero... está mal visto. 

Alberto Contador, bicampeón del Tour de Francia, recibió silbidos del público ayer, en el podio de la 16» etapa. El día anterior había acelerado para usufructuar un infortunio de su gran rival Andy Schleck con los cambios y la cadena. Y así asaltó la cima. Pero cayó mal su actitud. "No me habría gustado ganar la camiseta amarilla [de líder de la carrera] de ese modo", deslizó anteayer el luxemburgués. Que al día siguiente tuvo un comportamiento noble. "Paren de silbar a Contador. Háganlo por mí", rogó a la gente. 

Contador y Schleck habían hecho las paces con un fuerte apretón de manos durante el tramo de ayer, de 199,5 kilómetros entre Bagnères-de-Luchon y Pau. En un comunicado, el español dejó nítida su postura: "Tal vez me equivoqué, lo lamento. Es algo que no me agrada. Para mí el juego limpio es muy importante". 

Sin embargo, no es el juego limpio lo que destacarían varios colegas, tanto compañeros como adversarios, en el español. El año último se impuso en un Tour muy álgido, muy polémico para él. Su éxito no acalló las sospechas ni las críticas. Las suspicacias obedecieron a una fuerte presunción de doping, nunca del todo aventada, aunque la confirmación de su victoria haya cerrado oficialmente el tema. No fue suficiente para la prensa, que insistió en que las cosas no habían sido del todo claras. Un antecedente lo desfavorecía: la Operación Puerto, que dispuso espectaculares allanamientos en 2006 y derivó en la quita del título al estadounidense Floyd Landis (en beneficio del español Oscar Pereiro), rozó a Contador, pero éste finalmente quedó a salvo. También generó desconfianza cuando se desplomó en la Vuelta de Asturias de 2004 y fue operado de urgencia en la cabeza, aunque se arguyó un mal hereditario. 

Y las críticas de 2009 surgieron de su propio equipo, Astana. Lo compartió con el siete veces monarca Lance Armstrong y las cosas fueron mal ya desde antes de la carrera. La escuadra no quería que Contador fuera el ciclista Nº 1, pero el ibérico le faltó el respeto al texano. "Nadie tenía instrucciones específicas de atacar", se enojó el director de la escudería, Johan Bruyneel. Claro que el enfado fue menor que el del propio Armstrong: "Yo, en su lugar, dejaría de hablar tonterías y empezaría a dar las gracias al equipo. Sin él no habría ganado", fustigó a Contador, que se marchó a otra estructura. 

Ahora está el incidente con Schleck. Aun disculpas mediante, ya quedó archivado en su lista de polémicas. 

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